Dr. Alejandro Arvelo
Hoy es miércoles, 20 de marzo de 2024. Nos encontramos en el despacho del director de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el profesor Eulogio Silverio, para dar continuidad al programa “El Archivo de la Voz”. Hoy contamos con la visita del profesor Juan Manuel Acosta.
El profesor Juan Manuel Acosta es filósofo, egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Realizó estudios en el Seminario Conciliar Santo Tomás de Aquino. Es candidato a doctor por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y la Universidad del País Vasco, y maestrante del programa de Metodología de la Investigación Científica de nuestra escuela.
¡Bienvenido, profesor Acosta!
Es un honor contar con su presencia en este programa de la gestión del profesor Eulogio Silverio.
M.A. Juan Manuel Acosta
Gracias.
Dr. Alejandro Arvelo
Como es de su conocimiento, este programa ha sido ideado para proyectar hacia el futuro las voces, ideas y perfiles de los profesores de gran renombre y peso en la escuela, entre los que usted se encuentra.
Buscamos que nos aporte elementos suficientes acerca de su trayectoria vital: ¿De dónde es usted? ¿Quiénes son sus padres? Comparta con nosotros sus recuerdos de infancia, anécdotas, trayectoria académica y, naturalmente, su carrera profesional.
Así que bienvenido, profesor Acosta, tiene usted la palabra.
M.A. Juan Manuel Acosta
Gracias, me siento honrado con la invitación y muy a gusto aquí.
Juan Manuel Acosta es un amante de la vida, así me considero: un amante de la vida y del buen vivir. Para mí, el buen vivir es simplemente armonía conmigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con la trascendencia.
Vengo de una clase social muy humilde, no sé si hay otro término, de la zona rural de Moca. Mi familia es de origen campesino, de la montaña, concretamente en Carretera Moca-Amado. El instinto de supervivencia llevó a mi padre a mudarse a San Francisco de Macorís, como era tendencia en aquellos tiempos.
Mi padre era uno de los más pequeños de una familia de 18 hermanos. De los que sobrevivieron.
Se mudó a San Francisco de Macorís junto con otros hermanos, primos, compadres y amigos de la juventud temprana, buscando nuevas oportunidades. Mi madre es de la misma comunidad, de Puesto Grande, y según me cuentan, mi padre iba cada 15 días a cortejarla y se quedaba con sus familiares.
La boda se celebró el 5 de febrero de 1971, hace ya mucho tiempo. Se mudaron a Macorís, pero pronto tuvieron que regresar debido a la muerte de un familiar, lo que provocó que mis padres cuidaran de personas que estaban en situación de vulnerabilidad allá.
De ahí surgieron mis raíces, alegres junto a muchos niños de la comunidad. No teníamos juguetes, así que ejercitábamos la creatividad para crear nuestros propios juguetes con los materiales que teníamos, básicamente árboles. La imaginación crece, al igual que las relaciones, el intercambio y, por supuesto, la motricidad. Todo esto se desarrolla enormemente en el campo y en la montaña.
Trabajábamos esencialmente en la cosecha del café en la zona cafetalera. En aquellos tiempos, el horario y cronograma escolar en el campo era diferente al de la ciudad: el año escolar comenzaba en enero y terminaba en septiembre. Cuando pasé a quinto grado, surgió el cambio, junto con las preguntas obligadas: “¿Y las vacaciones?”.
Fue una infancia bonita y feliz, aunque nunca había visto el mar desde Puesto Grande, solo las sierras y los cafetales. Conocí el mar cuando tenía unos 20 años. ¿Tiene usted algún recuerdo o anécdota de la infancia que haya marcado su vida?
Bueno, tengo muchos recuerdos. Aún conservo la amistad de algunos compañeros de mi primera experiencia escolar, aproximadamente en kínder o primer grado, aunque no tengo la precisión de la memoria. Recuerdo algunos niños que no eran de mi comunidad, sino de una cercana, que asistían a mi escuela. Aún somos amigos y mantenemos contacto.
Básicamente, esa fue mi experiencia constante con los animales en casa. Por temas de subsistencia, siempre había algunos cerdos, cabras o vacas. El tiempo fuera de la escuela también lo dedicábamos a colaborar en casa, cuidando los animales y ayudando en otras tareas. En general, toda mi vida fue una experiencia bonita, aunque con carencias.
En cuanto a los profesores de primaria e intermedia que marcaron mi vida, mi profesora que me enseñó a leer y escribir luego fue mi alumna en la universidad. ¡Qué bonito y gratificante fue! Me emociona todavía.
Ella era como mi segunda madre y una de las mejores amigas de mi madre. No sé si fue el destino, pero desde hace unos 35 años viven una al lado de la otra.
Sí, en Puesto Grande, todos recuerdan a ese niño y también los recuerdos de sus padres, hermanos y la vecindad. Definitivamente, después de la escuela, si era en la mañana, los quehaceres de la casa se hacían en apoyo al hogar. Ya en la tarde, era momento para los juegos de todos los niños del vecindario: juegos de placas, juegos con la pelota y otros juegos informales. Luego, tocaba hacer las tareas escolares en casa, con una vela o una lamparita de gas humeante.
Después de la educación preuniversitaria, surge la universidad y el seminario. ¿Cómo surgió esa vocación por el pensamiento abstracto y la filosofía? ¿Qué relación tuvo esa educación preuniversitaria con la influencia de mi padre en mi vocación como maestro y filósofo? Hay muchos elementos que se conjugan. Mi maestra Ondina me ha dicho, aunque no lo recuerdo exactamente, que yo escribía bonitos pensamientos para ella. Al comenzar a escribir, mi caligrafía requería interpretación para entender lo que había escrito, pero no recuerdo con exactitud esos primeros escritos. Mi maestra insiste en que producía bonitos pensamientos.
En bachillerato, tuve que trasladarme lejos de mi casa, a la ciudad de Moca, al Liceo, caminando dos kilómetros aproximadamente. Primero iba a pie y luego tomaba un transporte público. Cursé dos años en el Liceo y después me trasladé al Seminario San Pío X en Licey al Medio, motivado por un sacerdote al que admiraba. Quería ser como él. Lo que más me llamó la atención era su alegría; veía a mis padres y a los vecinos siempre estresados, pero él parecía no tener nunca problemas.
Desde temprana infancia, participé en pastoral juvenil y clubes de jóvenes. Creo que tenía alrededor de 8 años cuando hubo una corriente de fundar clubes juveniles en mi comunidad. Fue una experiencia muy hermosa, donde plantamos árboles frutales a la orilla del arroyo y de la carretera. Aún hoy en día, hay caimito y guanábana de esos tiempos.
En el seminario, debo confesar que fui un mal estudiante. Nunca reprobé una materia, pero me interesaba más aprender que cumplir con las responsabilidades de los profesores. Esto me convirtió en una referencia para otros estudiantes que obtenían mejores calificaciones, pero venían a mí para preguntar sobre conceptos o para que les escribiera algo. No cumplía mucho, pero me esforzaba por aprender y formarme una buena cultura general.
De ahí también surgió mi interés por la ciencia, básicamente la biología, probablemente por influencia de mi profesora Flor Guzmán, en el segundo año de bachillerato. Igualmente, nació mi interés por lo abstracto, por la religión desde niño, y luego la búsqueda de sentido. En bachillerato, me encontré con un libro del padre Mateo Andrés, un sacerdote jesuita y doctor en psicología clínica, titulado “El hombre en busca de sentido”, y leí otros libros asignados por los profesores de literatura, y algunos por interés propio.
En el seminario, ¿hubo algún maestro que ejerciera particular influencia sobre mí? Mi primer contacto con la filosofía se produjo en esos dos años de bachillerato. Estuve en el seminario durante los últimos dos años de bachillerato, donde la maestra Oriana Serrata, de literatura, mostraba cierta preferencia por la poesía. Aprendí mucho de ella. Hablaba mucho sobre Manuel del Cabral, y pude leer a este autor dominicano y otros de la literatura universal.
De hecho, desde la escuela primaria, un maestro me llamaba “El Infante”, en referencia a Don Juan Manuel. Él me motivó a leer “El Conde Lucanor” en la primaria, y ya en bachillerato aproveché el tiempo, sobre todo en esos dos últimos años. Así, terminando el bachillerato, ingresé a la carrera de Filosofía.
Dr. Alejandro Arvelo
–¿Por qué filosofía y no otra carrera profesor?
M.A. Juan Manuel Acosta
—Bueno, antes de la filosofía, cursé el año propedéutico, que es obligatorio en el seminario. Es un año para cubrir algunas lagunas que se quedan en el bachillerato, principalmente en lectura, ortografía, algo de cultura general y como una introducción al seminario y a las funciones del futuro sacerdote. En ese tiempo, también aproveché el espacio para involucrarme mucho en el uso de la biblioteca. Ahí encontré un documento de Leo Cirac sobre la historia dominicana que fue muy interesante.
Más adelante, durante mis estudios de filosofía, conocí al padre Benavides, cuyo nombre completo era Carlos Benavides, un sacerdote jesuita que fue mi profesor de Historia de la Filosofía. Él siempre escribía para la revista del seminario, llamada Perspectiva, que creo que ya no está activa. Algunos de sus artículos, como La excisión del ser y El período de la hidra, me parecieron muy interesantes. A lo largo de los años, estas lecturas fueron despertando mi interés.
Mi preocupación por lo social también se mantenía latente, pues formaba parte de nuestra misión en el seminario. Hoy día, creo que he dejado menos tiempo para la lectura, porque me he enfocado más en la acción social. El pluriempleo y la necesidad de colaborar un poco han reducido mi tiempo de lectura, pero me han permitido contribuir de alguna forma.
De sus estudios de filosofía, ¿qué filósofo, pensador o escuela dejó una huella importante en su formación como intelectual, filósofo y académico?
El existencialismo. Creo que es un tema de interés tanto para el profesor Eulogio como para la profesora Lucitania, pero sobre todo, el existencialismo cristiano ha sido mi fuerte y mi preferencia. Mi tesis de filosofía se basó en la ética del existencialismo cristiano, desde la cual reflexionamos sobre la ingeniería genética. En los años 90-95, en la República Dominicana, había muy poco conocimiento sobre genética. En general, a nivel global, se estaban iniciando importantes revoluciones en el campo de la genética y la bioética. En ese momento, por ejemplo, estaban los experimentos de Ian Wilmut con la oveja Dolly. La llamaron Dolly porque tenía la ubre bastante grande, en honor a la actriz estadounidense Dolly Parton. ¡Vaya ocurrencia!
Dr. Alejandro Arvelo
¿Y sus estudios doctorales influyen en esa inclinación hacia el existencialismo, la afirman o le permiten conocer otras escuelas y autores?
M.A. Juan Manuel Acosta
He seguido más o menos la misma línea. Paulo Freire es mi soporte a nivel doctoral, un humanista de primera y revolucionario en la educación, que promueve una educación transformadora de la realidad. El existencialismo sigue presente.
Dr. Alejandro Arvelo
A propósito de Freire, la educación y el existencialismo, ¿cómo concibe usted el rol de un profesor o maestro en el siglo XXI?
M.A. Juan Manuel Acosta
—Uff, es una pregunta importante. Mire, yo pienso que el maestro (prefiero usar “maestro” en lugar de “docente” o “profesor”) es una figura de transformación dentro y fuera del aula, un referente de éxito personal. Mateo Andrés tiene un libro sobre la identidad del maestro, Maestro, ¿sabes quién eres?. Su visión es que el maestro es una imagen de Jesús, el maestro por excelencia. En mi perspectiva existencialista, considero que el maestro debe ser un referente de progreso para sus discípulos, un agente en formación constante, comprometido consigo mismo y con la comunidad, aportando ideas para mejorar la sociedad.
Los estudiantes verán al maestro como un superhéroe y le perdonarán debilidades naturales, pero nunca le perdonarán la doble moral. Los niños no le permiten a su superhéroe favorito la doble moral, y creo que el maestro, especialmente el de filosofía, debe asumir este rol como un estilo de vida, no solo como un medio para ganarse la vida.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Cómo visualiza usted una clase ideal de filosofía?
M.A. Juan Manuel Acosta
—Totalmente democrática. El aula no es solo un espacio de aprendizaje, aunque esa es su esencia. También es un espacio de enseñanza, y el profesor o profesora, especialmente de filosofía, debe guiar el proceso. Tiene la responsabilidad específica de corregir y de aportar su punto de vista sobre la realidad natural y posiblemente sobre las realidades ficticias.
¿Cómo percibe usted la relación entre filosofía y ciudadanía, considerando esa enseñanza democrática de la filosofía que ha mencionado?
Si tuviéramos la posibilidad de llevar estos conocimientos, o al menos alguna reflexión del profesor o profesora de filosofía, a la comunidad o a las juntas de vecinos, habría un impacto real y se construiría verdadera ciudadanía. Sería ideal si la Escuela de Filosofía de nuestra universidad pudiera crear algún programa para motivar círculos de estudio en las comunidades, e incluso algún mecanismo para recoger impresiones informales de conversaciones en profundidad sobre temas concretos.
Tal vez estoy siendo ambicioso, pero se podrían capturar impresiones sobre cuestiones como medio ambiente, higiene, la relación de Dios con la humanidad, economía, geopolítica, y cualquier tema que se debata en la comunidad o el barrio. Sería útil sintetizar esas ideas, ya que a veces son formidables.
Dr. Alejandro Arvelo
Se tiende a pensar, profesor, que Dios es el gran ausente de la filosofía, o viceversa. En resumen, parece que religiosos y filósofos se excluyen mutuamente. ¿Cuál es su visión al respecto?
M.A. Juan Manuel Acosta
En una ocasión, escribí un artículo titulado El debate bioético, que debería publicarse en algún momento. En él reflejé la diferencia histórica entre fe y ciencia, entre fe y razón. El Papa Juan Pablo II, en los últimos años de su vida, escribió la encíclica Fides et Ratio, donde expuso que la fe y la razón son como las dos alas que llevan al hombre hacia su proceso de humanización. Creo que existen puntos de disidencia, pero también hay que buscar aquellos en los que coinciden.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Cree usted que hay lugar para Dios en la tradición filosófica de Occidente?
M.A. Juan Manuel Acosta
Sí, lo creo. En el existencialismo, encontramos tres tendencias: el agnóstico, a quien no le importa si Dios existe o no; el ateo, que considera que el ser humano es un ser arrojado al mundo y que Dios está ausente (Sartre lo expresó con su concepción de que el ser humano debe “sobrevivir si puede”); y finalmente el crítico, como Feuerbach, que lanza una ofensa hacia Dios, argumentando que si Dios existe, debe ser un bárbaro por haber creado la humanidad para luego abandonarla a su suerte.
Sin embargo, en el existencialismo cristiano, vemos la presencia de autores como Marcel y Kierkegaard, quienes reflejan un deseo de abrir un espacio para Dios. Creo que la filosofía no tiene por qué excluir a Dios. Sócrates, Platón y Aristóteles, sin ser religiosos, abrieron la posibilidad o la necesidad de concebir a Dios.
Dr. Alejandro Arvelo
La gente suele pensar que los filósofos siembran ateísmo en el mundo, y como ha mencionado, Sócrates, Platón y Aristóteles no eran propiamente religiosos, pero reservaban un lugar para Dios. Esto se ha visto a lo largo de la historia, con grandes pensadores filosóficos en Occidente.
Permítame compartir una anécdota: en un congreso de filosofía americana, me encontré con una filósofa dominicana, la profesora Elena Pérez de la UNAM, quien también había trabajado el tema del existencialismo. Le pregunté si, con su conocimiento de la historia de la filosofía, creía que Sartre sería un filósofo perdurable más allá de su siglo, y me respondió que sí.
Así que le pregunto a usted, profesor Juan Manuel Acosta:
¿Cree usted que filósofos como Marcel o Kierkegaard perdurarán con el tiempo, y que dentro de mil años serán leídos tan actuales como los sentimos hoy?
M.A. Juan Manuel Acosta
Me parece que sí, que hay propuestas que durarán mucho tiempo. El tema de la libertad, la reflexión sobre lo cotidiano, esas preguntas de Sartre y las preocupaciones de Kierkegaard, por ejemplo, sobre los tipos de personalidad o cómo una persona pasa de un estado estético (donde la preocupación es cómo me perciben, cómo me veo) a un estado ético y un ser humano consciente de Dios, son propuestas que perdurarán. Kierkegaard también propone que el hombre se asuma como un proyecto de sí mismo.
La autorreflexión, la pregunta sobre el papel que cada uno tiene en el planeta, la responsabilidad histórica e individual son cuestiones que toda persona, en algún momento, se plantea. Se preguntan por el sentido de la vida y su papel en el mundo, y cómo ser feliz. Creo que seguiremos hablando de Kierkegaard durante muchos siglos.
En cuanto a su propuesta sobre la concepción de Dios, en la Edad Media quizás la sociedad teocéntrica funcionaba como un mecanismo de control social. El libro El Mundo de Sofía reconoce esos mil años como “la noche oscura de la humanidad”, donde todo se retrasó: se prohibieron los deportes, las artes, y la democracia. No había necesidad de economía, pues la sociedad se basaba en el reconocimiento de Dios, con la iglesia y el rey decidiendo lo que cada persona debía hacer.
Afortunadamente, ese periodo quedó atrás, aunque grandes pensadores como San Agustín, Guillermo de Ockham y Santo Tomás de Aquino hicieron, a su manera, una defensa de ese estilo de vida, así como críticas al sistema al que pertenecían.
Dr. Alejandro Arvelo
A propósito de la democracia y de su afirmación de que la clase de filosofía debe ser democrática, ¿cree usted que la democracia dominicana es democrática, profesor?
M.A. Juan Manuel Acosta
—¡Tremenda pregunta! Bueno, creo que tenemos mucha influencia de la democracia norteamericana, pero aquí no tenemos un Pentágono. Hay una influencia significativa, como se ve en la tendencia que ha adoptado América Latina, y en República Dominicana en particular, del aprendizaje por competencias. Algunos críticos señalan que este modelo es muy industrializado. En matemáticas, por ejemplo, si el objetivo de aprendizaje es aprender cierta fórmula, no hay tiempo ni espacio para conversar sobre cómo podría aplicarse esa fórmula, solo se enfocan en la fórmula en sí.
La posibilidad de abordar temas transversales, como el medio ambiente, se ve limitada por este modelo. Sin embargo, es un modelo democrático o educativo impuesto. Por ejemplo, la tendencia en el manejo de referencias bibliográficas con el modelo APA. Existen muchísimos otros modelos, pero parece que estamos excluyendo los demás y tratándolos con desprecio, cuando son tan buenos como el APA. Hay una especie de colonialismo académico que ha sido libremente aceptado.
Dr. Alejandro Arvelo
Mencioné al Pentágono porque la democracia norteamericana tiene un equivalente a las Cortes en las monarquías constitucionales, una institución encargada de darle continuidad al Estado. Se trazan unas políticas que siguen más allá de un período constitucional.
¿Cree usted que hay continuidad en el Estado en República Dominicana, profesor?
M.A. Juan Manuel Acosta
—Uf, creo que hay intentos. La linealidad en los propósitos nacionales es a veces difícil de distinguir. Hay organismos descentralizados con misión, visión, filosofía y valores que perduran en el tiempo, independientemente de quién gobierne. Hay políticas de desarrollo nacional y estrategias de desarrollo que están ahí, que deberían ser asumidas por quien gobierne en un momento determinado. Sin embargo, a veces en la práctica no se ven, están bien reflejadas en el papel, pero en la práctica no se aplican.
Dr. Alejandro Arvelo
Y sin salirnos del plano nacional, yendo a nuestra área de trabajo, ¿cree usted que se podría hablar propiamente de un pensamiento filosófico dominicano, de una filosofía dominicana, o de un quehacer filosófico dominicano? ¿Cómo lo ve?
M.A. Juan Manuel Acosta
Hay mucho por hacer, y afortunadamente hemos tenido y tenemos pensadores que han asumido la responsabilidad de reflexionar sobre lo dominicano. Puedo decir incluso que hay temas originales que no se han tratado ampliamente en otros lugares, como la filosofía de lo virtual, por ejemplo. El maestro Andrés Merejo ha hecho importantes contribuciones en ese campo. También, en la historia dominicana, tenemos pensadores como Pedro Henríquez Ureña y Pedro Francisco Bonó, que han hecho grandes aportes a nivel internacional. Actualmente, contamos con pensadores que también contribuyen desde nuestra Escuela, profesores que han hecho grandes aportes y se están ocupando de reflexionar y contribuir al pensamiento.
Como crítica a mí mismo y a nuestra Escuela de Filosofía, pienso que deberíamos pensar más como una escuela, sin limitar la libertad y la diversidad temática o de línea, pero esforzándonos un poco más para trabajar en conjunto.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Qué deberíamos hacer para lograrlo?
M.A. Juan Manuel Acosta
Hay un tema pendiente, que es el de pensar en unificar el método de investigación, o al menos el protocolo de investigación de la universidad. Creo que esta es una tarea para nuestra Escuela.
Dr. Alejandro Arvelo
Qué bonita manera de cerrar esta conversación que, como toda conversación filosófica, es transitoria y debe continuar más adelante. Como es costumbre en estos diálogos, profesor, le mencionaré algunas expresiones para que me diga rápidamente qué le evocan. Empecemos por el final:
Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
M.A. Juan Manuel Acosta
Debe ser y asumirse como vértice para el desarrollo del pensamiento y una crítica a la cultura y la identidad dominicanas.
Dr. Alejandro Arvelo
Centro Universitario Regional de Santiago y Centro Universitario Regional del Noreste.
M.A. Juan Manuel Acosta
Vértices para el desarrollo de las regiones, codo a codo con ideas desarrollistas. Deben asumirse y definirse como vértices para el desarrollo regional.
Dr. Alejandro Arvelo
Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo
M.A. Juan Manuel Acosta
Me siento en casa, como en una cuna bien cómoda en la facultad.
Uf, quiero volver a vivir en la comunidad, al menos los fines de semana. Puesto Grande es una sección municipal con un paraje llamado Moquita. Ese es mi lugar.
Dr. Alejandro Arvelo
República Dominicana presente y futuro
M.A. Juan Manuel Acosta
Creo que hemos logrado bastante. Llegué a la ciudad capital en 1993, cuando la Torre del Sol era el edificio más alto, junto con El Guacalito. Veinte y tantos años después, casi treinta, la ciudad ha cambiado enormemente. Hemos logrado mucho y podemos ser un referente de éxito global en ciertos temas, como en el deporte y el arte. Lo somos, lo somos.
Muchísimas gracias, profesor Juan Manuel Acosta. Es tradición que estos diálogos los cierre el profesor Eulogio Silverio, nuestro director e ideólogo de estos encuentros con los académicos de nuestra Escuela.
Prof. Eulogio Silverio
—Gracias.
En nombre de la Escuela de Filosofía y el mío propio, queremos agradecer al profesor Juan Manuel Acosta, gran amigo de Víctor Burgos.
Noto que la historia de todos nuestros académicos tiene un origen casi común, luchando desde abajo. Son personas todo terreno. La calidad se aprecia en sus acciones y en sus palabras.
Me llamó la atención que mencionara que no era un estudiante común, que se preocupaba más por aprender que por obtener buenas notas. Me llamó la atención porque creo que cometí el mismo error, ¿verdad? Me preocupaba más por aprender, por leer cosas que no tenían que ver con el curso, y a veces me perdía en esas lecturas en lugar de preparar cuestionarios para aprobar las asignaturas.
Recuerdo que Dustin, quien está por ahí, una vez en una clase de Historia Social Dominicana con la profesora Carmen Amador. Leímos todos los textos, manuales. que se habían escrito para esa asignatura, pero no llenamos los cuestionarios, porque eramos sus monitores, les ayudaremos con todos sus grupos de clase, por una exposición que realizamos y le llamó la atención.
Nos dedicamos a esa clase todo el semestre, pero no sabíamos que la profesora nos iba a pedir los cuestionarios. Se suponía que, si estás ayudando al profesor, deberías dominar el contenido. Y un buen día, de repente, al día siguiente debíamos traer los cuestionarios, pero no estábamos preparados, así que tuvimos que amanecer trabajando toda la noche.
Nos dimos cuenta de que no teníamos todos los libros necesarios, así que fuimos a pasar la noche en la Biblioteca Central de la UASD. Antes, solía amanecer abierta. Llegó un momento, como a las 3 o 4 de la madrugada, en el que dije: “Con lo que sé, obtengo un 90, me voy a dormir un poco”. Pero Dustin insistió en continuar. No se conforma fácilmente. Y fue así. Cuando nos reunimos en la Plaza 24 de Abril, mientras esperábamos la hora del examen 9 am, Dustin seguía estudiando. Sacó la mejor nota, y yo obtuve como un 93, una buena calificación, pero no la mejor.
Prof. Juan Manuel queremos ese artículo que mencionó para la Revista de la Escuela La Barca de Teseo. Revíselo, si considera que hay algo que deba corregirse. Está comprometido a entregarlo para el próximo número, así como colaboraciones para otros números futuros. Debemos fortalecer los órganos de expresión de la Escuela de Filosofía.
Además, quiero comprometerlo para realizar actividades actividades que pongan la filosofía de cara al público, especialmente en el centro de Moca. Es importante hacerlo, para que los centros no terminen funcionando como liceos. Debemos llevar los recursos que tenemos allí y junto a usted que está allá realizar actividades de calidad todos los semestres.
He recibido buenas referencias de los estudiantes que vienen a Santiago a estudiar, en especial los que estudian medicina, a quienes usted les ha impartido docencia. Esos muchachos son personas disciplinadas y muy buenas. Moca merece un centro universitario del más alto nivel académico.
El otro compromiso que queremos de usted, es que se integre al trabajo del Sexto Congreso Dominicano de Filosofía. En esta ocasión, queremos dedicarlo a la filosofía en español, incluyendo Latinoamérica y la República Dominicana, buscando nuestra identidad para no perdernos en este mundo tan confuso. Así que debe integrarse en los trabajos organizativos y también como expositor.
M.A. Juan Manuel Acosta
—Acepto el reto con mucho gusto.
Prof. Eulogio Silverio
—Qué bueno.
Finalmente, quiero agradecer al profesor Alejandro Arvelo. Sin él, esta entrevista no sería lo mismo, con sus preguntas y sus aportes.
Profesor, usted tiene su público.
Pues muchas gracias profesores.
Dr. Alejandro Arvelo
—Encantado.
M.A. Juan Manuel Acosta:
Gracias a ustedes por la oportunidad




