La aproximación a las posibles líneas de investigación filosófica en la República Dominicana, que hago desde mi condición de Director Honorífico del instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, es un esfuerzo tendente a sugerir ideas que permitan pensar la misión de la investigación filosófica en el marco institucional universitario.

 

El quehacer filosófico responde siempre a determinada concepción del mundo que orienta la actividad reflexiva de producción de ideas. Toda misión filosófica se asume desde una o varias definiciones de filosofía. En este momento de construcción de espacios institucionales que hagan posible la creatividad y la criticidad en el seno de la universidad, la tarea de la filosofía es verse a sí misma desde la diversidad de las concepciones del mundo. Pues, vivimos el tiempo de la apertura y del diálogo, donde el pluralismo de las visiones de mundo podría ser la mirada más provechosa para articular las políticas y las líneas de investigación.

 

La primera línea orientadora de la investigación y desarrollo del pensamiento filosófico dominicano se refiere a la necesidad impostergable de asumir al instituto de Investigaciones Filosóficas como uno de los

 

ejes aglutinadores de las políticas, de programas, proyectos y acciones del quehacer filosófico dominicano.

 

Propongo, pues, una visión pluralista, que desde la diversidad de definiciones de filosofía del presente, abra la posibilidad de compartir las diferentes tradiciones del pensamiento, que recoja los mejores resultados de cada programa de investigación y que permita la integración, desde una nueva visión, acorde con el espíritu de la época, de las energías creadoras del filósofo dominicano.

 

El papel de vanguardia del Instituto es necesario para insertar el pensamiento dominicano en el concierto de las ideas filosóficas del mundo de hoy. Desde este Centro y desde cualquier otro que pudiera surgir en los próximos años, se trabajará arduamente en la búsqueda de los caracteres que conforman la identidad del hombre iberoamericano, se propiciará una reflexión profunda en torno a las raíces del espíritu del hombre que habita el territorio cultural de iberoamérica; claro está, desde el esfuerzo primero por establecer el ethos del aquel sujeto histórico que sigue la tradición, la herencia cultural de lo que ha venido a ser la dominicanidad. El gran reto es la construcción del perfil filosófico de sí mismo, que sirva de espejo de lo que somos y de flecha de lo que podríamos ser en el universo cultural humano.

 

El deslinde de los territorios de la sistemática filosófica heredada constituye la segunda línea de la visión estratégica. La definición de los campos de investigación tiene que responder a las prioridades que establezca la comunidad de investigadores.

 

Se requiere de cada investigador un esfuerzo serio que tienda a la apertura de un conjunto de cuestionamiento a la tradición filosófica y que sea capaz de la formulación de preguntas como las siguientes:

 

  • ¿Qué es lo primero que se debe investigar?

 

¿Cuál es la naturaleza e importancia de las temáticas?

 

Catedrático del Departamiento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Es una de las promesas de la generación filosófica de los ochenta.

¿Cuáles son las demandas más urgentes que desde la cultura dominicana llegan como envío impostergable a los espacios donde se toma la decisión de búsqueda de respuestas a los problemas filosóficos?

 

¿Cómo ayudar al dominicano a elevar la capacidad de pensar?

 

Creo que el gran reto de todo investigador de los problemas filosóficos es la clarificación de la condición existencial dominicana que obstaculiza la formación del «carácter previsivo», que según José Ramón López consiste en lo siguiente:

 

«Un carácter previsivo es don de hombres que no tan sólo tengan capacidad de pensar bien, sino además aspiraciones definidas y el deseo vehemente de realizarlas» (José Ramón López, «La Alimentación y Las Razas». Ediciones Casa Weber. Santo Domingo, segunda edición, 1993, capítulo VII).

 

y ¿Qué puede aportar la investigación filosófica al proceso de conformación de un espíritu lleno de vigor de conocimiento? Esa es la pregunta que marca la contribución del pensamiento filosófico a la difícil y compleja tarea de elevar la capacidad de pensar del dominicano. Su respuesta es un grano de arena de la edificación de la casa común que buscará producir, además, un ciudadano que la habite guiado por un espíritu que articule armoniosamente el entendimiento y la voluntad en torno a un ideal de convivencia civilizada.

 

La tercera línea de investigación filosófica que tiene que ver con la configuración del perfil prefesional del filósofo. propongo

 

¿Qué profesional de la filosofía se ha estado formando en las aulas universitarias? ¿Cuál es la competencia que demanda el país a todo aquel que le sirve desde el digno oficio de profesional de la filosofía? Quizás las respuestas podrán ser encontradas si apostamos la materialización de los objetivos fundamentales del Instituto de Investigaciones Filosóficas. Permítame pues, presentar ante este Primer Congreso Dominicano de Filosofía, los objetivos que orientan la investigación filosófica desde la mirada al artículo 1 del Proyecto de Reglamento Interno del Instituto de Investigaciones Filosóficas, a saber:

 

  1. a) Organizar, promover y desarrollar amplias

 

líneas de investigación en el campo de la filosofía, que contribuyan con el avance académico y científico de dicho campo, en sus distintas vertientes, y que enriquezcan con su proyección práctica y su dimensión teórica el saber universal y la intelección de nuestra propia formación cultural, histórica y social en el contexto del subdesarrollo y de la América Latina de hoy.

 

  1. b) Impulsar proyectos de investigación, acorde a´ una estrategia de prioridad en el área específica del saber filosófico, realizados por profesores de la universidad como por intelectuales de relieve y proyección en la sociedad dominicana, básicamente con carácter colectivo e interdisciplinario.

 

  1. c) Promover el cuarto nivel de la enseñanza tendente a la formación de investigadores en el área filosófica y socio-humanística.

 

Si se me preguntara la opinión respecto a la significación histórica de la implantación del Instituto como órgano responsable de la investigación filosófica en el espacio triangular de las funciones unversitarias de docencia, investigación y extensión, respondería lo siguiente: la presencia del Instituto en la vida institucional universitaria fijará un antes y un después de la historia de las ideas filosóficas producidas en el seno de la Universidad Autónoma de Santo Dominigo.

 

Si la Universidad es el gran taller de producción de conocimientos, pues, los filósofos son el grupo académico portador de la masa crítica que une a la comunidad universitaria en torno a la misión académica, que en nuestro caso, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la enuncia en su Estatuto Orgánico, orientada hacia la «búsqueda de la verdad, la proyección del porvenir de la sociedad dominicana y el afianzamiento de los auténticos valores de ésta».

 

Por último, el trazado de las líneas de investigación filosófica, tendrá siempre de norte el desarrollo del grado filosófico de saber, tercero y último, situado desde Platón, después del sensible y el racional, pero primero en aquellos países que toman en serio la cultura cognoscitiva y apuestan al conocimento como principal recurso en la competencia mundial. Sólo los pueblos guiados por la diosa Minerva se han elevado a la inmortalidad que recrea la historia universal del hombre.