Dr. Alejandro Arvelo

Nos encontramos nuevamente en el despacho del señor director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo para continuar con este proyecto de sugestión que él ha denominado “El Archivo de la Voz”. Nos encontramos con un producto netamente uasdiano en términos intelectuales, que es el profesor Joseph Mendoza, egresado en primera instancia de la Escuela de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades. Cursa enseguida el grado en Filosofía, así como la Maestría en Educación Superior y la Maestría en Filosofía “Un Mundo Global” con la Universidad del País Vasco, en acuerdo con la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

El profesor Joseph Mendoza se ha caracterizado por tener una producción activa desde principios de los años 2000, que ha tenido como resultado la publicación de varios volúmenes. El primero de los cuales es “Lógica y Certeza de la Filosofía Recobrada en López de Medrano”—López de Medrano, primer filósofo y humanista ilustrado de la República Dominicana—”La Filosofía Categorial de Andrés Avelino”, “Lógica y Hermenéutica” y “Filosofía de la Historia en República Dominicana”, en colaboración con el también académico Juan de la Cruz. “Filosofía de la Ignorancia y Duda de la Duda y Cotidianidad”, también en colaboración con el profesor Juan de la Cruz, y su aporte más reciente, puesto a circular hace apenas unos diez días: “Mujeres Filósofas y Sabiduría para el Buen Vivir”.

Bienvenido, profesor Joseph Mendoza. Es un gratísimo honor para el señor director y para este programa de sugestión recibirle en esta entrega de “El Archivo de la Voz”.

Prof. Joseph Mendoza

—Muchísimas gracias a usted, maestro Alejandro Arvelo, y al señor director de la Escuela de Filosofía, el maestro Eulogio Silverio, por esta oportunidad que me dan de llegar a los que dan seguimiento a este programa, y aún más.

Dr. Dr. Alejandro Arvelo

—Profesor, usted sabe que la idea del profesor Silverio es que estas entregas sean vistas y apreciadas cuando ya no estemos; o sea, porque el profesor juró hacer como una suerte de archivo fílmico pensando en la posteridad. Empecemos, profesor, por preguntarnos: ¿Quién es el profesor Joseph Mendoza? ¿Dónde nace? ¿Quiénes son sus padres, sus hermanos, sus hijos? Su educación primaria y preuniversitaria en sentido estricto, ¿cómo se da, dónde se da?

Prof. Joseph Mendoza

—Bueno, me alegra sobremanera que usted no me preguntó la edad, aunque no tengo inconveniente con decirla, ¿verdad? Lo que tengo son años vividos.

Dr. Dr. Alejandro Arvelo

—Es suficiente con que nos diga en qué fecha nació; nosotros hacemos el cálculo.

Prof. Joseph Mendoza

—Bueno, los estudios primarios los hice en el Colegio Fuente del Saber, y en el Liceo Miguel Ángel Garrido cursé el bachillerato, y luego acá en la universidad los estudios superiores.

—¿Dónde quedan esos centros educativos? ¿Fuente del Saber?

Prof. Joseph Mendoza

—Bueno, el Fuente del Saber está ubicado, o no sé si existe ya, probablemente no sé, en el ensanche Capotillo, como a dos esquinas de la Nicolás de Ovando. Y el Miguel Ángel Garrido, que en la mañana funciona bajo el nombre de Juan Pablo Duarte, está ahí en la avenida Duarte.

—¿Nació aquí, se crió aquí, o es como yo que viene de otros lados a la ciudad capital?

Prof. Joseph Mendoza

—Nací en San Francisco y luego vine acá a la edad de un año.

—Entonces, diríase que no vino usted, lo trajeron.

Prof. Joseph Mendoza

—Me trajeron.

—¿Sus padres son nativos de allí, de San Francisco de Macorís?

Prof. Joseph Mendoza

—Cierto.

—Y son muchos los hermanos Mendoza.

Prof. Joseph Mendoza

Cinco, porque hubo una hermana que falleció hace un tiempo.

—Y dígame una cosa, profesor. ¿Recuerda usted de la enseñanza primaria algún profesor o profesora que ejerciera un influjo especial en su formación posterior, en sus intereses intelectuales actuales?

Prof. Joseph Mendoza

—Bueno, primeramente, o sea, mi madre fue la que influyó de manera muy determinante porque me enseñó a leer. Las primeras lecciones sobre el abecedario y la construcción de letras fue mi madre quien me las enseñó.

—¿Era educadora su madre, profesor?

Prof. Joseph Mendoza

—No, pero siempre mantuvo ese gran interés porque uno cultivara el conocimiento.

—¿Y su padre?

Prof. Joseph Mendoza

—No, no era educador.

—Ya en la escuela, ¿hubo algún profesor o profesora que, digamos, influyera de manera especial en usted, que le produjera esa sensación de “yo quisiera ser como ese profesor”, o “cuando yo sea grande, voy a ser profesor por este o esta maestra”?

Prof. Joseph Mendoza

—Bueno, una maestra que tenía una capacidad de enseñar asombrosa. Se ocupaba demasiado, o se preocupaba porque uno aprendiera cada lección de manera correcta y se la repetía una y otra vez. Se llamaba Carmen, no recuerdo el apellido.

—¿En qué nivel, en qué grado estaría? ¿De qué grado estaba encargada esa profesora?

—Del cuarto de la primaria.

—Cuarto de la primaria. Usted nos ha dicho que ha realizado sus estudios primarios e intermedios en el sector de Capotillo, y luego los estudios de bachillerato en el Garrido, que es donde opera todavía el Liceo Juan Pablo Duarte. La gente tiene el prejuicio de que de los sectores de la parte alta hay una imagen que se ha labrado, que allí solo hay conciliábulo, confabulación, y que se opera al margen de la ley. Sin embargo, tengo por experiencia, por vivencia, el conocimiento de muchas flores que han surgido en ese jardín. ¿Cómo se explica usted eso, profesor? ¿A qué se debe? Y si usted puede mencionar algunos de los nombres que se formaron allí en su época, en su momento, se lo agradecería también por el porvenir.

—Bueno, hay personas que tienen una visión clara y una voluntad inquebrantable de lo que quieren en la vida, y pueden vivir en cualquier ambiente y lograr una trascendencia positiva. Realmente, de allá, del barrio, han salido muchos valores, jóvenes que hoy día son profesionales. Tenemos el caso del maestro Juan de la Cruz, del maestro y director de la escuela Eulogio Silverio, que también sale de allá. Tenemos el caso de Domingo, abogado; los hermanos Menas, que también son abogados y han logrado trascender, así como una gran cantidad de jóvenes que tomaron —vamos a decir— el camino de la profesionalización, del estudio constante.

Dr. Alejandro Arvelo:
—¿Y qué pasaba en ese sector en tiempos de la adolescencia y la juventud del profesor Joseph Mendoza? ¿Había clubes? ¿Se reunían los jóvenes? ¿Había puntos focales que los motivaran a interesarse por la lectura?

Prof. Joseph Mendoza (entrevistado):
—Bueno, había un grupo de jóvenes que teníamos la inquietud de cultivar el conocimiento, desarrollar la capacidad crítica e interpretativa. Ahí formamos la Sociedad de Estudios Filosóficos, dimos algunos cursos, algunas conferencias, y luego, ya en la universidad, formamos la Sociedad de Investigación Filosófica Andrés Avelino. Estuvimos también en el Club Samuel Santana, allá en el barrio. Es decir, que siempre mostramos, como grupo de jóvenes, ese gran interés por la cultura, por el conocimiento y por la filosofía. Fundamentalmente, confiábamos en que la filosofía da una visión profunda sobre el ser de las cosas y brinda una capacidad de análisis igualmente profunda y crítica. Por eso, entre todos los conocimientos, teníamos una gran preferencia por la filosofía.

Dr. Alejandro Arvelo:
—Y dada esa imagen deformada, invertida, que existe de los sectores populares aquí, quizás a más de uno de los que vean este Archivo de la Voz le parecerá raro, profesor, que se hable de filosofía en Capotillo, digamos, en los años 80 o finales de los 90. ¿Cómo llegan un grupo de jóvenes de un sector de la parte alta de Santo Domingo a interesarse por la filosofía? ¿Cómo se produce ese momento luminoso?

Prof. Joseph Mendoza:
—Justamente, como le decía, por la sabiduría que proporciona la filosofía, por ese vasto conocimiento crítico para asumir las distintas manifestaciones existenciales, no de manera sesgada, sino de manera plural y, sobre todo, crítica.

Dr. Alejandro Arvelo:
—¿En el bachillerato había algún ambiente especial? ¿Una biblioteca? ¿Algún profesor o profesora que cultivara en esos jóvenes el interés por esta forma del saber?

Prof. Joseph Mendoza:
—Tuve la dicha, la suerte, de conocer al maestro Luis Federico Cruz Paulino, con quien mantuve siempre un contacto permanente allá en el Liceo Capotillo, donde él daba clases de latín, de filosofía y otras asignaturas. Siempre me orientaba y me daba muy buenos consejos. Luego tuve contacto con él acá, en la Facultad de Ciencias de la Salud, donde impartía una materia; yo iba y dialogaba con él. Tuve el privilegio de ser su alumno, realmente, y aprendí muchísimas cosas de él. No hay forma de agradecerle a ese maestro toda la enseñanza que me transmitió, con esa serenidad, con esa forma —vamos a decir— de pensador de pies a cabeza. Esa serenidad para repetir las cosas y para que uno, sobre todo, las comprendiera en su justa dimensión.

Dr. Alejandro Arvelo:
—Y, sin embargo, cuando usted llega a la universidad, no se inscribe en Filosofía, sino en Ciencias de la Comunicación. ¿Por qué, profesor?

Prof. Joseph Mendoza:
—Ido por el filósofo Aristóteles, que es quien elabora los canales comunicacionales, o de la comunicación, como una forma de buscar una que otra técnica para desarrollar la práctica escritural. Luego dije: esto se complementa con la filosofía y con los estudios literarios que venía realizando ya de manera particular. Porque yo entiendo —y eso lo han demostrado una serie de filósofos— que la formación escritural y literaria es fundamental, es vital, para complementarla con esa capacidad racional de pensar que proporciona la filosofía.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Y, bueno, ya en la universidad, además de esa presencia inminente del maestro Luis Federico Cruz Paulino, ¿conoció usted a otros maestros que impactaran de manera sustancial su actitud, su obra, su trayectoria como académico posteriormente?

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, en ese caso son varios, pero recuerdo ahora las enseñanzas del maestro Tomás Nova, de quien fui su ayudante. Realmente me vi en situaciones, vamos a decir así, un tanto difíciles, porque, ayudándole con la materia de Metodología allí en Ciencias de la Salud, cuando un estudiante hacía una pregunta, yo le decía “maestro”, y él me respondía: “No, a usted”. Entonces eso me obligaba a leer permanentemente con mucha profundidad y a repasar, una y otra vez, las lecciones que había que impartir en ese momento.

Y tenemos el caso suyo, que también hacía mucho hincapié —aparte de las enseñanzas filosóficas— en el asunto de la escritura. Eso lo recuerdo con mucha claridad, y sé que también me ayudó mucho para la redacción.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Entre las áreas que forman parte del quehacer filosófico —y pensando un poco en la malla curricular con la que usted se formó en Filosofía—, ¿cuáles fueron las que más le impactaron, las que más jalonaron su formación y su interés intelectual?

Prof. Joseph Mendoza:

—Yo diría que todas. Realmente no tengo una preferencia marcada: tanto la epistemología, la ética, la estética, la filosofía de la tecnología, la historia de la filosofía… es decir, los más diversos ámbitos del saber realmente lograron impactar en mí y dejar una huella, vamos a decir, un recuerdo indeleble.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Sus obras están llenas de referencias a los pensadores clásicos de la filosofía occidental, pero, sin embargo —excepto su último libro—, hay en usted una tendencia bien marcada de interés por el pensamiento filosófico dominicano. ¿Cómo se explica esto? Porque se suele decir que los dominicanos son buenos para citar y estudiar de manera sistemática a los pensadores universales. ¿Qué le mueve a interesarse por el pensamiento filosófico dominicano, visto que a usted le interesan todas las áreas del saber filosófico?

Prof. Joseph Mendoza:

—Un filósofo… yo, eh… Ernesto Sábato, en una ocasión, dijo en El escritor y su fantasma que “se escribe mejor de la realidad que uno ama”. Así lo dice él. La realidad que yo vivo es la realidad dominicana, y eso me compromete sobremanera a tratar de entender el pensamiento de los intelectuales, sus aportes, sus producciones… analizados, claro está, desde una perspectiva crítica, pero situando esa obra dentro de su propio contexto epocal.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Aunque no son los únicos dos pensadores que le marcan de manera sustancial en el plano del quehacer filosófico dominicano, Andrés López de Medrano y Andrés Avelino… ¿usted cree que tienen algo que decirnos ellos a los dominicanos del presente?

Prof. Joseph Mendoza:

—Muchísimas cosas. López de Medrano es quien introduce la reflexión filosófica en nuestro país, y Andrés Avelino desarrolla todo un pensamiento creativo desde el punto de vista metafísico, sobre la ética, sobre la estética, sobre la nosología, sobre la lógica… La lógica de Andrés Avelino es una de las mejores que se han escrito en el mundo. Si hay cinco o seis libros de lógica fundamentales, ahí está el libro de Avelino. Pero es un dominicano… y eso se ha olvidado. Se le da preponderancia a otros libros de otros países, pero ese libro de lógica de Andrés Avelino es de primer nivel.

Dr. Alejandro Arvelo:

—A propósito de su libro Filosofía de la ignorancia y duda de la duda, ¿qué vínculos y qué separaciones hay entre esa duda que usted postula en ese libro y la duda cartesiana, profesor?

Prof. Joseph Mendoza:

—Para la elaboración de esa obra tomé en cuenta los antecedentes, desde los escépticos de la lejana antigüedad griega, pasando por la Edad Media con San Agustín, y en la modernidad con René Descartes y su interesante obra El discurso del método. La leí y la releí una y otra vez, con sentido crítico.

El maestro Descartes me enseñó mucho. Precisamente yo dije: si Descartes señala que la duda es un pensamiento, y el pensamiento se mueve, entonces nadie evita que haya una “duda de la duda”. La duda de la duda tiene su razón de ser en el hecho de que hay muchas dudas que no tienen fundamento, que son patológicas, enfermizas, y debemos dudar de ellas para saber si realmente tienen fundamento.

El “entendimiento desentendido” tiene su razón de ser en el hecho de que hay muchas personas que tienen formación, pero viven desentendidas y se hacen de la vista gorda frente a los grandes problemas existenciales.

La certeza de vivir desviviendo… hasta una persona que no estudió sabe que cada instante que pasa va desviviendo. Es decir, vivimos, pero desviviendo; no hacia adelante, sino envejeciendo, como todo en la vida. Y en eso tuvo sobrada razón el filósofo Heráclito: las cosas son y no son.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Y, a propósito, antes de entrar en su obra más reciente, Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir, ¿cómo surgen sus libros? ¿Cómo han surgido y cómo trabaja intelectualmente el profesor Joseph Mendoza?

Prof. Joseph Mendoza:

—Esas obras surgen, justamente, de la inquietud de hacer algún planteamiento que, modestia aparte, pueda significar un granito de arena, decir algo diferente. Porque el conocimiento tiene sentido a partir del conocimiento de la tradición; y es a partir de esa tradición que uno le da una interpretación propia, creativa, que permita decir algo nuevo.

Tenemos el caso, por ejemplo, del maestro y sabio Platón, que fue maestro de Aristóteles durante cerca de 20 años. Y luego, Aristóteles niega todos los postulados y todas las ideas del maestro. Platón no fue maldecido por eso; lo que hizo Aristóteles fue enriquecer la filosofía, porque buscó su propio camino: creó el realismo, mientras que Platón desarrolló el idealismo objetivo. Platón habla de dos mundos, pero Aristóteles habla de un solo mundo. Aristóteles entiende que la idea es la representación mental que nos hacemos de las cosas; pero Platón dice que son esquemas fijos. De manera que las enseñanzas del maestro, él las asimiló y las aplicó creativamente, buscando su propio camino, no repitiéndolo.

Dr. Alejandro Arvelo:

—¿Y cómo surge un libro como este, Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir? ¿Cómo trabaja el profesor Joseph Mendoza? ¿Qué surge primero: una idea, unas lecturas, un esquema, un cajón de sastre donde va colocando ideas que luego reúne y articula?

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, yo pienso el universo cultural relacionado con la línea de mi pensamiento y lo que escribo. Si noto que por ahí hay un “huequito” que me permita hacer una interpretación con cierto grado de creatividad, entonces abrazo esa idea, la anoto rápidamente y luego empiezo a reflexionarla con profundidad desde diversos puntos de vista para luego escribirla.

Muchas veces, por ejemplo, esos trabajos que están ahí —esos títulos—, algunos de ellos me han tomado dos o tres meses buscarlos para que encajaran perfectamente. La portada de esa obra, por ejemplo, se hizo cerca de 300 veces. La llevé como a 12 publicitarias, con jóvenes creativos, y me decían: “Mire, aquí le tenemos varias propuestas”, y yo les respondía: “No, no me gusta”. “Ah, pero a usted no le gusta nada”, me decían. Y yo les respondía: “No, pero yo le estoy pagando para que me den algo que me deje totalmente satisfecho”.

Eso fue lo que sucedió justamente con Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir, donde hay un corazón y una lechuza como símbolo de sabiduría. Porque siempre se ha dicho —o se ha creído— que la mujer es más emocional que racional, y ahí yo trato de demostrar que no: que la mujer tiene razón, tiene capacidad interpretativa y capacidad analítica.

Por ejemplo, tenemos el caso de Adela Cortina, que es la filósofa que más sabe de ética empresarial en el planeta, y eso está silenciado. O tenemos el caso, por ejemplo, de Edith Stein, una gran filósofa que fue canonizada y beatificada por el papa Juan Pablo II; discípula aventajada de Edmund Husserl, que escribió muchísimos libros y tuvo una interpretación original y auténtica, no solo desde el punto de vista teológico, sino también fenomenológico. Realmente, esta filósofa fue asesinada por el nazismo en cámaras de gas.

En la antigüedad, tenemos el caso de Hipatia: gran filósofa, astrónoma, matemática y oradora, que también fue asesinada, descuartizada con ostracas. Y también el caso de Elena Cornaro Piscopia, que es la primera filósofa en el mundo en obtener un doctorado. Cuando ella fue a presentar su doctorado en teología, le dijeron que no; y ella, rápidamente, empezó a estudiar filosofía. Eso es algo sumamente duro: después de que usted hace una tesis, que se la rechacen por el hecho de ser mujer… Entonces hace su doctorado en filosofía, y cuando empezó a defender su tesis en latín sobre Aristóteles, tuvieron que salir de la universidad, allá en Italia, y trasladarse a otro lugar, porque era demasiada la cantidad de gente que se desvivía y se desvelaba por escuchar a Elena Cornaro Piscopia defendiendo esa tesis, con mucha creatividad, con mucho entusiasmo y, sobre todo, con mucho conocimiento y mucha sabiduría.

El caso de Edith Stein se asimila un poco al caso de Tomás Moro y de Juan Pablo II, que son filósofos que han sido canonizados.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Sin embargo, profesor, el gran público sigue pensando que filosofía y creencia, filosofía y deísmo, se excluyen. A pesar de los muchos nombres inscritos en el quehacer filosófico occidental que son creyentes, ¿cómo ve usted la cuestión? ¿Filosofía y creencias se excluyen? ¿Filosofía y religión son saberes adversos?

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, el hecho es que tienen un fondo de verdad común, y es la creencia. Todo el mundo cree en algo. Por eso yo elaboré un trabajo titulado Duda y creencia en el no creer. Entonces, si yo, por ejemplo, no soy religioso, creo no ser religioso; si soy ateo, creo en mi ateísmo. De manera que todo ser viviente y racional tiene una creencia determinada. Ahí tenemos el caso de Tomás de Aquino y San Agustín, que eran filósofos, pensadores creyentes, y dejaron un legado, un aporte cultural inmenso e innegable.

A lo mejor es temprano para saberlo…

Dr. Alejandro Arvelo:

—Pero, ¿cómo ha sido recibida esta obra, profesor, nacional e internacionalmente? Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir.

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, la obra está en Amazon, disponible. La pondré también en algunas librerías del país. Pero ya la obra está en la India, en Polonia, en los Estados Unidos, en España… lo que indica que tiene buena perspectiva de que el gran público, tanto nacional como internacional, se interese por ella y le dé una mirada crítica —vamos a decir así—, y la valore en su justa dimensión.

A decir de pensadoras del extranjero —y esto lo tengo escrito—, viene a llenar un vacío bibliográfico: es la obra más completa que se ha escrito hasta ahora en la humanidad. Realmente, yo nunca tuve esa pretensión; sino que el tema me apasionó y empecé a trabajar. Me decían: “Tú eres esto, tú eres aquello, porque lo que vives es comprando libros de mujeres”. Y yo respondía con lo que aprendí en la escuela: que hay que ser coherente con lo que uno investiga.

Y nada, seguía con mi investigación, buscando libros en la biblioteca del padre Jesús Hernández —no tengo con qué pagarle, realmente—. Él me decía: “Aquí te tengo unos libros de mujeres”, y me los mandaba, incluso hasta pedirlos fuera. Y todo eso, ya con la biblioteca, yo había fotocopiado, facilitaba los libros; también compraba libros de manera particular, en Amazon, en La Casa del Libro… mandaba a buscar libros en Honduras, en Francia, en Inglaterra…

Tanto así que yo cogí un dinero y lo invertí en esa obra. Toda investigación cuesta, realmente. Aunque esos montos no son muy grandes, para uno sí lo son. Entonces, por ejemplo, cuando mandaba a buscar un libro a Francia, buscaba un profesor y le decía: “Tradúceme esa parte que me interesa”, le ponía un título y escribía sobre eso.

Dr. Alejandro Arvelo:

—¿Cómo surge este libro, profesor? ¿Cuál ha sido el impacto que ha tenido y cómo ha sido recibido particularmente? Aunque quizás sea muy temprano para decir tanto sobre un libro que no tiene todavía ni dos meses de circulación, tengo entendido que ha tenido un impacto realmente considerable, dentro y fuera del país.

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, la obra está haciendo presencia en Polonia, en la India, en los Estados Unidos, en España y, por supuesto, aquí en República Dominicana. Como usted bien dice, el tiempo es todavía muy reciente para que la obra pueda tener una mayor repercusión tanto a nivel nacional como internacional. La misma está disponible en Amazon y no tiene siquiera tres meses de publicada, pero poco a poco va caminando.

Ha contado, vamos a decir, con la anuencia y la benevolencia de la filósofa Rosana Ker, quien ha dicho a sus suscriptores que adquieran la obra en Amazon. La filósofa con postdoctorado Josefa —quien escribió una obra sumamente interesante titulada El aburrimiento— también ha subido la obra a las redes y ha motivado para que sea adquirida.

José Farré Velasco, docente en la Universidad Complutense de Madrid, al igual que otras filósofas, ha valorado positivamente el libro. En el caso de Adela Cortina, Marta también ha visto la obra con muy buenos ojos.

Aquí, en República Dominicana, tenemos el caso de una mujer que ha cultivado la sabiduría, el conocimiento, la filosofía y el lenguaje: Amalia León Cabral, quien en su tesis doctoral muestra una gran capacidad interpretativa, realizando toda una hermenéutica del texto.

También tenemos en el país a Camila Henríquez Ureña, en su texto titulado Invitación a la lectura, donde hace un gran ejercicio hermenéutico de cómo desentrañar los múltiples sentidos de un texto.

De manera que, a decir de varias filósofas de distintos países, esta obra viene a llenar un vacío bibliográfico en el quehacer filosófico de las mujeres. Se está hablando de que es la obra más completa, ya que incluye filósofas de todos los continentes, con temas refrescantes, como por ejemplo: La ropa desnuda en el cuerpo, Vestir, impresionar y lucir, Pornografía, tentación y erotismo, El deleite de la imaginación, La génesis del yo femenino, El intercambio de caricias, Internet, ciberespacio e Internet, La emoción de navegar, Crisis existencial y la necesidad de vernos en el otro, entre otros tantos trabajos que aparecen en la obra.

Prof. Joseph Mendoza:

—En un segundo texto —porque tengo dos libros más sobre mujeres filósofas— vendrá un trabajo sobre Gayatri Chakravorty Spivak, filósofa de la India, así como de la maestra Elsa Zamaán, gran pensadora. Tengo un trabajo titulado Interpretación y comprensión del pensamiento filosófico de Espinoza. También aparecerá un estudio sobre Mabel Altillo, sobre filosofía infantil, y sobre Rosa Elena…

De manera que esa obra vendrá a ser complementada con las dos que tengo inéditas, donde hay muchas filósofas, incluso algunas desconocidas, cuyo pensamiento se ha silenciado. En la trayectoria y el quehacer filosófico de las mujeres, en sentido general, se ha cometido un gran error, lo cual es ciertamente muy penoso: que se haya invisibilizado el pensamiento de las mujeres y que se haya relegado al abismo del olvido, por un interés marcado, realmente sesgado —vamos a decirlo así—. Porque, si se resaltan los aportes de los hombres, también hay que resaltar los aportes de las filósofas.

La filosofía no tiene género: la filosofía es accesible como tal; es una herramienta teórica y conceptual que el sujeto tiene en la mano y que aplica creativamente para entender, en su justa dimensión, los problemas existenciales y la realidad en sentido general.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Es muy de admirar, profesor, que una obra producida por un joven académico y pensador haya logrado esa inserción en el mundo académico y filosófico contemporáneo. ¿Ha tenido usted comunicación directa con algunas de estas filósofas que han tenido acceso a su obra, que la han adquirido y que la han promovido? ¿Le han escrito, usted les ha escrito, han hablado?

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, he hablado, por ejemplo, con Mónica Cavallera, que introdujo la filosofía como terapia —o consultoría filosófica, como también se le llama— allá en España. Pude comunicarme con ella y, realmente, vio con buenos ojos la obra. Incluso me escribió diciéndome que la obra viene a llenar un vacío bibliográfico en el quehacer filosófico femenino.

Hasta ahora, es la obra más completa que se ha escrito en ese sentido. No porque lo diga yo, sino porque lo dicen ellas, las filósofas. Realmente, como le había dicho, nunca pensé —nunca tuve esa pretensión— hacer una obra que tuviese ese alcance, esa dimensión. Simplemente, el tema me apasionó y empecé a leer, a trabajar, a buscar títulos sobre lo que leía y a darles mi interpretación particular. Pero nunca pensé que la obra pudiera ir tan lejos ni tener la trascendencia que las filósofas le atribuyen.

Dr. Alejandro Arvelo:

—¿Cuánto tiempo le tomó concebir el levantamiento de información, la escritura y luego la publicación de esta obra?

Prof. Joseph Mendoza:

—Bueno, esa obra fue todo un largo proceso, realmente, que creo que el tiempo no daría para explicarlo en detalle. En el año 1984, el profesor Juan de la Cruz, de Historia, me facilitó cerca de 12 libros escritos por mujeres y los devoré en cuestión de días. A partir de ahí, empecé a reflexionar y a darme cuenta de que, en la historia del pensamiento, no se destacaban ni se revelaban los aportes de las mujeres. Y yo dije: “Aquí hay un hueco; voy a trabajar esa parte, me voy a interesar por profundizar en el pensamiento de las filósofas: qué ellas dicen, cuál es su lenguaje, cómo escriben, cómo piensan”.

A partir de ahí, aunque parezca contradictorio con lo que dije antes, noté el vacío pero no tuve esa pretensión inicial. Por ejemplo, hay una filósofa del Perú, de nombre Carmen Zavala, que trabaja la “duda cibernética”, es decir, una duda en el mundo virtual, en el mundo tecnológico. También tenemos el caso de Eva Chen, filósofa de Taiwán, que dirige una de las instituciones más grandes de ciberseguridad en el planeta.

En la obra está también Elisabeth Bantagné, una de las mujeres más ricas de Francia, que se interesó no solo por el mundo de los negocios, sino también por la filosofía. Ha tenido mucho éxito empresarial gracias a esa visión filosófica, porque detrás de todo negocio de carácter comercial hay siempre una concepción filosófica sobre la vida.

Esas filósofas —Elizabeth Bantagné y Eva Chen— han demostrado eso, como otras tantas. Por ejemplo, el caso de Ayn Rand, una filósofa de origen ruso que vivió en los Estados Unidos, pensadora extraordinaria, autora, entre otras obras, de La virtud del egoísmo, un trabajo sumamente excepcional.

O el caso de Elsa Cross, en México, que trabaja la filosofía con la poesía y la literatura. También tuve comunicación con Mercedes Barcha —o Mercedes García Márquez, como ella firmaba—, esposa del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. Encontré su correo, le escribí y ella me respondió. Tuve contacto con ella en varias ocasiones, y me dijo: “Yo no soy filósofa”, algo muy humilde de su parte, aunque tenía una especialidad en filosofía práctica o consultoría filosófica, lo cual le ayudó bastante para orientar con su sabiduría a Gabriel García Márquez. Tanto así que este gran escritor llegó a decir en una ocasión que, si no hubiese sido por su esposa, él no habría escrito Cien años de soledad.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Aunque hay un perfil ideal que es un poco el que anima el quehacer de la gestión de la Escuela de Filosofía actual —que es que un profesor de filosofía debe ser a la vez investigador, divulgador y pensador—, quisiera pedirle, brevísimamente, que nos indique cuál ha sido su experiencia y trayectoria en la Escuela de Filosofía: cómo se inicia y cuáles han sido, digamos, las etapas básicas que usted ha vivido.

Prof. Joseph Mendoza:

—Eso yo lo resumiría en una sola palabra, para no entrar en detalle: realmente, me he formado en la Escuela; me ha dado la oportunidad y he adquirido una serie de experiencias con los profesores, sumamente interesantes y novedosas, que me han servido —y me sirven— de herramienta para poder analizar los fenómenos existenciales, comprenderme no solo a mí mismo, sino también comprender al otro.

En una sola palabra, no tendría con qué pagarle a la Escuela de Filosofía por los conocimientos que me ha proporcionado y la oportunidad que me ha dado. Si hoy día esa obra tiene un valor, es gracias justamente a la formación que pude adquirir en la Escuela de Filosofía.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Y, a propósito de “una sola palabra”, profesor, antes de cerrar —digamos que simbólicamente— este diálogo, que siempre cierra el señor director, el profesor Eulogio Silverio, solemos hacer una suerte de ejercicio que consiste en mencionarle un término, es decir, una expresión, una palabra o un nombre, y que el profesor Mendoza nos diga lo primero que le llegue a la cabeza.

Ya sabemos que usted nos ha hablado del maestro Novas y del maestro Luis Federico Cruz.

Prof. Joseph Mendoza:

—Lusitania Martínez es un símbolo; es una persona que tiene una disciplina y una formación amplia, y que mucho ha dado, no solo en el campo de la filosofía, sino también en la cultura, en sentido general. Es una pensadora ejemplar, que ha trillado todo un camino y ha dejado su impronta en la sociedad dominicana. Por tal razón, se hablará mucho de los aportes de la profesora, que ha sabido trazar todo un camino orientador a seguir.

En una ocasión, en el periódico Acento.com, donde el señor Fausto Rosario, su director, me dio la oportunidad, escribí un artículo titulado Lusitania Martínez: símbolo vivo de la filosofía, la sabiduría y el pensar, donde reconozco una parte —no vamos a decir específica— de lo que es su amplia trayectoria, que necesitaría varios libros para ser recogida… y creo que ni así, porque los aportes de la maestra son muy valiosos e inmensos.

Mariotti: un buen pensador, con una visión sumamente crítica; una persona con una formación sólida en el campo de la filosofía, la cultura y la sociología, en sentido general.

Rafael Morla: para cerrar, el maestro Morla es un pensador también con una sólida formación. Aprovecho para decir que le agradezco que, cuando empecé a escribir el libro Duda de la duda, él me apoyó. Decía: “Tú vas bien por ese camino”, mientras otros me decían: “Tú estás loco”. Él respondía: “No, tú estás bien, porque eso —duda de la duda— es importante”.

Con esa obra, Duda de la duda, he podido hacer un enfoque diferente, fundamentado en Descartes y otros pensadores. Incluso Francisco Sánchez escribe una obra titulada Que nadie se sabe, la cual René Descartes llevaba consigo debajo del brazo. Se llegó a acusar a Descartes de plagio en ese momento. Sin embargo, al leer la obra de Francisco Sánchez, me di cuenta de que Descartes no hizo ningún plagio, porque Francisco Sánchez no rebasa el escepticismo —no creía en nada—, mientras que René Descartes convierte la duda en método. Ahí está, vamos a decir, su gran aporte, que no hizo Sánchez.

Dr. Alejandro Arvelo:

—Bueno, profesor, muchísimas gracias. Sabemos que no hemos agotado ni siquiera un costado de todo lo que usted podría legar a la posteridad mediante este Archivo de la Voz. Le doy las gracias en mi propio nombre y en nombre del señor director, el profesor Eulogio Silverio, a quien paso, a seguida, la palabra.

Prof. Eulogio Silverio:

—Muy bien. Anoté aquí todo lo que iba mirando y recordando. Yo creo que una palabra que define a José cuando se enamora de un tema es “pasión, pasión, pasión”. Joseph, cuando coge un tema, hasta que no lo exprime totalmente, no lo suelta. Alguno podría parecer “autista” porque quiere saber el último detalle de cada cosa y, si no lo logra, se mantiene intranquilo.

Yo lo conozco desde hace mucho tiempo: Capotillo, Capotillo y esos entornos, Los Hermanos de La Salle… Recuerdo exactamente —aunque no sé cómo nos vinculamos— que la primera reunión fue donde vivía Alcadio, un amigo de nosotros ya fallecido. Era como una especie de círculo de lectura. El primer libro fue de Tulio Alch Alvelo; yo me enamoré de la filosofía desde ahí, lo vi como algo claro para mí. Después se me presentó el libro de Will Durant, Historia de la filosofía, y ahí leí algunos resúmenes y diálogos de Platón… y bueno, en fin.

Pero no es sobre mí que vamos a hablar. Sin embargo, para la arqueología de la filosofía, esos datos son muy interesantes. Lo digo porque la importancia que tuvieron José y Juan en que yo me dedicara a este camino es vital, y yo siempre lo he dicho y lo quiero siempre reconocer.

Bueno, formamos la Sociedad de Investigación Científica, que funcionó primero en el Politécnico —nos reuníamos allí— y también en La Salle. Luego, el círculo avanzó tanto que teníamos reuniones dos veces a la semana: una, los domingos, con los Hermanos de La Salle —ahí el esposo de una de las que trabaja aquí está presente, y se casaron; sus hermanos no, porque son sacerdotes—, y los sábados para los nuevos.

Quiero decir que ese círculo que se reunía dio muy buenos frutos. Por ejemplo: tenemos a Juan, a Joseph, a mí, a Jason, a Ernesto —que es abogado y llegó a ser fiscal—, a Serafino —que es profesor de sociología—… en fin, son muchos. Ese círculo dio muy buenos frutos.

Luego quiero señalar —porque es una cuestión de testimonio— que quizá ahora me doy cuenta de que ya él era una figura en ese tiempo. ¿Por qué lo digo? Porque, ¿recuerdas, Joseph, que nosotros íbamos en grupo a tu casa como a las 8:30 de la noche? En el contexto familiar, con poco espacio, él inventó una fórmula para formarse como se ha formado.

¿Y cuál era? Bueno, que Joseph, cuando la familia se acostaba, desde ese momento comenzaba a leer; y cuando la familia se levantaba, entonces él se acostaba. Nosotros sabíamos el truco: cuando queríamos hablar con Joseph o escuchar lo que estaba leyendo, íbamos a su casa. Incluyendo a Juan, muchas veces nos aparecíamos a las 8:00 o 8:30 de la noche y, en la terraza, nos pasábamos horas muertas hablando de filosofía.

Ahí formamos la Sociedad de Investigación Filosófica Andrés Avelino, que también lleva el sello de Joseph. Y finalmente —estoy un poco emocionado, ¿verdad que sí, profe?—, finalmente, José, como director de la Escuela de Filosofía, quiero agradecerte lo que tú significas y lo que tu trabajo significa para la Escuela.

Quiero comprometerte para que, a través del profesor Arvelo y de William Mejía Chalas, elijas un diálogo de Platón para El Banquete. No te puedes escapar. Ya no tienes la excusa de decir que no. Así que ponle fecha antes de que te vayas, profesor.

El otro asunto es que también estás comprometido —no es un asunto de elección— para el Sexto Congreso Dominicano de Filosofía Pensar en español: apuesta por la identidad dominicana. Estás comprometido a exponer, posiblemente, sobre alguna de tus obras. Lo que queremos es dejar registro de lo que estás haciendo.

Yo creo que es una oportunidad maravillosa para hacerlo. La obra que Joseph ha presentado, profesor, viendo la pasión con que él trabajó y la minuciosidad en el detalle de cada una de esas mujeres, creo que es obligatorio leerla. Y, sobre todo, para las mujeres que, como él dice, pertenecen a esa “tribu” que ha sido invisibilizada por muchos sectores.

Esta es la oportunidad de oro para las mujeres, y también para quienes no son mujeres, para quienes no tenemos ese tipo de prejuicio, de conocer el aporte de cada una de estas mujeres en el área de la filosofía. Porque es un dato raro: no se duda del aporte que han hecho las mujeres en muchísimas otras áreas, pero en el campo de la filosofía, yo creo que este es un testimonio importante que tú has dejado y que debería recibir el respaldo tanto de nosotros, los varones, como de las mujeres —tanto de las que son feministas como de las que no lo son—.

Porque todo trabajo que esté dirigido a reconocer el aporte de las mujeres o de un grupo que se haya entendido o que haya sido marginado en alguna época histórica o en alguna sociedad, creo que debe recibir el apoyo de todos. Naturalmente, no le vamos a pedir a los que son enemigos de las mujeres que apoyen este libro, pero a las mujeres y a los que somos personas racionales, debemos apoyarlo.

Así que, Joseph, en nombre de la Escuela de Filosofía y en el mío propio, realmente te agradezco que hayas dejado este testimonio para el presente y para el futuro. Muchas gracias, hermano Joseph Mendoza.