Dr. Alejandro Arvelo
Hoy es miércoles 21 de junio, un mes cargado de significación para la República Dominicana por múltiples razones. Son las 3:30 de la tarde de este día y nos encontramos en el despacho del señor director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), profesor Eulogio Silverio, junto con el profesor Ángel Moreta. El profesor Ángel Moreta es una de esas columnas de esta escuela, una de los fundadores propiamente de la nueva Escuela de Filosofía, la cual surge del Movimiento Renovador que plantea claras rupturas con el modo anterior a la revolución de abril, en términos de llevar los asuntos de la escuela e incluso concebir la filosofía en la República Dominicana, especialmente en la UASD.
El profesor Ángel Moreta tiene formación en Sociología, Derecho y Filosofía, tanto en el país como en Brasil y en la Complutense en Madrid, España. Es dueño de una obra representativa que abarca desde la interpretación hasta el tratado. Ha estudiado la realidad social de los campesinos del suroeste y el pensamiento dominicano. Es antologador y ha publicado antologías y recopilaciones de ensayos y artículos de Juan Isidro Jiménez Grullón. Ha compilado las tres principales lógicas de la historia de la filosofía en República Dominicana. Además, es un abogado en ejercicio. Entre sus glorias personales y profesionales se encuentra haber sido parte del movimiento de abril. Estuvo en la zona libre de la ciudad colonial durante el levantamiento de abril, que llamamos Revolución, cuando todavía era un joven.
Allí ejerció como periodista, mentor y pensador de la nueva realidad que planteó ese acontecimiento. Es realmente significativo, uno de los más significativos de la historia contemporánea de la República Dominicana.
El profesor Moreta ha desempeñado el cargo de director de nuestra escuela y aún hoy se mantiene activo, para gloria y orgullo de nosotros, quienes le conocemos y le seguimos. Está al frente del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la primada de América.
¡Bienvenido, profesor!
Prof. Ángel Moreta
“Muchas gracias, Arvelo. Has dicho tantas cosas que me has dejado chiquitico.
En realidad, el movimiento de abril fue histórico y de una importancia enorme en la historia dominicana. En esa época, yo tenía 16 años. Traje aquí varios ejemplares del periódico “Patria”, tal como me pediste, que incluían algunos documentos. En ese periódico, yo publicaba artículos ya en esa época. Durante la guerra, escribía artículos en el periódico “Patria”, por ejemplo, el del lunes 30 de agosto del 65.
Aquí está una foto mía, herido de bala. Digo “estaba” porque una novia que tuve en Brasil no quiso que yo me llevara la foto y la arrancó. Sin embargo, en esa misma página, también publiqué varios artículos cuando el profesor Malagón era el director. Aquí está uno de mis artículos, “Dos etapas en un mismo momento”. Así, publiqué cerca de ocho o diez artículos.
Quiero decir que estuve realmente vinculado, aunque solo tenía 16 años, pero ya había una aspiración y un deseo de enfrentar al enemigo que todavía sigue siendo y lo será por mucho tiempo: los Estados Unidos, el enemigo de la República Dominicana, de los países de Centroamérica, del Caribe y de varios países de América Latina. Ahora quieren dar un golpe de estado en Colombia porque realmente no pueden aceptar un régimen originalmente democrático como el colombiano.
Además, traje aquí algunos documentos, aunque creo que me he olvidado de algunos. Este documento me impactó mucho durante toda mi vida y lo conservo porque es obra de la memoria. Nuestra madurez filosófica y científica viene de muchos años. Desde la edad de 14 años en Baní, ya teníamos un amor por los libros. Recuerdo que mi mamá me mandó hacer un armario para guardar los libros y me dio la llave. Fui a Brasil, pero cuando regresé, no encontré ni un libro.
Creo que en la vida de la persona es muy importante tener un ideal. Y efectivamente, creo que cumplí con eso porque desde los 16 años me inicié en la política, no en una política partidista o partidaria, sino en política en un sentido más general. Y por ahí he seguido siempre hasta hoy. Hoy podría definirme como una persona antiperrialista. Conozco todo lo que ha hecho Estados Unidos en América Latina, los he investigado y tenemos una página web llamada Debate Plural donde siempre publicamos cosas sobre Estados Unidos porque realmente es el enemigo más peligroso.
Los Estados Unidos son un gobierno peligroso, criminal, mentiroso, que cambia las cosas, manipula y juega con la población. Sacan los recursos naturales de nuestro país, los minerales no metálicos, la riqueza forestal, y todas esas cosas. Además, durante un tiempo largo explotaron la caña de azúcar, y antes de eso, explotaron los minerales propiamente dichos hasta el día de hoy. Pero no solo eso, los Estados Unidos tienen un expediente por las dos intervenciones militares y hoy en día, con esas dos intervenciones, no pueden hacer otra cosa que pedir perdón, lo que nunca harán.
Pero ese es mi punto de vista. Creo que estoy situado ahí, a un nivel de firmeza de evidencia teórica y práctica, y que los Estados Unidos realmente son mis enemigos. Particularmente, individualizo, tanto así que tengo una visa hace 30 años y la he ido renovando, pero no voy a Estados Unidos. Tengo miedo de que me hagan como al diplomático venezolano, que te agarran diciendo que te van a investigar y después te meten tres o cuatro años. Prefiero dormir aquí.
Sé que toda mi familia está allá, pero todavía estoy aquí y creo que lo estaré hasta el último minuto porque soy de las personas que piensan trabajar hasta el último día.”
Yo tenía algunos amigos, como Pina Acevedo y Don Ramón, que trabajaron hasta el último día de sus vidas. Otro amigo mío fue Don Ramón Tapia Espinal, y hasta el último día, crié a Cáceres. Encontrar a ese tipo de hombre es muy difícil hoy en día, ya que muchos quieren retirarse a los veintitantos años y recibir su pensión.
Efectivamente, durante los años 95 y 96, tuve una gran depresión. Sentía que no veía horizonte y salí de la escuela. En ese estado de ánimo, aprendí bastante y, aunque no dejé la filosofía, seguí trabajando y me di cuenta de que tenía que volver, lo que hice un año después. Entonces, mis amigos, Morla, Hablando Gio, Alexis Viloria, Fran Acosta, etc., y Orlando Ojillo me abrieron las puertas y me reincorporé. Y hasta hoy sigo aquí. Creo que es muy difícil que me vaya, pues estoy convencido de que puedo hacer una diferencia y me siento identificado.
Tras terminar la guerra, me fui a Brasil porque mi madre me dijo que, si no me iba, me matarían. Entré en pánico y vine a buscar mi bicicleta y mis documentos a la capital. Tenía dos bachilleratos pero no sabía qué más iba a hacer. En el Parque Independencia, me encontré con alguien a quien había detenido durante la guerra. Fui arrestado y enviado a la Fortaleza de Sama. Durante tres días, entregó todo lo que tenía: dos pistolas, una escopeta, y quién sabe qué más. Fue liberado y luego me encontré con él en el Parque Independencia.
Corrí, asustado, hasta que perdí de vista a ese individuo. Después de la guerra, hubo asesinatos, robos y golpizas. Luego vinieron las grandes compañías multinacionales que, hasta el día de hoy, han formado una cultura específica aquí, en cuanto a la clase obrera, la jornada laboral, los salarios y todas esas cosas.
Me fui a Brasil, aunque mi madre me dijo que no tenía beca pero que ella me ayudaría. Con 150 dólares, me mantuve y, aunque pasaba hambre, sobreviví. Había un grupo de dominicanos que me ayudó, como Roberto Tejeda, de Baní, igual que yo, y otros más.
Terminé mis estudios y volví. Mi padre murió el mismo día que llegué. Ocho días después, vi un anuncio en el periódico “El Nacional” de un concurso en la universidad. Participé y gané como ayudante de profesor. Allí conocí a Lusitania, con quien comencé una relación que se convirtió en romance y, después de 11 años, nos divorciamos, aunque seguimos siendo amigos.
También tuve un gran amigo, Miguel, un sacerdote español. Otro gran amigo fue Darío Solano, a quien tuve que sustituir en la dirección de la escuela cuando murió trágicamente en un accidente.
Lo sustituí y después fui reelecto. Además de coordinador de sociología, esos han sido los tres cargos que he tenido. Creo que me desempeñé bien todos ellos e hice todo lo que pude. Hubo también, como parte de la nueva generación, a Morla, quien se fue a Barahona durante unos cinco años. Morla y otro profesor se quedaron allí, la escuela se desarrolló un poco, se ampliaron nuevos temas y llegaron nuevas mentes. Posteriormente, vino un poco de reforma universitaria, se modificaron algunos reglamentos y nosotros terminamos nuestra gestión, creo que fue en el 94.
Después de esto, como mencioné anteriormente, tuve un percance, una especie de dificultad personal y me fui de la escuela. Como había estudiado derecho, abrí mi oficina en la Independencia donde todavía me encuentro. Luego, la escuela se desarrolló ampliamente. Por ejemplo, tú te convertiste en un profesor investigador, Morla se convirtió en un profesor investigador, Orlando Ojillo se convirtió en un profesor investigador, Alexis Victoria se convirtió en un destacado profesor investigador, y así sucesivamente. Hubo todas esas cosas que diversificaron la escuela en varios sentidos.
Porque se abandonó el discurso soviético, aunque nosotros seguimos adscritos, podríamos decir, seguimos pensando en el materialismo dialéctico como filosofía, pero no era el materialismo dialéctico soviético dentro del marco soviético, sino el marco del antiduren, dentro del marco de la dialéctica de la naturaleza y dentro del marco de otras obras, entre ellas Lenin, la crítica de los mercados, la crítica al sujetivismo y todo esto se amplió dentro del marxismo, pero no en forma de repetir textos soviéticos.
Esa gestión ocurrió en el momento de la crisis de la Unión Soviética, cuando la Unión Soviética colapsó. Algunos aliados de la Unión Soviética se pasaron al lado occidental, otros se quedaron allí, se desarrollaron las nuevas repúblicas soviéticas, y surgió Kazajistán, Afganistán y todos los demás. Eso son como diez repúblicas que se desarrollaron, y nosotros seguimos aquí.
Diría que estábamos casi como atrapados dentro de esa filosofía. Nos mantuvimos ahí y todavía mantenemos esa postura, pero no es soviética. Se acaba de publicar un libro ahora en donde algunas partes se aprovechan de un trabajo que hicimos, y lo organizamos de tal manera para darle un perfil de introducción, un perfil en una atmósfera de introducción al conocimiento filosófico.
Puesto que además de eso, hay otros textos que son también bastante significativos y que no son propiamente de esa corriente. Bueno, hasta ahora yo sigo en esas. Nosotros tenemos un conocimiento relativo de los textos, los textos fuera del marxismo, los textos de la fenomenología, el famoso discurso de la ciencia de Hussell. Hubo otros textos muy importantes de Lukács y finalmente llegó el texto de la escuela de Adorno, Walter Benjamin, Adorno y sabe más, y otros. Y últimamente, Hans Albert. Entonces había todo un cuadro ya formado.
No había que zapatear mucho, la escuela estaba ahí, se mantenía enseñando, trabajando. Luego viene una oleada, como la que hemos llamado un Vaticano, vinieron todos oscuros, estudiantes ingresaron a la escuela. Diría que fue una diversidad, una diversidad que en cierta forma pone atrás, porque no bastaba con las obras de Munier, del cristianismo de Roger Agudís, etc., sino que había que buscar algo más. Se avanzó un poco con los cursos monográficos, en el pensum se incluyeron a Heel, Acant, otros textos.
Eso fue muy importante porque desarrollé una actitud multidisciplinaria. Me fui al suroeste, hice un estudio que duró dos o tres años por allá, y fue cuando se publicó este libro. Después hubo un desprendimiento, yo diría una serendipity, como le llaman los metodólogos, que ese salió de este, pero yo no lo esperaba ni lo había pensado. Eran los textos de un notario de principios del siglo 20 que publicó Sociología Aldeana.
Un buen día, un señor me dice: “Oiga, usted conoce la sociología de Ana de Varona”. Le dije que cómo no. Me dice que ese señor publicó muchas cosas. Tomé el nombre, vi lo que era, él era hijo de un caudillo. Me metí en el archivo y busqué todos sus artículos y así se publicó eso.
En cuanto a mi persona, como compilador, se han hecho muchas cositas. Por ejemplo, el libro de Juan Isidro Jiménez Grullón, en el cual yo recuperé ese libro que estaba perdido en la página del periódico El Sol en la década terminando el siglo XX, 1900 casimente el 2000, un mes antes del 2000, publiqué también el de Jiménez Grullón, donde yo, en el prólogo, explicó lo que se le había acusado. Entre ellos estaban Núñez, que me acusaba de ser un copiador o un seguidor junto con Franklin Franco, yo y otra persona, no recuerdo bien quién era el otro, pero el caso es que fuimos señalados como Jiménez Grullón, a favor de Jiménez.
Entonces, en esa introducción de ese libro, yo aclare que entre Regimen y yo existía una gran amistad, había una afinidad intelectual y había cosas así como compartir algunos textos. Juan Isidro Jiménez Ulloa me llamaba todos los días a mi casa, “¿Viste mi artículo, Don Juan?”, “No lo he visto, pero nomás me voy a tomar un café ahora y lo vemos después”. No le gustaba todos los días, teníamos que habernos. Él iba a mi casa o yo iba a la de él. Esas dos partes del libro, Joaquín Balaguer al desnudo y Juan Bosch al desnudo, fue precedida de esa introducción.
La introducción fue muy clara, creo que terminé con ese asunto al exponer allí mi posición. Yo era amigo, pero no un seguidor. Yo era, si se quiere, un no un adulador, sino un amigo, y había muchas afinidades entre Homicidio y yo, y entre ellas estaba el hecho de que todos sus artículos tenía que ver. Cuando salió el libro, una parte estaba dedicada a Juan Bosch y otra parte, como ya dije, entonces esas dos yo las uní y se publicó ese libro.
Le agregué otros textos como apéndice al libro. El último ejemplar lo tengo yo porque ya se agotaron. He enviado el archivo al comité editorial, quienes están pensando en publicarlo con algunas reformas. Lo importante es el libro de Juan Isidro Jiménez, que fue rescatado de periódicos del siglo pasado. Durante ese tiempo de trabajo, recuperé esos artículos.
Si quieres hacerme una pregunta para ayudarme, lo primero es agradecerte por traernos estas fuentes que son realmente testimonios de gran valor histórico. Sabes que el proyecto del profesor Silverio tiene dos objetivos principales: registrar los nombres de las personas que él considera fundamentales para el desarrollo de la escuela en los últimos 40-50 años y, por otro lado, fundar para la escuela el archivo de voz de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Estas primeras intervenciones son para nosotros tan valiosas como el oro o los diamantes. Nos encantaría que nos dijeras, por ejemplo, detalles aparentemente triviales pero importantes para nosotros, como los nombres de tus padres, el lugar donde naciste, la fecha en que naciste, el año en que regresaste de Brasil después de la guerra, el año en que iniciaste tu gestión en la escuela, el año en que te fuiste a España a realizar estudios doctorales, entre otros.
Soy de Baní, Provincia Peravia, un valle de 500 mil hectáreas. Ese valle es el tercer valle más grande después del Valle de La Vega y San Juan. Viví en Brasil durante casi 10 años donde aprendí muchas cosas. Mantuve siempre mi disciplina y estudio, y también tuve una relación amorosa que duró cuatro años.
Regresé a mi país y me dediqué a actividades en Baní. Desde los 14 años fui un político, dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios. Hicimos varias manifestaciones públicas en persecución de actos de corrupción del ayuntamiento. También participé en un programa de radio durante 15 años.
Al finalizar mi bachillerato, tuve un encuentro con el presidente de la república. En aquel entonces, era el presidente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios. Durante una tarde en el parque, el presidente me preguntó qué necesitaba. Yo no tenía nada que pedir. Sin embargo, una persona pidió un empleo en mi nombre y recibió un telegrama de contratación en la oficina de correos de Baní.
Terminé mi bachillerato con una estela de participación política en la provincia. Antes, era parte de la iglesia pero me alejé de ella y también me alejé de un partido llamado Social Cristiano. Después ingresé a la organización 14 de julio.
Todo esto ocurrió cuando aún era muy joven. En el 14 de junio, tuve una gran experiencia; se hicieron muchas reuniones y cosas importantes. Entonces, después del golpe de estado, ocurrió la guerra. Sin decirle nada a mi familia, partí hacia la capital. En plena guerra, partí hacia aquí en mayo. Comencé a desaparecer de todos los círculos y vine aquí. Durante dos días, estuve buscando un lugar donde quedarme. Recuerdo que dormí la primera noche en el edificio donde hoy se encuentra Edesur, frente al cementerio de la Avenida Independencia. Recuerdo que dormí en una escalera y, por la mañana, una señora muy amable me pasó un café. Siempre recuerdo eso porque me conmovió.
Desde ahí salí y encontré a varios en la calle, parados allí como el italiano, Monte Arache, etcétera. Pero yo no pertenecía a ese círculo, yo era solo un muchacho. Recuerdo eso y también recuerdo que llegaron las tropas norteamericanas el día 28. El mar se tiñó con 40 barcos y los helicópteros comenzaron a descender en la feria que no tenía tantos edificios, bajando pertrechos militares y armas. No pararon durante 24 horas. La guerra fue una gran experiencia. De alguna forma, me salvé porque las tropas me dispararon y ese disparo fue el mismo día que salió el periódico con un artículo mío y mi foto en la portada, herido de bala.
Finalmente, la guerra terminó y me fui a Brasil por un tiempo. Regresé, entré a la universidad y conocí a Lusitania. Conocí al profesor, quien era muy amigo de Darío Solano. Me visitaba todos los días en mi casa porque Lusitania salió a estudiar fuera y yo me quedé con los dos niños. De alguna forma, era una gran compañía. A partir de ahí, repito, en esa crisis me fui, después volví y aquí estamos.
La revolución de abril, mirada desde esta altura de los tiempos, ¿valió la pena para usted? ¿Fue una señal de fracaso de la dominicanidad, como veo que el periódico Patria tenía como eslogan “Vocero de la dominicanidad”? ¿Nos mostró la imposibilidad de las revoluciones o fue el ara en que se levantó el país que tenemos hoy? Creo que la guerra de abril fue un triunfo de las mejores energías del país. Aunque estuvo circunscrita a la zona colonial, sin embargo, se dejó sentir en todo el ámbito nacional. Los norteamericanos recorrían todo el territorio nacional día tras día en los famosos aviones que ellos tienen. No quedó una pulgada sin que la retrataran. Por eso, yo también conozco los asuntos y recursos naturales de este país.
Para volver al caso de Baní, mi papá, Ramón Moreta, era un comerciante que vino de la zona norte de la provincia. La zona norte era Cambrón, Vallado, Vaya Onda, Cambrón, Árboles Secos; eran serofíticos. Entonces bajó al pueblo, comenzó una barbería y poco a poco ascendió hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de Baní. Ramón Moreta fue un campesino que se convirtió en comerciante y tenía muchas ramas de comercio. Era muy conocido, tenía una factoría agroindustrial. Mis primeros amigos fueron los hijos de las trabajadoras de la factoría, esos niños acompañaban a sus madres y por las tardes, yo iba allá a los tendales. Los tendales se usaban antes, eran toda la superficie de concreto donde las mujeres regaban el café. En ese tiempo no había secadoras; el sol quemaba el café y lo procesaba de esa manera.
Después, Ramón Moreta fue un edil del ayuntamiento, pero nunca se metió en política. A excepción de que con un amigo íntimo que él tenía, hablaba mucho de política detrás de un armario. Veía eso y no sabía lo que era, pero hablaban mucho de política, de la Segunda Guerra Mundial, de la guerra de Corea, todas esas cosas. De cierta forma, fue un hombre ejemplar. Le robaron muchas cosas, incluso del ayuntamiento que te mencioné, había un caso de eso también. En fin, Ramón Moreta fue un hombre que hasta el día de hoy se recuerda como una persona muy seria. De ahí vengo yo.
Mi mamá se dedicaba a los quehaceres domésticos pero abandonó eso y se metió en la vida comercial porque mi papá quebró. Cuando ella vio a esos cinco niños que no podían pagar el colegio de las Hermanas Carmelitas, decidió lanzarse al comercio. En el mismo establecimiento donde estaban los mismos estantes, ella vino a la capital y consiguió un crédito en el Conde del Palacio, que se llamaba El Palacio, pero ya no existe. Le dieron crédito, levantó una tienda de nuevo y con eso, después, levantó una panadería. Mi papá murió y ella pagaba el colegio con una canasta grande de pan sobao. Éramos cinco y se pagaba eso con el pan en el colegio.
Tuve un percance que me obligó a abandonarlo y fue cuando llegó una superiora de España con una mano grande, casi una manopla, y se metió conmigo. Me hizo sentarme y ese sacrificio era diario. Hasta que un día, a los 9 años, agarré y le di una trompada en el seno derecho. No me hizo nada, yo cogí mi bulto, me lo puse y salí derecho. Llegué a mi casa a las 11 de la mañana, le expliqué a mi mamá lo que pasó y me dijo “Bueno mijo, vamos a la escuela pública mañana”. No me censuró el golpe que le di a esa monja, quien era sumamente grande. Tenía un puño grande, era española y de la falange, porque en esa época todos los españoles que venían eran falangistas, menos un Galindo, ese tipo era intelectual.
En cuanto a mi historia, fue así. Fui a Baní a los 18 años y han pasado los años. Todavía tengo muchos amigos allá, pero la familia ya se ha dividido mucho. Mi mamá murió, mi papá murió hace 40 años. De modo que eso es en cuanto a los orígenes. Yo tuve unos orígenes muy accidentados, pero en medio de todo eso, tenía mis libros en mi biblioteca, tenía mis recortes de periódico, todas estas cosas, hasta que me fui. Después, ya no volví más.
¿Cómo surgió esa relación suya con los libros, en un sentido específico, y luego en un sentido más amplio con la filosofía? ¿Por qué la filosofía? Un joven de Baní, hijo de comerciante, ¿por qué no finanzas, administración o derecho desde el inicio? Bueno, es una pregunta interesante.
Yo tuve una gran amistad con Guillermo Soto, un párroco de una parroquia local. Guillermo Soto me prestó un volumen que era una historia de la filosofía. Lo recuerdo claramente. Esa gran amistad, de cierta forma, despertó en mí el interés por la filosofía porque yo sabía que la filosofía era algo más, era buscar una explicación de las cosas. Cuando te encuentras con una realidad, detrás de esa realidad hay otra. Por lo tanto, me sentí muy atraído hacia la filosofía.
Cuando llegué a Brasil, pasaron cosas curiosas. Fui a la embajada el primer día de agosto y me encontré con el Comandante Pocho Fernández, quien había sido enviado allí como cónsul. Me dice “muchacho, ¿qué haces por aquí?” Le dije que vine a estudiar. Entonces, fuimos a la cancillería, me inscribí y ese mismo día fui a la universidad.
Recuerdo que un señor, el Señor Peixotto, me hizo mi carnet del convenio cultural Brasil-República Dominicana. Parecía un pasaporte y me entregó, prácticamente, mi pasaporte estudiantil. Luego me dice “Roberto, vamos para la Universidad Católica”. La Universidad Católica quedaba en el otro extremo de la ciudad, en un barrio de la zona sur de Río de Janeiro. Llegamos a la universidad, buscamos la escuela y me presento allí. La secretaria, Fátima, me trató muy bien y me inscribió de inmediato.
Me resultó increíble cómo ellos resolvieron todo en un día. Al día siguiente, ya estaba en la universidad.
Allí, tuve una gran curiosidad. Vi una revista llamada “Revista Brasileira”, donde había un volumen dedicado a la revolución de Santo Domingo, y yo venía de allí, prácticamente recién salido de la situación. Compré esa revista, muy interesante, y la puse debajo en el compartimento de mi butaca durante mi primera clase.
Al lado mío había una chica, María Teresa Ravelo Tostes, que se convirtió en una gran amiga y más tarde en mi novia. Pasamos mucho tiempo juntos, estudiamos juntos, y luego ella se unió a la cadena Globo. En ese punto, nuestra relación comenzó a distanciarse un poco, ya que dejó un poco los estudios y yo continué en la universidad hasta el último día.
En cuanto a los profesores que me marcaron, está Guillermo de Soto, que fue mi profesor y dejó una huella en mí. Desafortunadamente, ya falleció. Durante mis estudios universitarios, el único profesor que me sirvió de inspiración, modelo y estímulo fue Jiménez Grullón.
Estuve a punto de ser muy amigo de Juan Bosch. Cuando era director de la escuela, organizamos una conferencia sobre el socialismo en la República Dominicana y llevé a Juan un volumen fotocopiado de los textos de Chapuzón. Juan no estaba familiarizado con esto, lo encontró interesante. Sin embargo, nuestra amistad se degradó después de que llegué dos minutos tarde a una conferencia a la que lo invité.
A lo largo de los años, he tenido muchas amistades y he conocido a mucha gente, pero a nivel de inspiración no encontré aquí ningún profesor que realmente me marcara, tal vez solo Darío Solano un poco. Sin embargo, siempre he sido bastante independiente, hasta que encontré a estos grupos de amigos, entre ellos Alexis, con los que formamos una comunidad importante para la escuela. Hasta el día de hoy, seguimos trabajando juntos.
Alejandro Arvelo:
Profesor Moreta, si tuviera que rememorar su gestión, la cual se recuerda como una afirmación de hacer filosofía en el sentido en el que se establecen derechos y se hacen cumplir sentencias, ¿cómo recuerda su gestión? ¿Cuáles fueron sus logros? ¿Qué ideas tenía en mente que no pudo aplicar? ¿Cuáles fueron las dificultades que confrontó? Bueno, recuerdo la exposición de Ortega que vino a esa exposición. Gustavo Bueno dictó una conferencia, la recuerdo como si fuera ahora.
Angel Moreta:
Gustavo Bueno ya murió, ¿cierto? Me estás preguntando sobre algún acontecimiento, yo creo que ese evento fue importante porque le dio un perfil a la escuela. Trajo de España una exposición sobre Ortega y de la fundación Ortega que se mantuvo en la Biblioteca Nacional durante dos meses. Después también tuve una fase mexicana, ahí conocí a Lidia González y otras personas, pero fue a un nivel de amistad y de esos asuntos. Creo que fui un solitario en el sentido de que no encontré a nadie, a excepción de ese grupo que mencioné que fue muy importante para la escuela. Hoy ha dado sus resultados, ahí están todos ustedes, claro, porque tú también fuiste parte de eso. Claro, en la medida en que te integraste, fuiste a Barahona durante cinco años y te mantuviste entre nosotros. Hubo algunas pequeñas cosas, creo yo, pero con un sentido general siempre estuvo claro, además en filosofía, la disensión es saludable, así que tú también te mantienes hasta hoy aquí. Todo eso es muy importante, así como hablamos de su gestión en la escuela que terminó en el 94. ¿Quién le sucedió en la escuela? ¿Félix Gómez o José Ulises?
Si tuviéramos que pensar en su obra, profesor Moreta, ¿podría identificar, digamos, algunas líneas de frecuencia, algunas tendencias claves desde sus primeras publicaciones hasta las últimas? ¿Podría identificar algunas etapas, períodos o puntos de inflexión? Había una revista del periodista Peña, el padre de Pecar Peña, que publicaba mis artículos mensualmente. Siempre venía un artículo llamado “Estampas Literarias”, que consistía en una página a dos espacios, algo así como esto. Ahí exponía unos pensamientos y desarrollaba estos pensamientos sombreados. No, no sombreados, yo hacía… eran bonitos. Eso está en la revista, esa revista que la publicó ahora íntegra la fundación, pero entonces ahí están nuestros artículos. Esa fue la primera, la segunda inclinación que tuve fue que llené dos récords, dos libros de cuentos en ese periodo del 63-64, escribí cuentos, dos maletas llenas, más de 28, 40 o 25. Eso está ahí guardado como un recuerdo.
El otro fue un diario de la guerra. El otro récord fue un diario de la guerra que yo escribí, un diario de todo lo que iba pasando. Eso lo comencé en Barniz y lo seguí aquí en la capital, ese diario está ahí, lo tengo guardado como una reliquia, algo del pasado, porque de hecho es algo del pasado. Esas son las influencias, después cambié cuando entré a la filosofía en la universidad, ya cambié por un discurso heterogéneo, había este tipo de cosas, fenomenología, el discurso de Husserl, el discurso de las ciencias, la ciencia europea, la crisis de las ciencias europeas. Este no tuvo un acercamiento al pensamiento de Marx, sí, pero parece que por las circunstancias de la dictadura en Brasil, solamente los intelectuales manejaban el asunto del marxismo.
Entonces otra influencia que tuve fue en la sociología, estudié en la escuela de filosofía y ciencias sociales, era una escuela un poco ecuménica y tuve contacto con los grandes sociólogos brasileños, y con Cardoso que fue presidente después. Tengo todas esas obras y realmente fue algo que me influyó también. En cuanto al marxismo, yo vine a desarrollarlo aquí, aunque ya mi pensamiento era un poco crítico, pero vine a desarrollarlo aquí, fue que yo vine, entonces leí, estudié El Capital. Sí, llegué a participar en algunos talleres en la ciudad colonial y tengo algunos de esos cuadernillos. Todavía sigo trabajando en base al marxismo, todo lo que hago por ejemplo, es una nota de pie que dice aquí.
En su globalidad es el intento es importante en nuestro país si tomamos en cuenta la inexistencia del trabajo de campo en las ciencias sociales y dice en otra parte que se trata de un esfuerzo de reconstrucción histórica y sociológica que comienza con los efectos del capital comercial que es la forma primitiva del capital. Es una nota de pie. Sigo a Marx históricamente. El capital en su enfrentamiento con la propiedad de la tierra se presenta en un comienzo y en todas partes bajo la forma de dinero, como patrimonio directo, como patrimonio dinerario, capital comercial y capital usurario. Sin embargo, no hace falta echar una ojeada retrospectiva a la protohistoria del capital para reconocer en el dinero su primera forma de manifestación, es decir, que el dinero es la primera forma de manifestación del capital. De modo que nosotros mantuvimos esa posición, nos desarrollamos así, vino ese grupo, Dios ayudó mucho a contribuir con todos ellos y fue muy importante.
Entonces ellos me decían que no me vaya. Ayer hablábamos de eso, “No, yo me voy”, “No se vaya, yo le doy toda la clase, no se vaya, ¿cómo usted se va a ir y nos va a dejar a nosotros así?” Entonces, sin embargo, yo no escuché nada, me fui. Pero ellos estaban dispuestos a formar un grupo electoral para llevarme a mí a la posición. Sí, lo que estaba empezando en la época, sí, cabía un poco, pero yo no me incliné por eso, me fui, me jubilé a los 24 o 25 años con 13 mil pesos. Esa fue mi jubilación, esa jubilación subió a 13 con el tiempo, ha ido subiendo y ha llegado a 38,000. Pero yo debía haberme quedado, hoy lo veo así, debía haberme quedado porque iba a ser más fructífero. A propósito de su trayectoria en la universidad, para felicidad de la escuela, tenemos a una persona como usted al frente del Instituto de Investigaciones Filosóficas.
Nos gustaría que nos hable acerca de su trabajo, de sus logros, y cómo afronta el día a día, dado que es importante para la historia de esta escuela. ¿Cuáles son las líneas de investigación que ha trabajado en el Instituto? Los estatutos del Instituto estuvieron 20 años en la gaveta hasta que Fran y yo hablamos sobre ese documento. Él se comprometió a ponerlo en movimiento e hizo una serie de cosas. Lo llevó al consejo técnico, pero no se aprobó el Instituto hasta dos o tres años después en el consejo universitario. Así, se perdió mucho tiempo.
Alrededor del año 2009, Alexis entra como director honorífico. Hizo un excelente trabajo sin que la universidad gastara un centavo en él, y lo dirigió hasta el 2015 o 2016. Entonces, entré a dirigir el instituto, dado que solo un jubilado puede ser recontratado. Sin embargo, mi nombre apareció en la bandeja de la politiquería. Como resultado, quedé fuera, pero luego me llamaron de nuevo y volví a entrar.
En cuanto a las líneas de investigación, ayer reestructuramos algunas cosas. Tenemos cinco unidades, cada una con distintas líneas de trabajo. Por ejemplo, en la filosofía latinoamericana se agrupan varios temas muy importantes. Continúo con mi interés en esta filosofía. Pablo me dijo que Rojo Osorio, un autor puertorriqueño-colombiano, había terminado un libro importante sobre la filosofía latinoamericana, y yo lo llevé a Roberto para que lo publicara en el Archivo General de la Nación.
Además de la filosofía latinoamericana, tenemos otras unidades: filosofía dominicana, teoría del conocimiento, metodología, etc. La secretaria Eugenia pasó ayer las modificaciones que le hicimos. Otros temas que ocupan un lugar primordial son la filosofía de la liberación y la teología de la liberación.
Ahora bien, hablando de filosofía en la República Dominicana, yo considero que este es un tema complicado. Durante la era de Trujillo, los filósofos fueron extremadamente condescendientes y se ocuparon de cosas diversas sin un método claro. Armando Cordero, por ejemplo, es un cronista que organizó y comentó muchas cosas. Comienza su discurso identificando a Pedro Ricureña como el pensador que realmente participó en la creación de la filosofía dominicana.
No obstante, en medio de ese berenjenal sobresale el pensamiento ligado a la dictadura, a la tiranía de Trujillo. A pesar de que no eran textos propiamente filosóficos, se pueden destacar algunos autores que se salían un poco del cauce. Andrés Avelino fue uno que se metió demasiado. Creó la idea de que el pensamiento filosófico dominicano era más que el positivismo, era materialista y se contraponía totalmente a la filosofía espiritualista. Según él, él era a favor del cristianismo y los demás eran comunistas. En ese sentido, diría que Andrés Avelino se desvió del camino.
El primer pensador dominicano que vio el imperialismo, sin mencionarlo, fue Ostos. En la introducción a su Tratado de Ética, habla del imperialismo a nivel global, desde la destrucción de Hawái y las poblaciones indígenas hasta los indígenas Apache de Estados Unidos. Es muy importante resaltar que Ostos lamentó profundamente la toma de Puerto Rico. Los Estados Unidos estuvieron a punto de hacer lo mismo en Cuba, pero fueron detenidos por la introducción de la enmienda Platt en la Constitución de Cuba, la cual les permitía intervenir en el país en cualquier momento.
El positivismo fue una corriente muy importante en América Latina, de gran peso. Fue un positivismo distinto al positivismo europeo. Ya sabemos lo que pasó en Europa, pero, en fin, aquí fue un positivismo progresista, como también lo fue en Cuba y tal vez en Puerto Rico.
Fue un movimiento importante. Por otro lado, antes de Trujillo, entre los años 1915 y 1930, aún predominaba la escolástica y ese pensamiento religioso y falangista, ambos estaban mezclados. Además, hubo una serie de pensadores, como García Godoy, los hermanos Enríquez, que fueron sumamente importantes. También se vieron comprometidos otros pensadores, como Américo Lugo. Esto no es filosofía propiamente dicha, pero no deja de participar del ambiente filosófico. Estos pensadores se vieron obligados a responder y proponer la des-evacuación del país. Ahí vino una gran polémica nacional que fue el plan Juve peinado, el otro plan. Fueron tres planes de des-evacuación del país y se presentaban corrientes diferentes que, aunque no son propiamente filosóficas, no dejan de serlo. Porque eran pensadores, como Américo Lugo, que reflexionaron sobre la nación, el estado, y sobre esos conceptos que vienen de la filosofía europea, de la filosofía política europea.
Ese grupo de pensadores previo a 1930 ya que en ese año comenzó una nueva situación con el asesinato del líder Mauricio. Durante la era Trujillo comenzó una represión muy fuerte, entre ellas está la muerte de Mainardi en Santiago, es decir, los esposos y la cabeza del caudillo Estrella Ureña. Todo un ambiente se vio y el pensamiento tuvo que abordarse a eso y adecuarse a ese asunto, por lo menos hasta 1935, cuando surge el pensamiento de Manuel Arturo Peña Valle que trata de fundar un pensamiento político. Pero en esencia, no puedo responder si hay filosofía dominicana o no.
Yo creo que hay atisbos. Cabral, Moscoso, Puello representan un cierto pensamiento nacional. En cuanto a la filosofía, todo el mundo sabe de la carta que le mandó a Einstein. Fue al interior. Así que tenemos que seguir buscando las raíces a ver qué podemos encontrar, pero yo creo que hubo un pensamiento muy cerca de la filosofía. Aunque la mayoría fue superficial. Sin hablar de otras cosas que surgen en la era de Trujillo y la iglesia representa un pensamiento que en los 30, la iglesia fue combatida por el esposo de Josefina Padilla, que fue vicerrectora. Se llamaba Sánchez. Tiene varios libros. Él enfrentó a la iglesia en un tribunal, le pidió al juez que bajara a la iglesia de estrado, que la iglesia no tiene personería jurídica. Y tuvo que bajar, la iglesia bajó de estrado porque no tiene personería jurídica en la República Dominicana. Pero a los tres meses, Trujillo le dio una ley dándole personería jurídica a
la iglesia, y ahí comenzó todo ese proceso que ya conocemos de más de 30 años en que la Iglesia Católica tuvo una influencia tremenda y en la década del 40 recibió edificios en todas partes, en toda la provincia, recibió edificio para los colegios, para las iglesias, las parroquias, fue un poder inmenso que alcanzó la iglesia. Pero en esencia, no puedo decir que sí hay filosofía, pero tampoco no. Hace poco puede decir que no, ciertamente el pensamiento dominicano ha dado tumbos y ha tenido sus oscilaciones, donde hay una mezcla de política, filosofía, letras. Antes los más resaltantes eran las letras, la filosofía no tanto.
Y respecto al viejo tema de la identidad que viene rondando la filosofía desde Parménides y Heráclito, se puede seguir hablando de dominicanidad, como de identidad. Remitiendo a un conjunto de caracteres que hacen que los dominicanos sean dominicanos, yo creo que sí, se puede hablar de una dominicanidad en las personas, en los ciudadanos y ciudadanas que tienen una postura nacionalista, sobre todo con las intervenciones norteamericanas. Eso generó una corriente de identidad basada en la dominicanidad. En cuanto a la ciudadanía, hemos avanzado mucho. Fundamentalmente ahora se habla de ciudadanía como filosofía, pero siempre está esa confusión de que yo no puedo afirmar que hay una filosofía dominicana, como tampoco puedo negarlo.
Este ha sido un tema interesante pero largo. Para finalizar, te diré tres términos y me gustaría saber qué evocan en ti: política, filosofía y democracia. Respecto a filosofía, ya he dicho bastante. En cuanto a política y democracia, me gustaría conocer tus impresiones.
Bueno, hablemos de democracia. Antes de la constitución, la democracia existía de forma un tanto ridícula y poco desarrollada. ¿Qué democracia? ¿La de los Estados Unidos? ¿La de los países nacionalistas de América Latina? ¿Cuál democracia? Hasta hoy tenemos una democracia enferma, incompleta, que no tiene una definición nacional propiamente dicha, que no tiene aún una identidad. Tenemos una democracia canalla, miserable, pobre, que solo sabemos defender.
Existen democracias rebeldes, si se quiere, como las de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que buscan realmente un desarrollo democrático y por eso tienen Asambleas Constituyentes. Venezuela, por ejemplo, tiene una Asamblea Constituyente muy importante. Nosotros, en cambio, no tenemos Constituyentes.
Aún somos como una democracia canaria, parecida a la de Haití, incluso peor. Es decir, somos una colonia y la democracia que tenemos es colonial porque nuestro estado no defiende los recursos naturales, no defiende las riquezas sociales.
Los Estados Unidos influyen en nuestra política. Aquí, ellos dicen: “Presidente, firme”, y pienso: “Ah, mira, eso es porque la embajada está interesada”. Nosotros queremos que no estén tan influenciados por Hawái, queremos una línea de comunicación limpia. No es Hawái lo que representa eso, por lo que queremos que usted no firme para que nosotros podamos desarrollar nuestra línea de comunicación limpia.
Luego llegan visitantes, como Laura Richardson, Sherman, el Comando Sur, que ha visitado muchas veces, e incluso Abinader, que ha visitado unas diez veces. Yo escribí un artículo que se llama “El Disparatoso”. Esta es la democracia que Estados Unidos quiere, le conviene. No le conviene una democracia como la de Venezuela. Nosotros no tenemos constituyentes.
Una Constituyente es una asamblea en la cual se plantean los grandes problemas que hay que modificar en el país. Nuestra Constitución habla de una Constituyente, pero es una mención engañosa porque está concebida para que sean los diputados y senadores los que la formen. La Constituyente verdadera está formada por el pueblo, como ocurre en México y Argentina.
Por lo tanto, tenemos una democracia rara que depende de lo que digan los Estados Unidos. Somos una colonia, como Haití. La isla entera estuvo y está en manos de Estados Unidos. Ellos inventan sus mentiras, sus engaños, su lenguaje, mandan gente, tienen un dominio total de la economía, de la sociedad y del estado. No podemos hablar aquí de constituyentes porque no existe, no se ha creado. La Constitución pretendió crearla, pero la puso en manos de senadores y diputados.
Respecto a la política, yo creo que la política es la polis, la sociedad. Aquí la política es un juego de mal gusto porque los políticos no piensan en la dominicanidad ni en la identidad. El político piensa en la riqueza, en conseguir mucho dinero, en darse la buena vida, en tener negocios. Para ellos, el Congreso es un negocio, no tiene ningún empuje, es una mediocridad.
Creo que la política ha sido tratada muy mal. Tenemos una relación teórica entre democracia, política y estado. ¿Es posible hacer algo? ¿Estamos perdidos? ¿Qué lugar le reservarías a la filosofía, profesor, frente a este panorama en este aquí y ahora que vivimos?
Nosotros tenemos caminos diferentes y no tenemos un método. No existe un método que podamos decir: “Vamos a trabajar en esta línea”. Cada quien tiene su tema. Algunos hablan del extranjero, otros de la inteligencia artificial, otros de diversos temas. Podrían ser importantes, pero se nota que no hay una sustentación de un método.
Hace falta un método. Vienen desde el Vaticano y hablan su cosa. Otro viene con un discurso positivista. Hay una diversidad que podría ser buena, puede ser el origen de algo, pero veo una falta de método en la educación, en la investigación. Cada uno puede hablar de lo que quiera y se hace especialista en ese tema. Ese es uno de los motivos por los cuales la filosofía no ha avanzado mucho.
En cuanto a mi parte, profesor, no me queda más que ratificar mi agradecimiento y mi admiración por este diálogo. El señor director ya puede plantear alguna pregunta o dar alguna información. Creo que ustedes están haciendo una buena labor. Esto nunca se había hecho aquí.
Prof. Eulogio Silverio
Nosotros, que hemos vivido diferentes etapas de la Escuela de Filosofía, y nuestra labor es documentar todo lo que se ha realizado, pasar lo que se dejó en formatos análogos a un formato digital y ponerlo a disposición de las presentes y futuras generaciones.
Como usted, muy bien ha señalado, en este momento, todos estamos hablando idiomas diferentes, queremos dejar al menos testimonio que estamos aquí, que estamos haciendo algo.




