Dr. Alejandro Arvelo
Hoy, miércoles 6 de marzo de 2024, a las 10:54 a.m., nos encontramos en el despacho del señor director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el profesor Eulogio Silverio. Nos acompaña para una nueva entrega del programa de su gestión, «El Archivo de la Voz».

En esta ocasión, contamos con un invitado de primer nivel, muy especial, que ha dedicado aproximadamente 30 años de servicio a esta escuela. Se trata del profesor Diógenes Saviñón, quien ingresó a la universidad, como hemos mencionado, inicialmente como profesor ayudante en 1994.

El profesor Saviñón tiene una destacada trayectoria de servicio continuo, es egresado de la Escuela de Filosofía de nuestra institución y ha sido también un servidor de apoyo a la docencia de la universidad por largo tiempo.

Le damos la bienvenida, profesor Saviñón.
Como usted sabe, este programa fue ideado por el profesor Silverio con el fin de legar a la posteridad la voz y presencia de los profesores de nuestra escuela. Este testimonio resalta el capital humano con el que cuenta actualmente la escuela y, por extensión, otras instancias de la universidad que cuentan también con personas que se han dedicado al oficio de pensar, que han reflexionado filosóficamente y que han contribuido al quehacer filosófico dominicano, como es su caso.

Bienvenido, profesor. Cuéntenos, sin omitir detalles, ¿quién es Diógenes Saviñón? ¿Dónde nació? ¿Quiénes son sus padres? ¿Cómo llegó a la universidad? ¿Cómo se interesó por los estudios filosóficos?

Prof. iógenes Saviñón

Nací en Santo Domingo el 17 de junio de 1960, sin embargo, mi fecha de nacimiento oficial es el 5 de julio de ese mismo año. Celebro ambos días: uno para estar en concordancia con la biología y el otro para cumplir con la ley. Los celebro de esta manera para complacer a mis amigos. Mi primer año, no obstante, no lo viví en Santo Domingo, sino en un municipio llamado Sabana de la Mar. No tengo recuerdos de esa época, pero mi madre me mostró una foto donde aparezco con trenzas, sin explicarme el motivo, aunque supongo que se debía a alguna promesa que estaba cumpliendo, ya que en aquella época no era común que un varón llevase trenzas.

Mis recuerdos comienzan en el año 1963, extrañamente con un hecho político que cobraría importancia para mí mucho después. El día que derrocaron al profesor Juan Bosch, vi por primera vez a un hombre, Federico Grullón, conocido como El Veterano, bailando con una silla en señal de júbilo. Curiosamente, este señor era el padre de un periodista asesinado en Haití mientras cubría unas elecciones. Recuerdo que un grupo de militares disparó a la camioneta en la que él estaba grabando, lo que trágicamente culminó en su muerte.

Ese mismo año, mi padre, quien era oficial de la fuerza aérea y llegó a ser teniente, fue a realizar un curso en la base americana del canal de Panamá. A su regreso, trajo un televisor en blanco y negro, lo cual se convirtió en un acontecimiento no solo familiar sino también para el barrio, ya que los niños se aglomeraban en la ventana de mi casa para ver incluso los anuncios que transmitían.

Recuerdo también algunos eventos de la revolución de abril: el sonido de disparos, gente muerta, gente corriendo y explosiones. Durante esta época, mi familia se tuvo que trasladar del centro de la ciudad en la calle Monca de Villajuana, entre lo que en esa época era la calle 16 y la 18, hoy Américo Lugo y Arturo Logroño, a Villas Duarte. Esta área fue muy afectada durante el conflicto, vivíamos cerca del cementerio de la Máxima Boma, donde ocurrieron muchos eventos violentos. Regresamos a nuestra casa cuando terminó la guerra.