Dr. Alejandro Arvelo  

Nos encontramos en la biblioteca central del Centro Universitario Regional de Santiago, perteneciente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Hoy, en el marco del programa “El Archivo de la Voz”, que resalta la gestión del profesor Eulogio Silverio al frente de la Escuela de Filosofía, contamos con un invitado especial, el profesor Miguel Ángel Poueriet. Egresado de la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y poseedor de una Maestría en Metodología de la Investigación Científica, el profesor Poueriet también es candidato a doctor por la Universidad del País Vasco.  

Bienvenido, profesor.  

Es un gran placer tanto para mí como para el profesor Silverio, quien siempre lidera estos encuentros, compartir este momento con usted.  

Este espacio busca perpetuar su voz, su pensamiento, su perfil académico y su trayectoria profesional para las generaciones futuras.

Prof. Miguel Ángel Poueriet  

El Dr. Alejandro Arvelo, quien es considerado una de las figuras distinguidas de la Escuela de Filosofía por su trayectoria histórica como académico e intelectual, nos honra igualmente.  

Para mí, es un honor compartir con el profesor Eulogio Silverio, actual director de la Escuela de Filosofía, quien ha venido desempeñando una labor ardua e intensa en la promoción de los valores filosóficos no solo en la República Dominicana, sino también a nivel de América Latina y del mundo.  

Aprecio sinceramente este gesto y la oportunidad que me brindan.  

Dr. Alejandro Arvelo  

El profesor Silverio ha concebido este programa como una entrevista en profundidad, por lo que nos interesa escuchar cómo el académico Miguel Poueriet, así como el ciudadano, el joven, y el niño, visualiza su entorno.  

Prof. Miguel Ángel Poueriet  

Puedo empezar relatando algo que me marcó profundamente durante mi pasada militancia en la izquierda. Al llegar a la universidad, lleno de sueños y cargando una “mochila emocional” desde mi militancia. Algo que fue determinante para mi elección de estudiar filosofía fue la undécima tesis de Marx sobre Feuerbach, que afirma que «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo». Con esta quimérica emoción, decidí estudiar filosofía para cambiar el mundo, llevando conmigo ese espíritu romántico de la militancia.  

Durante mi carrera, fui profundamente influenciado por profesores como Luis Federico Cruz Paulino, con quien cursé varios niveles sobre Historia de la Filosofía. Él, para todos nosotros, fue una joya. Lamentablemente, lo perdimos.

Dr. Alejandro Arvelo
Y esas expectativas iniciales, profesor, ¿resultaron satisfechas, fueron sobrepasadas o se quedaron cortas respecto a lo que vivió el entonces estudiante Miguel Ángel?

Mtro. Miguel Poueriet
No, con mis profesores eso fue una especie de idilio sin ruptura. Uno se quedaba absorto, admirado, escuchándolos. Algunos tenían un temperamento un poco fuerte y eran algo distantes; no había tanta confianza como ahora con el profesor, porque eran como sacerdotes.

Por ejemplo, ya a nivel de maestría —porque no lo tuve en grado—, tuve a un profesor que es sacerdote, aunque ya esté jubilado: el profesor Nerio Rodríguez. Cualquiera quisiera tener un profesor así: honesto intelectualmente, con una formación sólida. Cuando comenzaba a hablar sobre un tema, había que escucharlo; es una autoridad respetada aquí. Y tan honesto que, si uno le hacía una pregunta y en ese momento no tenía los argumentos para responderla, decía: “No te la puedo responder ahora. Dame un momento”. Y la semana siguiente venía y daba una cátedra sobre esa pregunta.

Ese es el tipo de profesor que cualquiera quisiera tener. Eso vale más que una computadora, más que una plataforma digital, más que cualquier pedagogía o filosofía pedagógica —sin ofender a nadie—. Vale mucho más que cualquier otra cosa.

Dr. Alejandro Arvelo
¿Hubo algo que cambiara en Miguel Ángel Poueriet, entre el que entró y el que egresó de la carrera, antes de cursar la maestría?

Mtro. Miguel Poueriet
Claro. Lo primero, como hablábamos, fue que me di cuenta, en poco tiempo, de que no iba a transformar el mundo con la filosofía, y puse los pies sobre la tierra. Pero sí podía contribuir a transformar mi mundo y, en la medida de lo posible, motivar a jóvenes —como creo que lo he hecho— a convertirse en referentes.

Todos ustedes han tenido alumnos a los que, de alguna manera, les han cambiado la vida. Por ejemplo, en estos días me encontré con un joven que es empleado aquí —ahora no recuerdo su nombre—, que se me acercó durante un módulo de metodología que estoy culminando en un monográfico, y me dijo: “Profesor, yo voy a estudiar filosofía. ¿Usted conserva su libro? ¿Tiene algo? Porque quiero estudiar filosofía, ya que el profesor Eulogio me marcó”. Yo, en broma, le dije: “Te dañó”. Lo marcó, porque la manera como él imparte la clase lo contagió.

Digo “dañó” en el sentido de que la carrera de filosofía no se reputa como una carrera “rentable”, pero sí tiene algo relacionado con la parte emocional y espiritual del ser humano —no en el sentido religioso—. Hay un activo que va más allá de lo material, llamado patrimonio inmaterial, que es el conocimiento. Y el conocimiento genera emociones, y también sirve para controlarlas.

Ese patrimonio inmaterial, lamentablemente no valorado en nuestra sociedad de manera masiva, ha permitido transformar el mundo. Porque, ¿qué hubiese sido del mundo sin el conocimiento? En la ciencia —que es un saber válido—, en la filosofía —otro saber válido—, y hasta en la religión —un saber que, aunque no compartamos como creyentes, reconocemos por su gran valor histórico y cultural—. Y, por supuesto, la moral, que es un ingrediente imprescindible en la formación de cualquier ser humano.

Dr. Alejandro Arvelo
Por cierto, profesor, usted ha hecho alusión a su libro Te invito a filosofar, que omití mencionar en la breve presentación que hice al inicio de esta conversación. ¿Qué le motivó? ¿Cuál fue la estrategia, el propósito último? ¿Qué buscaba con esa publicación respecto a su labor como profesor y su relación académica con sus estudiantes?

Mtro. Miguel Poueriet
Es que la respuesta la tiene usted mismo. Yo lo que hice fue, a través de la lectura de su libro Si quieres… filosofar, decir: “Pero lo veo interesante, veo el modelo, la estructura. Está interesante, porque esto es para despertar la curiosidad socrática”.

Dr. Alejandro Arvelo
Pues eso no lo sabía yo, profesor.

Mtro. Miguel Poueriet
Sí, nada que ver con el libro. Te invito a filosofar es un intento de, de alguna manera, darle continuidad y tomar como modelo ese formato para publicar un libro similar. Como no le podía poner el mismo título, se me ocurrió ponerle un título parecido.

Dr. Alejandro Arvelo
No lo sabía.

Mtro. Miguel Poueriet
Sí, sí. Ah, pero qué bueno. Déjeme decirle que ese libro ha sido más valorado por el prólogo que por el propio contenido. O sea, yo me he endosado el prestigio del profesor Arvelo a través de mi libro. Es como cuando una etiqueta vale más que el perfume: imagínese que a un perfume le ponga una etiqueta de oro; la etiqueta vale más que el aroma, y la venta depende más de la etiqueta que del perfume.

Dr. Alejandro Arvelo
¿Y cómo ha sido acogido su libro entre lectores académicos y en el ámbito en que usted se desenvuelve?

Mtro. Miguel Poueriet
En principio fue una especie de guía práctica para la docencia. Luego hubo personas que se interesaron; he obsequiado algunos. Por ejemplo, tengo un amigo reciente que me ha tomado una gran admiración y me llama “maestro”. Le regalé el libro y, desde entonces, a cada rato me invita a compartir un café porque le gustó mucho.

Es una persona que algún día conoceremos; yo lo motivé y le pregunté si estudiaría la carrera cuando se habilite virtualmente, y me dijo que sí. Lamentablemente, la única manera de cursarla en un centro es en modalidad virtual, por la poca cantidad de estudiantes, pero ya él se está motivando.

Dr. Alejandro Arvelo
Qué bueno. El profesor Silverio, que es quien cierra estos encuentros, tendrá palabras para usted y para el público. A propósito de ese tema, la modalidad virtual para la filosofía, tengo entendido que es uno de los proyectos de su gestión.

Pero retrotraigámonos en el tiempo, antes de llegar a este académico que es Miguel Poueriet, con publicaciones, maestría y tesis doctoral en camino. ¿Dónde nace Miguel Poueriet? ¿Quiénes son sus padres? ¿Cuál es su contexto familiar y social en la infancia, pubertad y adolescencia, antes de entrar a la universidad? Porque comenzamos hablando desde su entrada a la universidad.

Mtro. Miguel Poueriet
Sí, sí, perfecto. Bueno, yo nací un 13 de diciembre de 1959 en la ciudad de Salvaleón de Higüey, provincia de La Altagracia, de una madre muy humilde, doña Nicelia Poueriet —decían “Chelo”—. Tuve poco contacto con mi padre, Carlos Rodríguez Ver, apenas un jornalero y carpintero, también muy humilde.

Siempre tuve pasión por estudiar, por superarme, por la literatura, las humanidades, la historia, la filosofía y disciplinas afines. Desde muy joven, el hábito de lectura me lo inculcó mi abuela… a chancletazos, literalmente hablando. Ella no solo nos obligaba a mí y a mis primos a rezar el Santo Rosario en familia, con el rosario en una mano y la chancleta en la otra, sino que me obligaba a leer la Biblia, la católica.

Al principio, como era algo impuesto, yo lo hacía “de maldad”: la leía rápido y mal. Pero ella, aunque casi no sabía leer —apenas podía con los quince minutos del librito católico diario—, tenía un instinto natural y se daba cuenta. Me reclamaba cuando notaba que lo hacía mal.

De tanto leerla, terminé por disfrutarlo, aunque como si fueran historietas. A los quince años, después de haber leído la Biblia dos veces —porque luego migré a la Iglesia Adventista y la leí de nuevo—, dejé de creer, ya que comencé a leer todo lo que me caía en las manos.

Una de esas lecturas fue una publicación de la Junta Central Electoral, Proyecciones 21, con temas variados. También compraba, cuando la encontraba en librerías o papelerías, la revista Selecciones del Reader’s Digest. No estaba suscrito, pero cada vez que me caía un ejemplar en las manos, lo leía. Ahí descubrí cosas maravillosas. Por ejemplo, conocí al que, para mí, es el novelista por excelencia de la literatura francesa: Honorato de Balzac.

Ya viviendo en la capital, me convertí en una especie de “ratón de biblioteca” en la Biblioteca Nacional. Iba todas las tardes, cerca de las 3:00 p.m., y me quedaba hasta el cierre, a las 9:00 de la noche, leyendo. Allí pude conocer parte de La Comedia Humana de Balzac, una obra enciclopédica, una verdadera radiografía de la sociedad francesa de su época.

Esa experiencia encendió aún más mi pasión por la lectura. Allí leí mucho de Balzac, novelas como Enriquillo, El masacre se pasa a pie, parte de la obra de Dostoievski y de Tolstói. Fue una etapa muy bonita.

Ya luego me matriculé en la carrera de Filosofía, y ese hábito de lectura se ha mantenido hasta hoy.

Dr. Alejandro Arvelo
En el plano nacional, ¿hay algún escritor o pensador que, al igual que Balzac, haya marcado su formación como académico y pensador?

Mtro. Miguel Poueriet
Sí, en la Biblioteca Nacional leí Los cuentos del exilio, Antes y después, La mañosa, entre otras obras de Juan Bosch. También parte de su obra histórica, como la dedicada a Cristóbal Colón y a Fidel Castro.

Desde niño, en Higüey, había leído varias veces Composición social dominicana. Además, algunos cuentos de Bosch que me marcaron mucho: La muchacha de La Guaira, Dos pesos de agua, La mancha indeleble… Ese tipo de lectura te involucra sentimental y emocionalmente, y también te marca desde el punto de vista intelectual.

Dr. Alejandro Arvelo
Si usted tuviera delante a un joven que le dice: “Yo no leo, pero me gustaría empezar a leer, ¿qué me recomienda?”, ¿qué le respondería?

Mtro. Miguel Poueriet
Depende. Si es filosofía, le recomendaría empezar por El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder, y luego pasar a los diálogos platónicos. Por ahí se comienza, a mi entender.

Y si quiere leer en general, aunque siempre uno tiende a recomendar textos filosóficos, es mejor empezar con literatura, sobre todo novela. Los grandes pensadores no se han formado solo leyendo filosofía: primero crearon una base cultural amplia mediante la literatura, la historia, la poesía y el cuento.

Esa es la zapata, el fundamento: trabajar el espíritu, y el espíritu se construye y se recrea con la lectura de obras literarias. Si Nietzsche no hubiese leído con profundidad la cultura griega antigua, no habría llegado a ser lo que fue.

Dr. Alejandro Arvelo
Además de Nietzsche y Platón, ¿qué otro filósofo le ha marcado en su reflexión y estilo de pensamiento?

Mtro. Miguel Poueriet
Bueno, mi filósofo favorito por excelencia es Nietzsche. Pero también he leído a Schopenhauer; de hecho, para entender bien a Nietzsche, hay que entender a Schopenhauer.

No recomiendo a Schopenhauer para comenzar a leer filosofía, por el pesimismo radical que exhibe en su pensamiento. De hecho, el propio Nietzsche terminó negándolo, en el sentido de que migró de esa influencia, porque era un pensamiento demasiado denso, muy cargado de ideas excesivamente realistas.

También tenemos filósofos como Fichte, o como Schelling, de quienes uno toma aquellas partes con las que se identifica y rechaza lo que no comparte, tal como se hace en filosofía. Por ejemplo, un filósofo excelente para entender la filosofía de la historia es Dilthey; el propio Ortega y Gasset trabaja el concepto de razón histórica a partir de la de Dilthey.

En definitiva, el pensamiento filosófico es una construcción de pequeños aportes que convergen hacia la visión de cada filósofo, o de cada aprendiz de filósofo —porque yo no me defino como filósofo, sino como aprendiz de filósofo.

Dr. Alejandro Arvelo
Si extendemos esa mirada hacia la República Dominicana, ¿a quiénes reconoce usted como filósofos establecidos, a los que pudiera designar como los clásicos del pensamiento filosófico dominicano?

Mtro. Miguel Poueriet
No soy un gran conocedor del pensamiento filosófico dominicano, pero sí puedo señalar como referente fundamental a Abelardo Vicioso Avelino —especialmente por su manejo de la metafísica categorial y el enfoque que da a la metafísica de Kant.

También mencionaría a Antonio Sánchez Lamouth, a Pedro Francisco Bonó —trabajado a fondo por nuestro amigo Julio Minaya—, y a profesores actuales como la profesora Lusitania Martínez. En la Escuela de Filosofía, todos hemos hecho algún aporte. El profesor Eulogio Silverio, por ejemplo, ha trabajado mucho el área de la ética; yo veo en él un proyecto interesante que es la filosofía de la pobreza, línea de investigación reconocida, así como su opúsculo La filosofía del silencio, del que algunas personas incluso me han preguntado.

Tenemos también a Lusitania Martínez, quien ha realizado una importante compilación en el Archivo General de la Nación sobre el pensamiento filosófico dominicano.

Yo no puedo afirmar que en la República Dominicana exista un pensamiento filosófico sistemático y metódico, como el de Alemania o España. Ese es un tema que, para mí, aún está vedado, porque requiere una investigación profunda. Sin embargo, sí existen rasgos de pensamiento filosófico que, si se compilan, organizan y sistematizan, podrían llevarnos en algún momento a hablar de una filosofía dominicana, ajustada al contexto de nuestro país y en diálogo con el pensamiento filosófico universal.

Ahí ustedes tendrían que ayudarme, porque cada uno tiene algún tipo de lectura en ese sentido.

Dr. Alejandro Arvelo
¿Y cómo ve usted la filosofía hoy? Para el público en general, siempre aparece ligada a la docencia. ¿Es lo mismo un profesor de filosofía que un filósofo? ¿La docencia es el único ámbito de realización de la filosofía?

Mtro. Miguel Poueriet
Déjeme decirle que, cuando fui al —en ese entonces— Departamento de Filosofía, en 1981, todavía no se llamaba Escuela, fui a buscar un programa y lo que me dieron fue un librito. No sé si ustedes llegaron a conocerlo; el profesor Silverio no, pero yo sí. Era un librito pequeño, con objetivos, propósitos, una introducción y la descripción de lo que era la filosofía. La última parte hablaba del campo de acción profesional.

Ese campo de acción profesional que describía el librito, que era el programa en ese tiempo, era mucho más amplio de lo que en realidad es posible en nuestro país o en una sociedad subdesarrollada. Lamentablemente, en la práctica, en la República Dominicana el campo de acción profesional se reduce a la docencia. Pero allí se hablaba de otras posibilidades: el filósofo podía ser crítico de libros, podía participar en la elaboración de programas, en grupos de investigación, en la formación de proyectos… todo eso estaba planteado.

Sin embargo, en nuestro caso, casi siempre lo que hacemos es —como decía el profesor Arvelo una vez—, de manera humilde, “dar clasecitas de filosofía”. Recuerdo que ese término surgió a raíz del “Salón de Té”, aquella tertulia que se hacía los jueves o martes, coordinada por el profesor León David, muy amigo mío, junto con María José. Me sorprendió que, después de que el profesor Arvelo hiciera una disertación brillante y acertada, dijera con tanta modestia que él solo era “un profesor que da clasecitas de filosofía”.

Dr. Alejandro Arvelo
Y a propósito de clases, clasecitas y “clasezotas”, profesor, ¿cómo percibe usted un modo ideal de llevar a cabo una clase de filosofía? Usted tiene una experiencia dilatada como profesor.

Mtro. Miguel Poueriet
Bueno, habría que hacer un deslinde conceptual: si se entiende “modelo ideal” como un proyecto o como una quimera. Porque, en la práctica, los modelos ideales terminan siendo utopías.

Si me lo pregunta como a alguien que acaba de recibir su título de máster, que consigue una clase en la universidad o gana un concurso en la UASD y comienza como profesor, yo le aconsejaría lo siguiente: siempre trato de poner una pizca de humor, porque si uno no tiene sentido del humor, no puede contagiar a los estudiantes. Pero debe ser un humor moderado, que genere lo que en investigación cualitativa se llama rapport, es decir, empatía, para poder interactuar con el grupo.

Hay que incorporar elementos de la cultura, incluso de la vida cotidiana de los estudiantes. No se puede partir solo de abstracciones puras; hay que involucrar contenidos que ellos dominen y con los que se sientan identificados, para que la filosofía les sirva en su vida diaria.

También dejo espacio para lo socrático: si un estudiante hace una pregunta interesante, que revela curiosidad o interés, revierto el papel y lo pongo como protagonista. A partir de su pregunta, le hago nuevas preguntas:

—Dime, ¿qué tú crees?

—A propósito de lo que dices, ¿cómo crees que debería producirse tal cosa?

—¿Nuestros gobernantes actúan según el modelo ideal de democracia que postulan los clásicos, o en la práctica la política es otra cosa?

Entonces el estudiante analiza, compara lo ideal con lo real, detecta si hay continuidad, ruptura o divorcio entre ambos, y así se va motivando.

Si uno intenta imponer una clase al margen de los elementos propios de la identidad de la sociedad o del contexto en que viven los estudiantes, ellos lo verán como una imposición. Esa educación basada solo en memorizar contenidos para dar resultados ya no funciona.

Dr. Alejandro Arvelo
A propósito de esa reflexión que usted hace acerca de la relación profesor–alumno, y de las alusiones que hace a política, democracia y al contexto actual de la sociedad dominicana —muy particularmente del tipo de estudiante que accede hoy a las aulas—, quisiera preguntarle: ¿qué visión tiene usted de un Ortega proyectado hacia el siglo XXI? ¿Cree usted que hay partes vivas todavía de José Ortega y Gasset, o es un asunto del pasado que terminó en el siglo XX?

Mtro. Miguel Poueriet
No, para nada. Ortega no es un recetario —ningún pensador lo es—, pero sí es un referente. El pensamiento de Ortega adquiere vigencia y actualidad en cualquier momento, en cualquier contexto, en cualquier sociedad. Las ideas que expresa son fruto no solo de su gran formación clásica en filosofía, sino también de su experiencia como diputado de la República, experiencia que, por cierto, fue bastante frustrante para él.

Como usted decía, los filósofos suelen manejar modelos ideales, que en la práctica chocan con la realidad. Una cosa es lo que el filósofo describe y otra lo que sugiere para una sociedad. Ortega intentó en España —sin lograrlo plenamente— generar una práctica política basada en un fundamento ético. Ese fundamento ético, similar en cierto sentido al modelo de La República de Platón (donde deben gobernar los filósofos por su riqueza en conocimiento y sabiduría), requería también de una base cultural sólida.

Ortega postulaba un modelo cultural que formara en la conciencia del ciudadano —tanto gobernante como gobernado— un compromiso con los valores y con la cultura. Denunció al político tradicional y pragmático, que él describe en su ensayo Mirabeau o el político: el político que solo es fiel a su conveniencia, para quien la moral, haciendo alusión a Maquiavelo, es “el arte de lo justo”, pero la política es “el arte de lo conveniente”.

Para Ortega, las masas poseen la energía vital, pero no pueden gobernar por la carga de irracionalidad inherente a su condición; debía hacerlo un sujeto educado, con valores y gran formación cultural. Ese modelo sigue pendiente. Su diagnóstico sobre la sociedad, el poder y la política mantiene vigencia no solo en España, sino especialmente en países subdesarrollados.

En el caso de la República Dominicana, la política suele imponerse como ejercicio pragmático, donde los votantes, en muchos casos, no actúan de manera racional o consciente al ejercer el voto, sino motivados por prebendas, alienación o apatía. La realidad política ha generado una crisis histórica del sistema, de las instituciones y, sobre todo, de credibilidad: lo que en ciencia política se llama una “crisis de descreimiento”, es decir, la pérdida de confianza del ciudadano hacia quien gobierna o pretende gobernar.

Esta situación permite que los gobernantes utilicen de forma impune los recursos del Estado, compren votos y cédulas sin que haya consecuencias, y que la población lo asuma como algo normal. Esto es exactamente lo que Ortega denunció, con matices según el contexto español o latinoamericano, pero con una esencia común: un modelo corrupto de ejercicio del poder, un ejercicio distorsionado del derecho al voto y una escasa conciencia ciudadana sobre los derechos propios.

En sentido general, de cara al porvenir, claro que sí: cada vez es peor. Tengo una preocupación —no es de ahora— pero es seria. De seguirse profundizando la crisis en materia de fundamentación de valores en la República Dominicana, de seguir agudizándose la desfundamentación de valores como imposición social producto de la falta de educación de los ciudadanos —porque educación no es instrucción, no es solo educación formal, sino educación integral—, ¿dónde estará el relevo generacional en el liderazgo político de la República Dominicana?

¿Ustedes no se han hecho esa pregunta? ¿Dónde vamos a encontrar el relevo generacional en el liderazgo político de la República Dominicana? ¿En qué están nuestros jóvenes? Ustedes lo habrán notado: en nuestra generación había clubes culturales, comités de amas de casa, talleres literarios, cinemateca, grupos de poesía… ¿Y saben en qué ha quedado todo eso? Todo eso ha quedado subsumido en la subcultura del teteo.

Esa juventud embriagada de vape y dembow, esa juventud alienada que tenemos en los barrios, ¿qué pasará cuando los políticos actuales se vayan muriendo? —porque el político no se retira, el político se muere—. ¿Quiénes van a gobernar? Esa es una preocupación que debería ser asumida incluso por el proyecto que nació con usted y al que yo le he dado continuidad: el laboratorio de ciencias políticas.

He ido incorporando precisamente iniciativas para fomentar primero el desarrollo de la conciencia moral —que emana del propio sujeto— y luego de la conciencia social, que proyecta ese sujeto moral hacia la sociedad y hacia la conformación de una conciencia social en la República Dominicana.

¿Quiénes van a gobernar? Yo se lo digo a los muchachos: serán los hijos de la oligarquía, con todo lo que eso implica. Porque si nuestros jóvenes se están formando bajo un modelo de educación orientado al mercado —no a la sociedad ni a fomentar la conciencia social—, entonces están respondiendo a lo que Louis Althusser, padre del estructuralismo marxista, denominó “los aparatos ideológicos del Estado”: mecanismos orientados a la reproducción de las condiciones materiales del sistema, no a la mejora de la conciencia social.

Entonces, ahí hay un peligro. ¿Qué le estamos legando a las futuras generaciones?

Dr. Alejandro Arvelo
Bueno, profesor Poueriet, yo creo que no hay manera mejor de cerrar este encuentro, que debe ser quizás el primero de muchos otros. Pero, como dice Baltasar Gracián en El arte de la prudencia, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Estos encuentros se cierran con dos intervenciones: la primera, como un juego; la segunda, más formal, con las palabras de cierre del profesor Eulogio Silverio, nuestro director.

El juego consiste en lo siguiente: yo le voy a mencionar cinco o seis nombres, términos o expresiones, para que usted nos diga qué le evocan.

Vamos a comenzar por lo que nos es común y más cercano: Escuela de Filosofía (antes Departamento de Filosofía de la UASD).

Mtro. Miguel Poueriet
Trabajo intenso para la promoción de la cultura y los valores filosóficos. Un gran intento, sí, un gran intento. Ahí tenemos profesores muy buenos que han dejado un legado, y otros jóvenes que están entrando, a quienes ya tenemos que pasarles la antorcha. Veo en ellos promesas; no los conozco muy a fondo, pero me parecen prometedores. Y, obviamente, después de la gestión del profesor Eulogio Silverio, tendremos que ver en manos de quién queda la Escuela de Filosofía para que pueda darle continuidad a este proyecto.

Dr. Alejandro Arvelo
Rafael Morla.

Mtro. Miguel Poueriet
Rafael Morla es un profesor muy apreciado por nosotros. Ha trabajado una línea de investigación con la que me identifico, a propósito de la caverna platónica que constituye la sociedad actual —para mí, es una caverna platónica—. Hablar de la Ilustración y del pensamiento ilustrado es un proyecto pendiente y muy interesante que él ha desarrollado, no solo como línea doctoral, sino también como línea de investigación. Excelente.

Hizo sus aportes en la Escuela; en un congreso —creo que a partir de él— se empezó a inaugurar la línea de congresos internacionales de filosofía, semanas filosóficas y todo eso. Sí, excelente gestión, excelente amigo, muy jovial, que viene también como yo de la izquierda revolucionaria de Humanidades de la UASD. Es un proyecto muy interesante que hay que reforzar, orientar y encaminar.

Ojalá, digo yo, que a partir de ahora, en el próximo periodo, la Escuela y la Facultad de Humanidades pasen a ser dirigidas por un humanista, en función de lo que es su quehacer a favor del fomento de los valores, no solamente filosóficos sino también humanísticos, que sepa realmente la importancia de la convergencia de las diferentes disciplinas humanísticas hacia un proyecto común de mejora de la sociedad, no solamente de la oferta curricular de la Facultad, sino también de promoción de valores hacia nuestra juventud.

Dr. Alejandro Arvelo
Edickson Minaya.

Mtro. Miguel Poueriet
Muy buena gestión, también muy trabajador. Es una persona que no solamente hizo su trabajo en el sentido burocrático, sino también en el sentido intelectual y académico. En términos personales, es un joven —o mejor dicho, un señor— intelectual, con un proyecto de doctorado y publicaciones.

Dr. Alejandro Arvelo
Centro Universitario Regional de Santiago.

Mtro. Miguel Poueriet
Pienso que es un proyecto pendiente todavía. Hay muchas debilidades. Ha pasado por diferentes gestiones, pero lamentablemente —y ustedes lo saben— los centros y recintos lo que hacen es administrar docencia. Lo digo claramente: está pendiente. Y voy a ser sincero, señores, lamentablemente está dominado por la política.

Hay muchas lagunas donde los intereses políticos priman por encima de lo académico. Cuando en los programas se escoge y se asigna a personas no por el perfil o por la formación, sino por alguna deuda o gratitud política —porque “este me apoyó y hay que ponerlo”—, entonces al que tiene la capacidad lo marginan porque hay que favorecer a uno que me apoyó y votó por mí.

Ese tipo de mediocridad en la universidad debe ir desapareciendo, y lo digo responsablemente. La preeminencia y hegemonía política, incluso de los partidos, en la universidad debe ser superada. En la universidad, en los centros, recintos y en todas las instancias universitarias, hay que dar preeminencia a las personas que están formadas.

En los centros se da mucho eso, y no solamente aquí. ¿Por qué? Porque eso repercute en desmedro de la calidad de los programas que se imparten. Mi amigo Eulogio más que nadie sabe que a veces me caracterizo por un exceso de sinceridad, a veces hasta cierta incontinencia verbal cuando me tocan las emociones. El profesor Eulogio lo sabe, pero también sabe que lo que estoy diciendo es verdad.

Dr. Alejandro Arvelo
Familia.

Mtro. Miguel Poueriet
La aprecio más que nada. Es mi razón de vivir, lo que me motiva cada día a seguir viviendo, a seguir trabajando y a seguir luchando. Sobre todo mi esposa, muy abnegada y consagrada a mí, y mi hijo, que es un pequeño intelectual. Ya yo no tengo libros en mi estante porque él se los lleva todos para su habitación y comienza a leerlos una y otra vez. A veces me pone en apuros, porque me cuestiona cosas que a veces no puedo responder. Pero yo vivo, respiro y trabajo por ellos.

Dr. Alejandro Arvelo
Región del Cibao, su gente y su porvenir.

Mtro. Miguel Poueriet
Lo único con lo que no estoy de acuerdo es con el equipo de pelota… no soy aguilucho.

Dr. Alejandro Arvelo
Eulogio Silverio.

Mtro. Miguel Poueriet
Un gran amigo, solidario, a quien le debo mucha gratitud. Decía alguien —y no me gusta basar un argumento en un cliché— que “la gratitud es la memoria del alma”. A mi amigo Eulogio Silverio, con quien hemos vivido eventos muy personales y anecdóticos, lo conozco desde hace mucho tiempo. Precisamente nos conocimos en una actividad que se hacía en el Departamento de Filosofía: unos encuentros de debate de los grupos de estudiantes; creo que se llamaba Andrés Avelino.

Ahí fue que nos conocimos. Yo llego al Departamento y toco para informarme sobre un concurso para ayudante de profesor, pero estaba cerrado. Eulogio me abre la puerta y me ve como un elemento raro, extraño al grupo, porque no me conocía. Me dice: “No, vuelva después, porque ahora estamos en una actividad; venga mañana”.

Después nos conocimos más adelante y pudimos hacer química.

Bueno, profesor, muchísimas gracias. Muchísimas gracias por su tiempo y por la pasión que ha puesto a este encuentro del Archivo de la Voz, que, como usted sabe, el profesor Silverio ha ideado para proyectar la voz de los académicos de la Escuela de Filosofía del presente hacia el porvenir.

Siempre estaré, como dice Víctor Burgo, contento de poder participar. Para mí ha sido un momento muy agradable este encuentro, porque me puso de nuevo en contacto con mis raíces y mi vocación. Espero que este tipo de eventos se siga produciendo con otros académicos que tienen una gran formación y mucha pasión por la filosofía; porque para otros, la filosofía es completamente indiferente.

Voy a terminar con esta anécdota de un profesor mexicano de filosofía, a quien le preguntaron qué era la filosofía, y respondió: “Es aquello para lo cual, por lo cual y sin lo cual tú te quedas tal cual”. El que no conoce la filosofía la ve como algo extraño, como algo de lo que uno se pregunta: “¿Con qué se come esto? ¿Para qué sirve de verdad?”.

Muy agradecido de que me hayan invitado, y para un próximo encuentro siempre estaré dispuesto y disponible.

Prof. Eulogio Silverio
Hermano, en nombre de la Escuela de Filosofía y en el mío propio, queremos agradecerte precisamente por eso que has dicho al final: por estar siempre disponible y dispuesto a colaborar con todo lo que tiene que ver con la Escuela de Filosofía y con la filosofía. Desde siempre hemos contado contigo; ya en la dirección, pero mucho antes también. Prácticamente has sido incondicional con nosotros y con nuestro proyecto.

Yo sé que es porque somos amigos, y en el caso de “Poueriet” siempre lo digo: es una persona cuyo nombre define el concepto amigo. Hemos pasado muchas: desde amanecer presos una noche en el Palacio —cuando no tenías que amanecer allí, pero solidariamente te quedaste—, hasta quedarnos en el camino hacia Santo Domingo y tener que pasar la noche en un motel.

Eres un amigo verdadero, y yo siempre estaré para ti, de verdad, en cualquier circunstancia, porque sé que tú siempre estarás para mí. Esto es casi una confesión, pero es así: cuando habla el corazón, que la razón guarde silencio, como decía Pascal. Yo lo diré claro: estaré para ti aunque no tengas la razón, aunque te hayas metido en un lío.

Ya dicho eso, que es un poco más personal, debemos comprometerte para algunas cosas. Sobre todo para las que vienen en el porvenir.

Primero: para el próximo número de la revista la Barca de Teseo de la Escuela de Filosofía, queremos que nos entregues un artículo del área que tú quieras. Puede ser de política nacional, de Ortega o sobre lo que estés trabajando en el momento.

Segundo: para el VI Congreso Dominicano de Filosofía, que vamos a realizar en 2025, queremos verte integrado desde la mesa de trabajo y organización, hasta como participante y elemento activo de esa comisión.

Agradecemos también al profesor Arvelo, que como siempre hemos dicho, sin él el Archivo de la Voz no es lo mismo.

Estaba preocupado al final porque aún no había mencionado a Charo y a Miguelito, y no podía cerrar sin nombrarlos. Sé lo importantes que son para ti y lo mucho que te quieren. Les envío un saludo a ambos.

Muchas gracias por venir, hermano.