Dr. Alejandro Arvelo

Son las 11:29 del miércoles 11 de octubre de 2023. Nos encontramos en el despacho del Director de la Escuela de Filosofía, Profesor Eulogio Silverio, para dar continuidad a uno de los programas centrales de su gestión: “Archivo de la Voz”. Este programa busca conservar y legar a la posteridad las voces, las ideas, y los perfiles profesionales y personales de los maestros destacados de esta escuela.

Hoy tenemos la ocasión de continuar con este programa en presencia del Profesor Fernando Valdez. El profesor Valdez es egresado de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Posee una Maestría en Educación Superior y un doctorado en Filosofía por la Universidad del País Vasco. Es uno de nuestros expertos en análisis del discurso y en filosofía política. A pesar de su juventud, posee una vasta cultura y una amplia experiencia docente. Comenzó sus labores en la Escuela de Filosofía como auxiliar docente o monitor, posteriormente fue ayudante de profesor y, en la actualidad, se desempeña como es de esperarse, como profesor activo tanto en la Sede central como en los Recintos y Centros Universitarios regionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Profesor Valdez, en nombre del Profesor Eulogio Silverio, director de la escuela, le doy la bienvenida a este programa “Archivo de la Voz”, mediante el cual el Profesor Silverio se ha propuesto legar a la posteridad la voz y el perfil ideal de los académicos de nuestra escuela.

¡Bienvenido!

Dr. Fernando Valdez

Es siempre un placer participar en los conversatorios, simposios, diálogos y cualquier panel que organice la Escuela de Filosofía. Siempre hemos estado dispuestos a colaborar. Considero que es plausible la iniciativa de archivar la voz de los maestros de esta institución. Estas tareas, que regularmente se llevaban a cabo en gestiones anteriores, como la del maestro Rafael, quien fue uno de los pilares en la dirección de esta escuela, han ido perdiéndose con el tiempo.

Recuerdo que, cuando ingresé como estudiante a la Escuela de Filosofía, tuvo lugar el primer Congreso Dominicano de Filosofía, en el cual participé como oyente. Luego, me involucré en las lecturas que se realizaban en la librería Mazca y otros foros académicos. Era enriquecedor escuchar la voz del maestro, sus exposiciones y disertaciones. Estas tareas, que se han ido perdiendo, deben retomarse. Cuando los directores posteriores asumieron el cargo, posiblemente no encontraron el apoyo necesario para continuar con esas tareas tan fundamentales.

La Escuela de Filosofía, como centro académico y escuela de pensamiento, cuenta con un gran número de doctores graduados en la Facultad de Humanidades. Si hablamos del cuerpo académico de nuestra universidad, sería pertinente comenzar desde un enfoque general para luego ir a lo particular. Debemos reflexionar sobre lo que la universidad ha estado haciendo en los últimos años, sus programas, reformas y renovaciones.

En mi opinión, la estructura actual de la universidad con su modelo de gobierno se ha agotado. Este modelo no facilita la investigación ni el posgrado, no invierte en recursos académicos, publicaciones ni investigación. Se ha convertido en una institución donde los docentes se limitan a dar clases y los incentivos provienen principalmente del ámbito burocrático y no del ámbito docente e investigativo. Esto debe cambiar.

Los profesionales que han tenido la experiencia de graduarse en programas y convenios con la Universidad del País Vasco han notado ciertas incongruencias. Encuentran absurdo y contradictorio que en una academia se realicen campañas de proselitismo político y que la motivación laboral dependa exclusivamente de un puesto administrativo.

Finalmente, aunque no participé en el movimiento renovador, observé las reformas académicas que el maestro Aquino Febrillet intentó gestar en 2011. Participé como miembro de la escuela de filosofía, reflexionando sobre la visión, valores y filosofía de esta Universidad. Si bien no todo quedó plasmado, somos conscientes de nuestra tradición en una entidad que fue erigida con una bula papal en la “Postulato Cine Primada de América”. Esta tiene una larga tradición, fue cerrada por un tiempo y, cuando se reabrió, lo hizo con un modelo napoleónico. Posteriormente heredó el modelo del movimiento renovador de la Universidad de Córdoba, donde existen organismos de cogobierno. Estos organismos implican que las autoridades no son sólo académicas, sino también administrativas, de empleados y estudiantes. Sin embargo, ese modelo se ha agotado, y hemos visto sus resultados. Recordamos que quienes participamos en esa comisión de reforma académica para la Universidad Autónoma de Santo Domingo, junto al distinguido maestro Félix Gómez, planteábamos cuestiones vitales para la academia. Posteriormente, él fue director de la oficina de planificación sectorial. Desde esa posición, al menos se tenía una idea clara de la reforma universitaria. No obstante, la universidad sigue con un modelo burocrático y administrativo que no promueve la investigación ni proporciona recursos para ello.

Dr. Alejandro Arvelo
Respecto a la metodología, hay dos perspectivas. Por un lado, Marx sostiene que el hombre es la clave para entender la anatomía del mono, mientras que Freud afirma que el niño es el padre del hombre. Aunque no se excluyen mutuamente, desde el interés del profesor Silverio, propongo que adoptemos la segunda perspectiva. ¿De dónde proviene el profesor Valdéz? ¿Dónde nació, creció y qué hizo en su juventud? Aparte de la práctica de deportes y la gestión cultural, ¿cómo se formó ese joven que luego sería un brillante estudiante de filosofía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y abrazaría la docencia?

Dr. Fernando Valdez
Un aprendiz de filosofía es un amante del saber, tal como lo definió Pitágoras. Sin embargo, al comenzar mis estudios primarios en el Liceo Víctor Garrido, mi principal pasión era el atletismo y los deportes. Fui miembro de la selección nacional de atletismo para el programa infantil y competía en los 100 metros planos y 250 metros planos en la competencia de relevos. El Liceo Víctor Garrido siempre se destacó, obteniendo el primer lugar entre los grandes liceos participantes, especialmente cuando las competencias se realizaban en el estadio que, en ese entonces, llevaba el nombre de Juan Pablo y que posteriormente fue renombrado como Estadio Olímpico Sánchez.

A lo largo de mi vida, he experimentado diversas transformaciones y descubrimientos. Por ejemplo, competíamos contra liceos como el Ramón Pané, el Fernando Arturo de Meriño y la Unión Panamericana. Este último, debido a su proximidad al estadio, practicaba a diario. Sin embargo, nuestra entrenadora, Belquis, del Liceo Víctor Garrido, no nos preparaba adecuadamente. A pesar de ello, siempre logré obtener el primer lugar en las competencias de relevos.

Mi habilidad en el atletismo la transfería al béisbol, deporte que me apasionaba aún más en mi infancia. Fui llevado a la liga deportiva dirigida por un reconocido técnico de béisbol, cuyas prácticas se llevaban a cabo en el estadio de la Cervecería Nacional Dominicana. Este técnico me buscaba especialmente por mi agilidad y rapidez. Siempre trataba de emular los estilos de grandes beisbolistas que veía en la televisión, como Miguel Dilón.

En ese tiempo, había una notable rivalidad entre los jóvenes jugadores. Recuerdo que, al unirme al equipo, me entregaron un bate para que practicara. Aunque no tenía experiencia usando guantes, ya que jugaba sin ellos, muchos no querían que me uniera a sus prácticas. Durante mi primer día, el técnico notó mis movimientos y puso especial atención en mí, lo que me generó cierta presión. A pesar de que tenía una buena postura, me dieron un bate de metal bastante pesado, a lo que no estaba acostumbrado, ya que solía jugar “vitilla” con bates más livianos.

Ese día no logré conectar con la bola. Sin embargo, él insistió en que continuara practicando para mejorar mi técnica con el bate y los guantes. Recordaba que muchos de los peloteros a quienes él les pedía autógrafos no poseían las habilidades que yo mostraba. A pesar de ello, desde ese primer día, no volví a intentarlo. Aunque no logré conectar con ninguna bola, él siempre visitaba mi casa, me motivaba y me enviaba mensajes. Él creía que con el tiempo podría dominar las herramientas necesarias para el béisbol. A raíz de esto, también me retiré del atletismo, especialmente después de mi última experiencia en los 250 metros. Hay anécdotas que no compartiré, relacionadas con los dirigentes de la selección de atletismo de aquel tiempo. A pesar de haberme transferido para estudiar en el Liceo Víctor Estrella, la maestra me eligió para representarlo. Es común que te integren a equipos aunque no pertenezcas a la localidad o categoría específica. En esa época, a pesar de no haber practicado ni seguido una dieta adecuada para mi tipo de cuerpo, siempre confiaba en ganar. Recordaba una competencia en la década de los 80 donde, sin preparación, un competidor anunció que el primer lugar ya era suyo. Con ese pensamiento, entré a la competencia, pero un joven que trajeron de San Cristóbal, evidentemente más preparado, me superó rápidamente. A pesar de mi intento de alcanzarlo, no pude y otros competidores me adelantaron. A nivel académico, no era muy dedicado en la primaria, pero las matemáticas me fascinaban. Tenía una profesora que nos enseñaba lógica matemática, especialmente teorías sobre verdad y falsedad.

Me gustaría hablar un poco sobre un tema relacionado con un conversatorio que usted tuvo recientemente. Me interesa saber cómo se crea la mentalidad del sujeto. Recuerdo que en ese entonces, uno de los conectores lógicos que he utilizado está relacionado con lo que he hablado desde el ámbito de Fernando, cuando era un joven atleta.

Sin embargo, en el ámbito académico e intelectual, la perspectiva cambia. Recuerdo a esa maestra de matemáticas que nos enseñaba álgebra y lógica simbólica desde octavo grado. Fue la única que me exoneró debido a mi comportamiento. En las demás materias, aunque yo me consideraba un estudiante normal, me tachaban de travieso.

Arvelo, antes de discutir sobre el último panel de Enerio, quiero mencionar que el método de enseñanza que tenía esta maestra era similar al de Andrés Avelino. Cuando tomé el curso de lógica formal, él me enseñó el silogismo y el razonamiento deductivo aristotélico. Un ejemplo que citó fue: “Todos los metales son conductores de electricidad. El hierro es un metal. Por lo tanto, el hierro es conductor de electricidad”. Argumentaba que los principios y las leyes de la lógica, que son fundamentales en la investigación científica, no pueden ser refutados. Si la premisa mayor de ese silogismo aristotélico no es cierta, sería sumamente improbable, según la revisión que hizo Peikon en su obra.

La maestra Lucía, recordando su pedagogía práctica, propuso un desafío: tomar un cable de alta tensión, tomar hierro y demostrar si conduce electricidad. Si se lograba, se merecía un premio Nobel. Este ejemplo me marcó y lo recordé cuando supe de la operación de Andrés Avelino y su posterior fallecimiento debido a problemas de próstata.

Volviendo a mi maestra de matemáticas, me enseñó sobre la implicación condicional en lógica, donde si el antecedente es verdadero y el consecuente es falso, la implicación es falsa. Explicó que pocos maestros traducen esto al lenguaje cotidiano. Ella quiso enseñarme la diferencia entre pensar y razonar. Usó un ejemplo donde un ladrón, al escapar, salta desde un techo y muere al caer. Ella decía que él pensó en saltar, pero no razonó las consecuencias.

Para tener éxito en la vida, no solo debemos pensar en nuestros actos, sino razonarlos. Si consideramos la proposición y la inferencia de que para tener éxito en la vida no solo debemos pensar sino razonar, podemos entender que si el antecedente es verdadero y el consecuente es falso, algo está mal. Aunque no creo que fuera el mejor ejemplo, especialmente para un joven. En lógica clásica, este tipo de razonamiento se clasifica como hipotético. Un ejemplo sería: “Si el espermatozoide fecunda al óvulo, se produce el embarazo”. Si la primera condición ocurre y la segunda no, entonces hay una causa necesaria que no se ha cumplido.

Como joven, siempre quise desafiar este tipo de enseñanzas. Creía que pensar y razonar eran lo mismo. A pesar de ser considerado travieso, creo que siempre estuve en la norma.

En el Liceo Víctor Garrido, ubicado en el kilómetro 10 de la Avenida Independencia, cerca del mar Caribe, propuse un desafío a un compañero que tenía experiencia en el área. Él sabía, por ejemplo, que no debes sumergirte en las zonas con huecos porque ahí impactan las olas. Las áreas con rocas planas no sufren este impacto. A pesar de su advertencia, decidí aventurarme en esa zona, y él no quiso hacerlo. En ese momento reflexioné sobre cómo, muchas veces, lo que consideramos ilógico resulta lógico cuando poseemos un conocimiento más profundo de la situación.

Posteriormente, decidí inscribirme en la universidad y opté por la carrera de filosofía, buscando algo distinto. También participé en un grupo de teatro. Aunque no me inclinaba por la actuación, disfrutaba escribir guiones y crear. Esta habilidad me fue útil más adelante. Por ejemplo, mientras daba clases en un colegio, elaboré una obra original que combinaba cuentos infantiles de Dickens, entre otros, en un musical. Quería resaltar la disparidad socioeconómica entre los estudiantes de diferentes colegios. Nuestro esfuerzo fue reconocido con un primer lugar en una competencia.

Siempre me han fascinado las obras realistas, en particular las de García Lorca. Durante mi tiempo en la universidad, aunque comencé después que muchos, concluí antes que la mayoría. A pesar de que muchos compañeros abandonaban ciertas asignaturas difíciles, yo perseveré, como en el caso de la lógica simbólica impartida por Dimas.

El plan de estudios de la escuela de filosofía era riguroso en aquel entonces, abarcando ciencias políticas, sociología y otros temas. Quienes estudiábamos ahí nos sumergíamos en la historia de las ideas políticas, familiarizándonos con clásicos como “La República” de Platón o “La Política” de Aristóteles. Estas lecturas, junto con otras como “El Príncipe” de Maquiavelo, nos proporcionaban una base sólida. La formación en filosofía es enriquecedora porque ofrece herramientas para comprender tanto las humanidades y ciencias sociales como los fundamentos de la ciencia, ofreciendo una perspectiva crítica amplia.

Bien, nos graduamos de la universidad. En aquel momento, graduarse con honores representaba un verdadero sacrificio. Hoy en día, pienso que, sin querer generalizar, se trata con mayor suavidad a los estudiantes actuales en comparación con los de nuestra generación. Realmente, al ingresar a la academia como ayudante o auxiliar, siempre me dediqué a las labores de extensión universitaria. Bajo la dirección de Fran Acosta, quien también fue director de la Facultad de Humanidades, se implementó un programa de apadrinamiento de escuelas. A través de este programa, decidí regresar al Liceo Víctor Garrido, donde me conocían como atleta, y ofrecer algunas conferencias. Quería mostrar una faceta diferente de mí, ya que entendía que la vida de un atleta tiene un límite temporal. En el mundo académico, en cambio, uno siempre puede renovarse, cambiar de ideas y opiniones. Hay transformaciones en la academia que no se encuentran en el mundo deportivo. 

Recordando mis años de educación básica, media y preuniversitaria, aparte de la profesora Gladys de matemáticas, hubo otros educadores que dejaron una huella en mí. En la Universidad Autónoma de Santo Domingo, tuve el privilegio de ser formado por maestros de alta calidad académica como Tomás Nova, Alejandro Alvelo y Jesús Tellería. Ellos nos incentivaban a consultar las fuentes primarias, algo que considero esencial en la formación filosófica. La gestión de Rafael Mla, por ejemplo, destacó la importancia de la investigación en filosofía. Un filósofo no debe ser solo un docente; debe ser también un investigador.

Recientemente, tomé un curso de tutor virtual y noté que aún falta mucho para incentivar adecuadamente la investigación. La plataforma Moodle que utiliza la universidad se basa en teorías constructivistas, pero no promueve la consulta directa de fuentes primarias. Esta carencia es grave, especialmente si consideramos la importancia de las bibliotecas virtuales en la educación en línea. Las universidades deben tener acceso a materiales protegidos por derechos de autor, y esto requiere de inversiones. Por supuesto. He corregido el texto tomando en cuenta las normas gramaticales y procurando que mantenga su significado original. 

Algunos modelos educativos actuales parecen adecuados únicamente para instituciones de nivel intermedio. Sin embargo, las universidades de prestigio no pueden conformarse con esto. Por un lado, buscan soluciones a esta situación, y por otro, buscan invertir en plataformas que les permitan un acceso directo a la fuente principal: los estudiantes. Hay universidades como la de APEC que cuentan con textos de filosofía, como “La historia de la filosofía”, mientras que nuestra universidad no dispone de tales recursos. Los especialistas en la materia debaten sobre la diferencia entre un experto en contenido y un tutor. Un experto en contenido no es tal por sus publicaciones o investigaciones, sino por su capacidad para diseñar programas educativos. Sin embargo, estos programas pueden ser fácilmente replicados.

Es por ello que sostengo que quienes intentan implementar reformas académicas en la universidad tienen un gran reto. Participé en el programa de la Fundación Carolina, donde se espera que los participantes hagan estancias en universidades extranjeras para comprender otros modelos educativos. Al observar cómo operan las universidades europeas, uno se da cuenta de las marcadas diferencias con la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Mientras que en Europa las oficinas están destinadas a académicos e investigadores, aquí están ocupadas por burócratas con funciones más mercantiles que académicas.

La universidad menciona constantemente la extensión, pero ¿qué significa realmente eso? He participado en programas de apadrinamiento de escuelas y he dado conferencias en liceos sobre filosofía. A pesar de mi interés en eventos académicos internacionales, la universidad ha abandonado ciclos de debate y tertulias. Ante esta situación, opté por asesorar en modelos de Naciones Unidas. A pesar de los obstáculos burocráticos, formamos la Cámara Juvenil de la República Dominicana, integrada por jóvenes interesados en participar en estos eventos.Por supuesto, he realizado las correcciones gramaticales y estructurales necesarias para mejorar la fluidez y coherencia del texto:

> Participamos en el Modelo de Naciones Unidas en Nueva York y volvimos a dicho modelo en 2011. En esa ocasión, abordamos el potencial pico nuclear de Israel. Asimismo, participamos en el primer Modelo de Naciones Unidas de Sevilla, el primer modelo europeo de su tipo en España. Durante el evento, discutimos la crisis de los misiles soviéticos, un tema que estaba siendo analizado ampliamente por el organismo internacional de energía atómica debido a los problemas y conflictos nucleares. Estas experiencias despertaron mi interés por los asuntos internacionales y la política, especialmente en el ámbito de los conflictos bélicos. Posteriormente, asistí al Congreso Mundial de Juventudes Científicas junto con los mismos jóvenes con quienes fundamos la Cámara Juvenil de la República Dominicana. Esta fue la sexta edición del congreso, celebrada en la UNAN, ya que el quinto congreso se realizó en nuestro país y tuvimos la oportunidad de participar. Sin embargo, noté la ausencia de académicos y profesores de universidad, quienes, en mi opinión, deberían estar más involucrados en eventos especializados. Fui uno de los pocos profesores que apoyó a la fundación en esta iniciativa. A pesar de las dificultades, contamos con el apoyo del decano de la facultad, Rafael Morla, a quien siempre estaré agradecido. Recuerdo que incluso nos acompañó en un evento en la Biblioteca Nacional en 2001, donde se presentaron obras de arte de Francisco Contín. Siempre he valorado a aquellos profesores que buscan establecer relaciones directas y promover actividades de extensión e intercambios académicos y culturales.

Dr. Alejandro Arvelo:
¿Por qué filosofía y no otra carrera al ingresar a la Universidad Autónoma de Santo Domingo?

Dr. Fernando Valdez:
Ahora, al reflexionar sobre mi elección de carrera, me pregunto por qué elegí filosofía y no otra disciplina. Ingresar a la Universidad Autónoma de Santo Domingo para estudiar filosofía es un desafío, especialmente debido a los prejuicios asociados con esta carrera. En ese momento, estudiar filosofía estaba vinculado al ateísmo y al materialismo. Sin embargo, tanto yo como mis contemporáneos, como Carlos Rosario, proveníamos de una tradición cristiana pero con inquietudes y preguntas propias. Optamos por la filosofía para explorar un universo completamente distinto al que la sociedad nos presentaba. 

Antes de tomar mi decisión, consideré otros programas en humanidades, incluyendo letras e historia, así como física y matemáticas. Sin embargo, al final, mi pasión por la filosofía prevaleció. La filosofía, una vez que se adentra en ella, desafía nuestra capacidad para distinguir y discernir. Algunos podrían preguntar por qué elegir filosofía y no otra disciplina. Pero al estudiar a los filósofos, uno se da cuenta de la complejidad en sus obras, y cómo estas pueden ser interpretadas como ciencia, arte o una literatura especial. La filosofía abarca un amplio espectro, y es difícil delimitar sus fronteras desde un punto de vista epistémico. Personalmente, me identifico con esta amplitud porque nunca me he sentido limitado en mis intereses. Me gusta leer desde novelas y obras de teatro hasta textos de crítica política, antropología filosófica, ética y filosofía de la mente.

La libertad de pensamiento que se fomentó en mi formación permitió un gran progreso en mi comprensión. Sin embargo, recientemente he notado una tendencia preocupante. A pesar de los esfuerzos de nuestros maestros, aún no hemos superado ciertos desafíos en la filosofía, como lo evidencian conversatorios recientes. Por ejemplo, en un panel que se celebró recientemente, observé un nivel de reverencia hacia un experto que me pareció excesivo. Aunque es innegablemente brillante y ha contribuido mucho al campo, me sorprendió la falta de espacio para el debate y la discusión crítica.

Algunos maestros, a pesar de enseñar filosofía, no leen los textos fundamentales de la disciplina. Es inconcebible que alguien pueda escribir sobre la historia de la filosofía, especialmente sobre la tradición analítica, sin haberse sumergido en los textos esenciales. Algunos puntos presentados en la charla me parecieron básicos y algo que cualquier estudiante de filosofía debería comprender. Cuando expresé mis inquietudes a un distinguido maestro, su respuesta fue evasiva. 

Bueno, al clasificarlo, Bertrand Russell menciona: “Ustedes no entienden esta parte que está transparente, es sencillo. Ustedes deben leer mi ensayo sobre la verdad y falsedad”, un ensayo breve que él escribió. Russell, uno de esos grandes filósofos que escribe de manera clara para que todos lo entiendan, explica las claves para comprender por qué Wittgenstein quiere hacer residir la verdad entre las relaciones de proposiciones. En ese ensayo de Bertrand Russell, se presentan tres criterios básicos, heredados de la lógica clásica. El primero es que la proposición debe ser un enunciado afirmativo o negativo, permitiendo la posibilidad de falsedad. Este principio de falsación se encuentra en la obra de Popper y es tratado ampliamente en la escuela del análisis lógico del lenguaje. Si permitimos que esa proposición pueda ser contradicha, entonces debe referirse a hechos, siendo la totalidad del mundo de esos hechos. Russell utiliza el término de correspondencia.

Actualmente, algunos expositores, como el director de la oficina de planificación sectorial, que es mi hermano y amigo de la escuela de psicología, han escrito sobre este tema. Lo menciono porque escribió un libro reconocido en el ámbito académico. Sin embargo, en uno de los conversatorios, argumentó sobre el criterio de la verdad. Parecía que algunos no leen los textos adecuadamente. Se refirió a la verdad como correspondencia y afirmó que este criterio no estaba relacionado con otras corrientes ni con la tradición analítica. Afirmó haber consultado a filósofos antes de su investigación y que estos no sabían nada sobre verdad y mentira. Sin embargo, los filósofos presentes en esa conferencia habían cursado un máster en filosofía, donde estudiaron sobre el tema de la verdad con la doctora Al Biso. Ella había presentado un extenso tratado sobre el tema de la verdad. Yo le envié un ensayo sobre la verdad y recibí críticas constructivas. En estas conferencias, observé que algunos filósofos no desean investigar o leer fuentes primarias. Lo que se dijo sobre la verdad como correspondencia, una relación entre lo pensado y el objeto, se atribuía a Tomás de Aquino y está presente en la Suma Teológica. En definitiva, se decía que ese concepto de verdad ontológica estaba relacionado con las propiedades físicas. Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, aborda este tema.

No solo se está refiriendo a la correspondencia entre lo pensado y el objeto, sino que también establece criterios para esta correspondencia. A continuación, se aborda la esencia y el accidente. Sin embargo, en última instancia, surge la pregunta de quién ostenta la verdadera conexión entre los pensamientos y los actos. Es necesario que exista una correspondencia con la mente divina. En esta mente divina se presenta el gran problema de los universales, donde residen todas las ideas de la verdad. Estas ideas no tienen relación alguna con los criterios de propiedad física que mencionó. Me pregunto qué fuentes consultó, ya que afirma no haber recurrido a filósofos. Al abrir el texto donde él habla sobre verdad y mentira en un sentido extramoral, es evidente la profundidad de su análisis.

Después de considerar otro conversatorio de Nerio, decidí revisar especialmente lo que Russell plantea en ese texto y el ensayo previo al cual se refiere. Russell discute estos principios en su ensayo sobre la verdad y la falsedad, así como en sus principios matemáticos, en colaboración con el destacado matemático FR.

El texto de Bin es excelente, con proposiciones bien estructuradas que se deducen una tras otra. Creo que alguien con formación en lógica formal y simbólica, familiarizado con la tradición analítica de Occidente, podría apreciarlo en su totalidad. Big Stein no solo presenta argumentos en este texto, sino que también establece su propia teoría del lenguaje. Es vital estar al tanto de los avances en matemáticas, geometría y otras teorías citadas para comprender por qué denomina “hechos moleculares” y “hechos atómicos” a sus proposiciones. Estas proposiciones se relacionan con un mundo de hechos que él considera desde un punto de vista objetivo.

Hoy en día, con el acceso a bibliotecas virtuales, como las de las universidades de Massachusetts y Stanford, es posible encontrar este texto con traducciones en alemán e inglés, acompañadas de anotaciones. No es como con Heidegger, que inventa neologismos y requiere un glosario para su comprensión. Las proposiciones que Bin presenta, especialmente en la proposición 4.3, se relacionan con la teoría de la mecánica y la dinámica de Herz. Muchos ensayos han interpretado que Bin no se refiere a hechos que ocurren a nivel subatómico, donde podrían existir contradicciones.

Si deseas establecer proposiciones lógicas y enunciados, como él pretende, que son cercanos a ser tautológicos, en este mundo todos saben lo que ocurre, especialmente en relación con los problemas de contradicción y la contingencia del tiempo y del espacio. K ya mencionó esto en su lógica. Por lo tanto, esta correspondencia con lo que se desea pensar y traducir al lenguaje es clara. Si tomas esta interpretación, como diría Gamer, de la palabra en término griego “logos”, que debe estar relacionada con el razonamiento, podrías comprender que se refiere a esas proposiciones que deben existir en ese mundo de hechos desde una dimensión particular en la que opera la mecánica clásica, que ha sido ligeramente reformada. No podemos decir, por ejemplo, que él se refiere a visualizar esa representación pictórica de los hechos como “el retrato de la realidad”. No utiliza el término “cuadro” sino “picture” o imagen. Es cómo visualizamos el concepto. Así, cuando lees el texto de Friger, te explica cómo el matemático visualiza el concepto después de criticar la teoría de conjuntos que Cantor había propuesto. Friger se da cuenta de que para él, un número es la extensión de ese concepto y lo que otorga propiedad individual a la cosa. Pero, ¿cómo lo visualiza el sujeto? ¿Qué experiencia tiene? Y, ¿qué es lo que luego podría estar asociado con lo que se denomina hecho particular, el “state of affairs”? 

Si buscas en la tradición inglesa, encontrarás un pasaje interesante de Hume que utilicé para mi tesis doctoral sobre el “Ensayo sobre el entendimiento humano”. Ahí, él habla sobre la causación y el espacio. ¿Qué ejemplo propone para el problema de la causalidad de las relaciones? Aunque para Russell debe haber una correspondencia entre los hechos y lo que él llama “correspondencias con nuestras creencias”, para ser verificadas, estas deben ser relaciones entre varios hechos. Esta relación entre múltiples hechos es lo que luego te permite construir el criterio de verdad. Entonces, en su ensayo, Hume ofrece un ejemplo sencillo para abordar el problema de si esos estados particulares de cosas son producto de nuestra percepción interna. Comienza analizando los problemas de causalidad y sugiere que estos están relacionados con nuestro entendimiento humano y nuestra visión tridimensional del universo. Sin embargo, aparentemente existen leyes de causa y efecto entre estos fenómenos naturales. Pone el ejemplo de la bola de billar. Aquí es donde intervienen los criterios de memoria, esos recuerdos que tenemos y los fenómenos de contigüidad que ocurren en el espacio-tiempo. Justo después de que ocurre el efecto de chocar la bola de billar, lo asociamos con una causa, que no es a priori ni innata. Estos hechos particulares, entonces, pueden ser pensados por el sujeto, y para esta tradición, no son a priori, sino leyes universales. 

Por supuesto, he realizado algunas correcciones gramaticales y de estructura en el texto para mejorar su claridad y coherencia:

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¿De dónde se deducen estos principios? ¿Dónde los buscamos y cómo confirmamos que son ciertos? Algunos sostienen que se deducen a partir de la experiencia. Sin embargo, hay matemáticos, especialmente aquellos adheridos a ciertas tradiciones, que no buscan estas verdades en el mundo de las matemáticas. Esta es la discusión que Frege aborda cuando habla de objetos matemáticos, y que luego Russell retoma al enfrentar las paradojas. Es interesante señalar que Frege comienza a cuestionar, en sus “Principios de la Aritmética”, las proposiciones clásicas: las analíticas, las sintéticas, las a priori y las a posteriori. 

Voy a simplificar con un ejemplo que pienso citar. Me resultó interesante cuando, al leer a Frege, encontré referencias a Andrés Avelino en “La Metafísica Categorial”. No recuerdo con precisión cuándo se publicó “La Metafísica Categorial” de Avelino, creo que fue en 1954, mucho después de la publicación de Frege de 1894. Ciertamente, Avelino nació, si no me equivoco, en 1894. Sin embargo, es curioso observar que los matemáticos, al fundamentar verdades que consideran universales y necesarias, declaran que los juicios matemáticos son analíticos. Frege, por su parte, dice que prefiere el método deductivo y que, al igual que Aristóteles, considera que de las premisas generales se construye la ciencia.

Así, los principios de la matemática son universales y necesarios; pero, según él, tenemos proposiciones analíticas y, posteriormente, las sintéticas. Las primeras serían casos particulares y dependerían exclusivamente de la matemática y la lógica; las segundas serían juicios basados en la experiencia y dependerían de las ciencias particulares.

No estoy seguro de por qué constantemente citan a Frege en este contexto. A menudo, muchas de esas tradiciones no le prestan la debida atención. Pero, para refutar estos planteamientos, se ha realizado una crítica a ciertas teorías. Al final, cuando se hace referencia a Kant, se encuentra un ejemplo muy similar o el mismo en “La Metafísica Categorial” de Avelino, para señalar que lo que Kant propone como juicio sintético a priori no tiene sentido.

No tiene sentido. Si afirma que 7 + 5 = 12 y Avelino sostiene que 7 + 8 = 15, observo casi el mismo ejemplo y los mismos criterios. Prácticamente, podría decirse que sus mentalidades se conectaron con el tiempo, pero veo lo mismo. Lo importante es que, tras descubrir los términos clave de esta tradición analítica occidental para entender qué son los juicios analíticos, sintéticos y de verdad, comprendemos a qué se refiere Stein con ‘mundo de hecho’ y en qué ambiente físico lo sitúa. Él habla de una lógica espacial, de dimensiones y límites del campo visual. Todo ello ya había sido estudiado previamente por Locke y otros. No considero que Stein esté aportando una gran novedad. Aunque su obra es brillante, muchas de esas proposiciones, incluso cuando se operan los conectivos lógicos, reflejan un mundo de hechos relacionados con leyes de causa y efecto en un ambiente físico. No es el mundo de la física moderna. Einstein ya había publicado su teoría de la relatividad especial en 1905. Stein no está pensando en un sujeto como lo haría Einstein, quien podría imaginar a alguien cayendo de un edificio y reflexionando sobre la gravedad y la fuerza gravitacional en otras dimensiones espaciales. Stein se refiere al mundo de hechos relacionado con la física clásica. Habla de hechos moleculares y atómicos que, antes de ser considerados en el ámbito de la física, deberían analizarse desde la perspectiva de la química. Dicho esto, creo que hay muchos aspectos que me resultan claros, especialmente si reemplazamos el concepto de ‘hechos simples’ o ‘objetos lógicos’ por las propiedades materiales de las que habla la mecánica clásica. Hay varios ensayos publicados en línea sobre esto. En definitiva, si todavía necesitamos de un gurú para entender qué es filosofía, quizá no hayamos dedicado suficiente tiempo a esta disciplina. No se necesita mucho tiempo para leer los principios de la matemática, sus ensayos, o para entender a Frig. En un mundo donde el que tiene un ojo es rey, nos encontramos en la caverna platónica. Por lo tanto, no se pueden afirmar que hay categorías y conceptos difíciles en una obra si esos mismos conceptos ya han sido criticados y cuestionados en trabajos de otros autores. Quizá no hemos acudido directamente a las fuentes y nos hemos conformado con la interpretación de los gurús. Esto me recuerda al diálogo de Platón en el Parménides, cuando Sócrates pregunta acerca de las virtudes y cómo se aprenden, concluyendo que se aprenden del maestro.

Entonces, ¿con quién debo hablar? ¿Con el maestro Protágoras? Cuando te comunicas con un maestro, en el caso de “n”, es alguien accesible y cualquiera puede entenderlo. Sin embargo, a menudo el maestro te relata un mito para explicarte algo. Esto sugiere que también debes acudir a las fuentes primarias donde se encuentra ese mito. Al dirigirte directamente a la fuente, obtienes una comprensión más clara. Creo que eso es lo que nuestra generación aún no ha hecho, ya que nos hemos conformado con las interpretaciones de otros.

Reitero, no pienso que se deba dejar de lado los textos de Bacon sobre lógica. Muchas de sus críticas, como cuando se refiere al campo visual limitando nuestro pensamiento, remiten a Wittgenstein y los límites del campo visual. Bacon no está haciendo una referencia explícita, pero quizás sí de manera implícita, estudiada por esta misma tradición. Observa a Bacon, por ejemplo, al inicio del “Novum Organum” donde habla de las fantasías y locuciones mentales que no pueden ser traducidas a un lenguaje, y por supuesto, el lenguaje que él critica es el propuesto por la tradición nominalista. También aborda el problema del átomo, un gran descubrimiento para su época, pero que no podíamos verificar. Aclara que nuestros sentidos, siendo falibles y limitados, especialmente en nuestro campo visual, no pueden comprender la totalidad de un fenómeno. 

Reflexionando sobre el concepto de visualizar objetos, Bacon también se refiere a objetos matemáticos. Friger se pregunta cómo visualizamos o formamos una imagen de esos objetos matemáticos si no podemos tener imágenes reales de ellos. Por ejemplo, en la teoría de conjuntos, desde el punto de vista de la comprensión, no podemos visualizar el infinito que es la idea de Cantor, ese “paraíso” que creó para los matemáticos. Tampoco podemos representar gráficamente un lenguaje lógico. Recuerdo haber preguntado a Patricia, profesora de la escuela de matemáticas, cómo enseña teoría de conjuntos a sus alumnos, en especial en San Francisco. ¿Cómo visualizan los matemáticos estos conceptos? ¿Qué entienden cuando se habla de una imagen visual de ciertas propiedades o hechos particulares? Esta es la discusión que Wittgenstein tiene con esta tradición. Como señala Ros al inicio de su introducción, quienes no comprendan esto deben leer más sobre el tema. Esta parte está discutiendo conmigo.

Es evidente lo que él está diciendo. Actualmente, el maestro y yo mantenemos una discusión. ¿Recuerdas lo de Sócrates? A veces, siento que debería dejar de hablar con el discípulo y prestar más atención a lo que dice el maestro.

Cuando nos formaron en la escuela de filosofía, sentí una profunda gratitud. Sin embargo, en ocasiones no teníamos acceso directo a las fuentes originales. Se nos insistía en consultar directamente los textos. En clases como “Teoría del Conocimiento” y “Lógica”, era imprescindible leer el material original. Sabiendo que era estudiante de filosofía, se me aconsejaba asistir a seminarios, como el de Santo Tomás. Aunque no siempre podía acceder al texto completo, estaba familiarizado con su contenido, al menos en parte.

A menudo pienso que los profesores de aquí no hemos sido del todo originales o auténticos. Si creamos manuales de filosofía o historias filosóficas que abordan una tradición analítica y no leemos un texto clave para entender esa tradición, nos estamos quedando cortos.

Hablando de textos, hay uno en particular del que me hablas, pero no lo conozco. Realmente, quisiera que me lo explicaras con más profundidad. Reconozco que no tengo la versatilidad que posees para la exposición. Sé de tu pasión por las fuentes directas y de tu rol en la comisión permanente de la feria del libro. Nunca te he visto escribir una historia de la filosofía, pero he estado en tu casa y he admirado tu vasta colección de libros. Aunque no te interesaba mucho la filosofía analítica, noté que tenías obras completas de ciertos autores. 

En filosofía, lo esencial es el diálogo con el autor. Puede haber diversas interpretaciones y no es necesario limitarse solo a la interpretación del maestro. Por ejemplo, sobre ciertos temas, ¿crees que esos hechos particulares que luego son interpretados por estados mentales pertenecen exclusivamente al intelecto humano? Algunos argumentan que los animales también poseen esa capacidad intelectual. 

En filosofía siempre se nos presenta un panorama amplio y diverso. Por ejemplo, me gusta ver el escenario desde la perspectiva de un escritor o tratar de entender lo que cierto autor intenta comunicar. En el caso de ciertos conceptos, es esencial entender las relaciones entre los hechos y el contexto en que se presentan. Por ejemplo, no puedo imaginar que el dilema del gato de Schrödinger aparezca en un contexto no relacionado con la mecánica cuántica.

Finalmente, aunque no me considero un gran lector, disfruto del diálogo con el autor.

Y esa es una de las maravillas de la filosofía. Como diría Descartes al inicio del ‘Discurso del Método’, el buen sentido, o la razón, es lo mejor distribuido entre todos. Yo creo que cada individuo puede tener acceso a las fuentes primarias y observar que los grandes genios de la humanidad no han sido genios porque hayan percibido algo que otros no hayan notado, sino porque se han esforzado en buscar, profundizar y racionalizar cuestiones que otros no han hecho. Así como los griegos en la antigua Grecia clásica, por ejemplo, tenían mentes enciclopédicas con conocimientos avanzados de física. Aristóteles, Platón, Pitágoras y sus discípulos ya habían refutado la idea de que la tierra era plana cinco siglos antes de la era cristiana. 

En Alejandría, al observar dos obeliscos, uno en la ciudad y otro más lejos, se notó que, bajo las mismas condiciones, la sombra reflejada en uno de los obeliscos no era la misma que en el otro. Este fenómeno sugiere una curvatura de la tierra, indicando una forma esférica más que plana. Este tipo de experimentos, realizados por personas apasionadas por la verdad y el conocimiento, ha existido desde la antigüedad.

Los filósofos antiguos eran filósofos en el sentido estricto, no eran meramente filósofos de biblioteca como los de hoy. Para argumentar en la actualidad, muchos sienten la necesidad de citar fuentes. Recuerdo que en una conversación previa, me pediste referencias bibliográficas. No siento la necesidad de referir todo lo que pienso, aunque esté en diálogo con una tradición. 

Ser filósofo es ser un amante del conocimiento, alguien apasionado por aprender e investigar. Uno debe estar dispuesto a cometer errores. Recientemente, tuve un diálogo con el director de la Escuela de Humanidades en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Me recordó que durante el máster, fui el único que se atrevió a discutir sobre teorías evolucionistas y programas naturalistas. 

Desafié personalmente a un maestro durante una conferencia sobre filosofía para niños, ya que su perspectiva no era naturalista. Algunos me preguntaron cómo me atreví a hacerlo. Lo mismo ocurrió con la directora de un programa virtual, a quien le señalé que el diseñador de la plataforma tenía una perspectiva constructivista.

Por esa razón, no hay ningún reconocimiento claro, ningún premio, ninguna motivación para aquel que desea pensar de manera libre y crítica. Sin embargo, como filósofo o aprendiz, no puedo darme ese lujo. Realmente no puedo. A pesar de tener muchos amigos y colegas, cuando ellos enuncian públicamente un argumento con el que no concuerdo, también lo expreso públicamente. Por ejemplo, no puedo pasar por alto lo dicho por Noel de las Rosa sobre que los filósofos no han discutido la verdad y la mentira. ¿Qué texto se estudia sobre este tema? ¿Cuáles son las fuentes que cita? ¿Qué textos consultó? Argumenta que nadie aquí conoce los criterios sobre verdad y mentira. Precisamente, aquellos que lideran la universidad y buscan implementar reformas son jóvenes. Pero creo que no necesitamos abandonar este mundo, esta “caverna” en la que vivimos. No llamo caverna a la universidad por desprecio, sino que debemos entender cómo funcionan otras universidades antes de intentar reformar la nuestra. No podemos reformar una universidad con ese modelo de pensamiento renovador de los 70. 

Dr. Alejandro Arvelo:
Sobre las lecturas de Freire sobre el carácter enunciativo del lenguaje y la importancia que el primer Wittgenstein daba a lo denotativo y, además, la visión de Derrida sobre los juegos del lenguaje, ¿cómo se conjugan en el análisis del discurso de Fernando Valdéz, centrado en el discurso político? 

Dr. Fernando Valdez:
Es interesante porque mi tesis de grado no partió del análisis del discurso político basado en Wittgenstein, sino en el análisis arqueológico-genealógico de Foucault, centrado en el poder y las estructuras del poder político. Lo que proponen estos autores es radicalmente diferente. Aunque Wittgenstein hablaba de eliminar el lenguaje privado y los metadiscursos, eso es común en el arte de la política. No podemos eliminar las falacias y el sinsentido en los discursos políticos. Por ejemplo, Joaquín Balaguer, un orador experto y miembro de la Academia de Historia Dominicana, dio un discurso sobre el azar en la historia dominicana, relacionando a Dios y Trujillo. En él, se refiere a intervenciones divinas, algo que en el lenguaje de Wittgenstein no sería posible porque no puedes visualizar a Dios como una entidad material. Así, argumentos metafísicos que no se refieren a hechos concretos no pueden traducirse a proposiciones. En el arte de la política, oradores como Joaquín Balaguer pueden pronunciar discursos que apelan a las masas, como su discurso en la Basílica. Siendo miembro de la Academia de Historia Dominicana, sostiene que la Providencia ha intervenido en la historia, al igual que los padres de la patria.

Si me preguntas desde el lenguaje de la lógica si los logicistas buscan la referencia histórica, por ejemplo, de la genealogía de cómo se construye la verdad desde la perspectiva de F, podrías analizar que existe una perspectiva, quizás la de Nietzsche, donde hay una contrariedad entre el discurso y el hecho. El discurso ya lo expresó en el proceso histórico dominicano y también se refirió a la madre de la patria. Es un tema muy versado y lo reitero.

Sabemos que, según algunas narrativas, una figura virgen pudo haber intervenido para contribuir contra la poderosa armada invencible española, que poseía arcabuces y cañones, en contraposición a los indígenas, quienes se presume tenían arcos y flechas. Según los diarios de Colón, al entregar una espada a uno de ellos como regalo, este la tomó por el filo, cortándose las manos. Esto demuestra la inocencia de los taínos, quienes no eran rebeldes. Sin embargo, ¿cómo es posible que en una batalla un ejército poderoso necesitara la intervención de una figura virgen para protegerse?

Desde un punto de vista histórico, aquellos que han escrito la historia y la han relatado, hablaron de la inocencia de estos taínos. Hay quienes están de acuerdo con esta forma de escribir la historia que ha prevalecido en la región hispana. Sin embargo, existe una contradicción desde el punto de vista lógico. ¿Cómo representaríamos esta realidad en una obra de teatro? ¿Qué imagen pictórica tendríamos de este mundo de hechos?

Hay cuestiones que no pueden coincidir con estos hechos. Y si lo analizas, los discursos políticos suelen tener argumentos falaces, como la apelación a la galería o el argumento popular, entre otros. Estas falacias son excluidas del lenguaje lógico. Para mí, este tipo de lenguaje es particular y no debería ser traducido. Sin embargo, ha tenido éxito. Por eso, los sofistas de la antigua Grecia clásica tuvieron éxito al llevar este tipo de filosofía a las plazas públicas.

Para analizar los discursos políticos desde una perspectiva crítica se hace más fácil. No creo que tenga sentido un análisis lógico del lenguaje como lo veo desde mi humilde percepción. Pensando en Wittgenstein, cuando habla de hechos moleculares y atómicos y busca traducir un lenguaje perfecto, podemos ver la complejidad de la tarea.

Es como si construyeras otra tabla periódica, y en esa tabla, esos elementos atómicos que existen en el mundo real pueden ser escenificados, percibidos, imaginados y traducidos a un lenguaje. No sucede lo mismo cuando, en las narraciones históricas, nuestros políticos argumentan. Balaguer no lo ha hecho como miembro de la Academia de Historia Dominicana. Tengo colegas de la Escuela de Historia que afirman que la historia ha sido llevada a los medios de comunicación. A pesar de esto, los felicito; son excelentes escritores y muestran una profunda preocupación. Recientemente, participaron en un programa con el rector de la Universidad Interamericana. ¿Lo recuerdas? Hablaban de la historia como ciencia. Estos maestros están presentando la historia en estos términos, y aquellos que son miembros de la Academia de Historia Dominicana también. Sin embargo, los relatos que nos presentan no difieren mucho de lo que han dicho líderes políticos y de los argumentos populares y falaces que encontramos. Si realmente deseamos construir la historia como ciencia, en mi opinión, no deberíamos documentarla exclusivamente con testimonios. La Academia de Historia Dominicana publicó hace algún tiempo una revista sobre la masacre haitiana, en la que también participó el distinguido maestro Dario Herrera. Hablan de la historia como ciencia, pero cuando se refieren a la masacre haitiana, uno podría pensar que hablan de arqueología o de la construcción de un mito histórico. ¿Dónde están los modelos matemáticos, las evidencias científicas y los hallazgos arqueológicos de los cadáveres en fosas? ¿Dónde están los criterios y conceptos que, después del holocausto nazi, fueron bien documentados por Naciones Unidas? Son criterios objetivos que no están siendo empleados.

Además, yo leí a una autora que trata sobre lo que ella llama “la mujer de los huesos” y “el lenguaje de los huesos”. Este último se refiere a cómo se revelan y documentan los hechos de masacres. Necesariamente, deben existir evidencias forenses y evidencias de esos cadáveres. También se debe considerar la forma en que se cometieron; si se sabe que fueron perpetrados por un ejército organizado, algo que no creo que nadie esté sugiriendo en el caso de la masacre cristiana. Además, es importante el tipo de arma que se utilizó. El único que mencionó algo sobre el tipo de arma utilizada para esa masacre fue Darío Herrera en uno de sus ensayos. Habló de la distribución de machetes, pero el problema es que solo hay testimonios y no hay un decreto o una firma del presidente Trujillo que confirme la distribución de esos machetes. Por lo tanto, identificar el arma homicida es fundamental. Hay criterios para construir la verdad en la historia. Lo que algunos intentan es construir su propia verdad, y esas escuelas aún persisten. Yo, como filósofo, observo que hay quienes, a pesar de tener la envergadura de historiadores, se basan en cuentos y mitos y quieren vender sus libros. Hay un historiador local que se enriqueció con un libro sobre Trujillo, pero al leerlo, uno se da cuenta de que está lleno de relatos y cuentos. Eso no es filosofía. La gente tiene una concepción errada del filósofo. Si por algo se ha preocupado es por que sus proposiciones tengan sentido y significado. Esta respuesta, profesor, nos lleva al tema de la epidemiología de la violencia, uno de sus temas de especialidad. ¿En qué medida el discurso político, el discurso histórico y la epidemiología de la violencia confluyen o se separan? Lo primero que debo decir es de dónde surge mi motivación para la tesis de epidemiología de la violencia. Cursé un máster en filosofía conducente al doctorado con la Universidad del País Vasco. Siempre he tenido la intención de discutir mis textos y consultar las fuentes. Realicé una tesis sobre el análisis del discurso político de Balaguer.

Intenté ser original con ese enfoque, principalmente porque consideré que el pensamiento dominicano era uno de los temas que la Escuela de Filosofía estaba abordando en relación con la epidemiología. Durante mi máster, mi asesor, José Ignacio Galpazo Ruiz, era uno de los principales coordinadores y presentó un tema sobre el autor Dan Sperber, quien explicaba la cultura desde un enfoque epidemiológico. Dicho enfoque epidemiológico tenía una perspectiva naturalista que reducía los procesos culturales a procesos biológicos. Sin embargo, Galpazo se refería a que esos estados mentales o estados de conciencia, en relación con la filosofía analítica, son en realidad estados cerebrales reducidos. Esto se conecta con la filosofía de la mente. Decidí discutir estos temas porque noté que los profesores de la Universidad del País Vasco respondían cuando se les escribía sobre sus especialidades. Quería dialogar con especialistas en estos temas. Por ejemplo, traté el tema de la verdad. La maestra Albizu, una experta en el tema, había realizado una investigación doctoral de casi 1000 páginas sobre la verdad. Me sorprendió que estos filósofos aceptaran que alguien les dijera que no habían investigado sobre la mentira. Sin embargo, al presentar mi trabajo a la maestra Eliso, ella respondió con críticas constructivas y recomendaciones de fuentes. Aprecié su retroalimentación. Por otro lado, Galpazo también abordaba temas de la filosofía de Nietzsche desde una perspectiva materialista. Había escrito un ensayo, reconocido en nuestra comunidad, que publicó junto con un texto de Nicanor Sua sobre el cerebro desde una perspectiva evolucionista, y otro ensayo sobre Nietzsche. 

Y entonces, la relación que Nietzsche mantenía en sus escritos con la teoría evolucionista se manifiesta en autores como Galparsoro, Nicanor Ursua y Pacho. Ellos escribieron sobre la naturalización de la razón, donde intentaban reducir, por ejemplo, la percepción trascendental kantiana a procesos cognitivos naturales. En esta línea, observé un gran interés por parte de estos autores. Utilicé el enfoque de Dan Sperber, que aprendí en un curso de máster. Siempre he buscado ser original en mis investigaciones y, desde esta perspectiva, decidí estudiar temas relacionados con la filosofía antropológica, como los comportamientos que pueden ser reducidos a procesos mentales, en particular, la violencia.

Quise abordar el problema de la violencia no solo desde una perspectiva histórica, sino también filosófica. Me interesó la epidemiología de las réplicas mentales y cómo estos procesos mentales pueden reducirse a procesos cerebrales. Los procesos mentales, que influyen en nuestro comportamiento, son también procesos cerebrales. Decidí investigar los orígenes de la violencia desde esta perspectiva. La violencia es interesante como objeto de estudio porque representa una transgresión de casi todos los imperativos morales. Hablamos de violaciones sexuales, delitos cometidos en guerras, robos, homicidios y saqueos. Estas acciones violentas presentan dilemas que es necesario comprender.

Desde este enfoque, es posible entender la ontogénesis y filogénesis de la violencia, así como desde el punto de vista de la filosofía antropológica. Debemos preguntarnos por qué hemos heredado este comportamiento violento y por qué la violencia puede ser un mecanismo de supervivencia. Descubrí universales propios de la violencia que pertenecen a toda la humanidad, como la herencia de la mentalidad carnívora y el imperativo territorial, que es una de las principales causas de las guerras y conflictos armados. Estos conflictos transgreden los valores y principios morales establecidos por una comunidad. Por ejemplo, el caso del conflicto casi perpetuo entre Israel y Palestina es un claro ejemplo de esto. Mencionaste un texto muy interesante que me enviaste sobre este tema.

El problema de la franja de gas implica la noción o perspectiva de que existe un principio relacionado con los imperativos de la tenencia de tierra. Esta noción se basa en el derecho al espacio vital porque dicho espacio provee recursos considerados escasos, esenciales para la supervivencia. Si afirmamos que hemos evolucionado moralmente, debemos cuestionarnos: ¿Qué progreso hemos logrado? Esta cuestión debe ser abordada desde la perspectiva ética. Es necesario analizar nuestro comportamiento histórico y determinar en qué medida hemos cambiado. De igual manera, es relevante revisar las teorías actuales, como las del cerebro, las propuestas por Lawrence y las teorías de Dawkins, quien critica a los filósofos por interpretar las ciencias humanas como si las teorías evolutivas y naturales no existieran.

Es esencial, en el ámbito filosófico, apelar y corroborar nuestras posturas con hipótesis científicas que respalden los modelos clásicos de la filosofía. Por ejemplo, al revisar las teorías de identidad propuestas por diversos autores, encontramos cuestionamientos hacia las tautologías. Al regresar a los fundamentos filosóficos, como los propuestos por Parménides, descubrimos teorías de identidad robustas. La idea de que “el ser” es inmutable y no cambia es fascinante. Pero, para verificar esta proposición en la realidad, debemos recurrir a la experiencia concreta. En este sentido, podemos observar, desde la teoría de la identidad, que existen objetos y principios que parecen ser inmutables.

En el ámbito biológico, encontramos conceptos como que un ser “X” no puede ser “XX”. Entonces, en el campo de la lógica, y particularmente en la lógica experimental, buscamos respuestas para verificar estas proposiciones. Sin embargo, en ética, parece que hemos permanecido estáticos. A pesar de que la publicación “El origen de las especies” data de 1859, muchos aún no han adaptado sus esquemas mentales para comprender el comportamiento humano. Considero que, con los avances actuales en neurociencia, debemos abrirnos a debates en neuroética, especialmente en temas polémicos como la guerra. Es probable que las perspectivas naturalistas ofrezcan más claridad que las sociológicas, las cuales, en mi opinión, no han esclarecido suficientemente los temas. Como filósofos, tenemos la libertad de cambiar de perspectiva y, en ocasiones, podemos optar por abordajes desde las ciencias sociales.

¿Cuáles son las ciencias sociales? Yo puedo adaptarme a cualquier modelo siempre que este me sea explicativo. ¿No comprendes? Reiterando, esta investigación que realicé consta de 575 páginas. Esta investigación es similar a la del máster donde abordé tres mitos filosóficos sobre la naturaleza humana. Me interesaron temas de filosofía antropológica. Estos mitos sobre la naturaleza humana incluyen el mito del buen salvaje de Johann Jaus, el fantasma en la máquina de René Descartes, y la tabla rasa, la negación de la naturaleza humana. Tanto mi tesis de máster como la de doctorado fueron bien recibidas. No es por mi brillantez, sino porque siempre participé activamente, me consultaron y me buscaban. De las investigaciones que se llevaron a cabo, yo fui uno de los que leyó, criticó y escribió sobre esos textos.

Dr. Alejandro Arvelo:
Creo que es interesante en las tradiciones filosóficas tener debates y discusiones. Wittgenstein, por ejemplo, ha debatido con otros de diferentes escuelas filosóficas. Estas discusiones son esenciales para formar centros de pensamiento. Sin diálogo y ejercicio crítico, nunca tendremos una escuela propiamente dicha. La tradición se construye a través de rupturas y discontinuidades.

Sin pretender abarcar todos sus intereses intelectuales, llegamos al final de este diálogo. Pero antes, siguiendo la indicación del profesor Silverio, haremos un ejercicio intuitivo. Le diremos cinco términos o expresiones, y usted nos dirá lo que le venga a la mente. Antes de eso, quería preguntarle, profesor, ¿cómo encuentra relación entre la filosofía y el deporte, las matemáticas y la filosofía política, tres aspectos diferentes de su vida?

Dr. Fernando Valdez:
Recuerdo mis años como atleta, en particular, cuando fui miembro de la selección de atletismo. La última competencia en la que participé fue representando al Distrito Nacional en un relevo donde obtuvimos el primer lugar. Yo fui el encargado de iniciar, pero era un relevo de 4×80, no el típico 4×400. Para categorías infantiles de 12 años, nos asignaron un relevo de 4×80.

En el deporte, encontré una de las pocas oportunidades de movilidad social. Aquí, cuando naces en un entorno de pobreza, las oportunidades son limitadas. Una de ellas es ser beisbolista. Sin embargo, después de una visita al estadio de béisbol, me di cuenta de que no estaba acostumbrado a usar el equipo de béisbol y me sentí incómodo.

También quisiera abordar la segunda arista que mencionas sobre cómo conecto esto. No me refiero a la actividad política, ya que nunca he pertenecido a un movimiento político, pero sí a la filosofía política. Me interesa el análisis del discurso político y el estudio de textos de filosofía política. Mi interés no surge de una pasión por involucrarme en movimientos políticos, sino porque existen grandes tradiciones y escuelas de filosofía política. No solo debemos hablar de las tradiciones desde los tiempos de los griegos, sino también de corrientes más recientes, como el marxismo. Siempre escuchaba a mi padrastro, miembro de un partido de izquierda, hablar sobre los modelos políticos, especialmente en contextos donde el mundo se percibía dividido y nosotros éramos considerados parte del tercer mundo. En la filosofía política, puedes encontrar claves para comprenderlo, ya que, como toda filosofía, busca abarcar la totalidad y el universo. Estos esquemas no solo explican una realidad particular de un país, sino que buscan construir un modelo de convivencia y abordan cuestiones, como el cosmopolitismo, que raramente encuentras en otros análisis políticos.

En otro ámbito, te he mencionado mi interés por el deporte y las matemáticas. Aunque con el tiempo olvidé gran parte de las matemáticas, la influencia de mi maestra de octavo grado, la profesora Gladis Lucía, me inspiró a ver el mundo desde otra perspectiva. Grandes matemáticos, como Pitágoras y Platón, abordaron su trabajo desde la filosofía de las matemáticas. Cuando reflexionas sobre estos textos, te das cuenta de que buscan comprender la universalidad y ofrecen una visión amplia del mundo. La filosofía y las matemáticas nunca han renunciado a esto. Incluso disciplinas consideradas modelos de ciencia, como la física, al hacer descubrimientos, tienen que filosofar y abandonar los modelos clásicos. La filosofía aporta mucho a este interés. Platón decía: “Si no sabes matemáticas, no entres a mi academia”. Además, Platón, quien tenía una amplia espalda, también se destacó como gimnasta. Hay filósofos de todo tipo. Para mí, Platón es el modelo ideal de filósofo, con interés en la gimnasia y que aborda temas como el amor, las artes, la amistad y la vida después de la muerte. Tienes distintos tipos de filósofos. Hay algunos a los que prefiero no referirme.

Dr. Alejandro Arvelo
En el caso de Platón, hacer una comparación con ellos no tendría sentido. No es relevante mencionar que Platón fue un gimnasta o un político fracasado, ya que él mismo afirmó en la Carta Séptima que su verdadera vocación era la política. Sin embargo, al encontrarse con la filosofía, personificada en Sócrates, abandonó todo lo demás para dedicarse al cultivo de este saber.

Dr. Fernando Valdez
Lo que quiero decir es que dedicar tiempo libre al estudio de la filosofía y sumergirse en el panorama filosófico es esencial. Lamentablemente, creo que los profesores de esta universidad no estamos tan comprometidos con la filosofía como lo estuvieron grandes filósofos en el pasado. Algunos, como Stein, incluso renunciaron a sus bienes materiales por su pasión. Stein donó su fortuna y trabajó en oficios humildes, como jardinero y profesor de escuela primaria.

A veces, uno se pregunta cuál es la motivación para seguir en un oficio o profesión. Actualmente, vivimos en un modelo universitario que no valora la investigación ni reconoce el trabajo académico. Tal vez no hemos hecho lo suficiente para transformar nuestra academia y elevar su calidad. A veces, puede que no veamos el valor de nuestros servicios o sintamos que no son útiles. Sin embargo, hay espacios en el mundo académico donde se reconocen y valoran las credenciales y logros.

Por ejemplo, si obtienes un título doctoral de una universidad española prestigiosa y luego lo revalidas en Estados Unidos, podrías dar clases de español en una escuela y recibir un salario considerable. A veces, uno se pregunta por qué permanece en una universidad local cuando hay oportunidades en el extranjero. Pero la respuesta es simple: lo hacemos porque nos apasiona, no solo por el salario.

Personalmente, dedico más tiempo al ejercicio físico que a la lectura, aunque está comprobado que el ejercicio intelectual es más demandante que el físico. Pero, ¿por qué persistir en una academia que no ofrece apoyo? He tenido experiencias en la universidad donde tuve que buscar respaldo externo para proyectos como el Modelo de Naciones Unidas. A pesar de los desafíos, participé en eventos internacionales y llevé a estudiantes conmigo.

La universidad tiene áreas de extensión, pero no invierte en ellas. No hay presupuesto asignado para investigación ni extensión. Además, hay críticas respecto a la modalidad virtual de enseñanza. A pesar de contar con una plataforma moderna creada por expertos, no se aprovecha su potencial para fomentar un aprendizaje constructivista en entornos virtuales e híbridos, sin depender exclusivamente de libros de texto.

Entonces, observamos que aquellos que desean reformar y transformar la universidad parecen no haber asistido a una universidad, no han caminado por un campus universitario, desconocen lo que hay en las oficinas de una universidad y por qué los profesores tienen oficinas. Tampoco comprenden cómo se motiva a un profesor en términos de investigación. Por nuestra parte, decidimos no nadar contra la corriente y no contribuir, por eso no tenemos publicaciones. A pesar de que esta escuela de filosofía cuenta con el mayor número de doctores, no tiene una revista indexada. Sin embargo, poseemos un instituto de filosofía. ¿Cuáles son las publicaciones de este instituto? Entonces, te pregunto, ¿cuándo leíste la última publicación de la dirección del instituto de filosofía?

Generalmente, es por eso que te dije que vamos de lo general a lo universal. Lo que se refleja en este antiguo modelo de universidad que tenemos es desfasado y no posee las claves para construir una cualificación académica. Además, quienes intentan abordar esta estructura desde la psicología organizacional no conseguirán diseñar un modelo universitario pertinente y transparente. La universidad no se organiza desde el punto de vista burocrático o funcional, se organiza reconociendo que es un espacio especial de investigación, y esta universidad no lo ha hecho. En cuanto a ti, como pensador, ¿cómo te visualizas? ¿Como un producto de la Universidad Autónoma de Santo Domingo o de la Universidad del País Vasco? ¿O alguien que se formó por sí mismo?

Actualmente, me encuentro en proceso de formación y no me considero un filósofo en sentido estricto. Te mencioné al inicio sobre el “Discurso del Método” de Descartes, quien afirma que todos poseemos la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso. Ahora bien, ¿cuánto tiempo le dedicamos y qué motivación hemos tenido para invertir ese tiempo? En mi proceso de formación académica, he sido influenciado por maestros como Tomás Nova, quien insistía en consultar las fuentes originales y me motivaba a abordar temas clásicos y estrictamente filosóficos. Asimismo, Alejandro Alvelo, en las tutorías, era muy crítico. El rigor y la exigencia en la redacción científica y en la búsqueda de fuentes primarias hacen que uno se convierta en un producto cualificado. 

Por lo tanto, creo que soy el resultado de ese proceso de formación en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es fundamental reconocer que fuimos influenciados por corrientes de pensamiento no solo en filosofía, sino también en sociología, ciencia política y otras disciplinas. Hubo un tiempo en el que el marxismo se consideraba la filosofía auténtica. Sin embargo, agradezco a esos profesores por enseñarme que la filosofía no era solo eso. En ese proceso de formación, maestros como Tomás Nova y Alejandro Alvelo fueron fundamentales. En cuanto a mi experiencia en el País Vasco, me siento agradecido, pues también me motivaron a explorar pensadores modernos.

Creo que Luis CR Paulino ofrecía una invaluable ayuda. Durante ese tiempo, él editaba la revista “Episteme” e incentivaba a los estudiantes de filosofía a que publicaran y expresaran sus opiniones. Era un maestro y un gran motivador. Yo considero que uno es, en parte, producto de su formación de grado y posgrado, pero siempre en constante renovación y transformación. Aunque no dedico mucho tiempo a la lectura, he notado que invierto tiempo en reflexionar. No he querido adherirme a un único modelo; busco ser un poco más original.

Recuerdo que, durante mi proceso de formación, se popularizó una corriente ligada a la escuela crítica, asociada con la escuela de Frankfurt y toda esa tradición alemana. Gadamer fue el primero que me introdujo con su texto “Verdad y Método”. Recuerdo a Ramón Pérez subrayando mucho ese texto, y creo que aún sigue haciéndolo. Estos maestros de mi formación de grado me incentivaron a leer directamente las fuentes originales. Más tarde, aprendí que es preferible leer estas fuentes en su lengua original. Uno de los principios para comprender la ética del autor es entenderlo en su idioma natal.

Aunque Gadamer es un gran estilista y es comprensible, ha tenido una notable influencia. El criterio del círculo hermenéutico se puede observar en diversas escuelas de filosofía, incluyendo en el Medio Oriente. Pensadores de la tradición árabe incorporan este círculo hermenéutico para interpretar la hermenéutica coránica desde la tradición de la Sunna, considerando los textos clásicos y los hadices del Corán.

Con toda esta influencia, creo que, durante la formación de grado, si uno no domina la lengua original de un autor, se dificulta la comprensión de su texto. Muchos de esos conceptos y categorías deben ser leídos en su lengua original.

Aunque me dices que te fascina una mejor traducción, recuerdo que, cuando asistí al instituto, estaba a punto de recibir una beca para estudiar en Alemania. A pesar de que no dominaba el alemán, el curso sería impartido en inglés, y se me proporcionarían clases especiales de alemán. Sin embargo, al traducir el pensum del programa, en mi registro de notas apareció la asignatura “Pensamiento Filosófico Dominicano”. El experto en filología germánica me preguntó qué significaba esto. Le expliqué que era una materia que había cursado. Luego, comenzó a indagar e investigar, y me cuestionó sobre la originalidad de nuestra filosofía, sugiriendo que parecía una copia de la alemana.

Esta es una posición muy arraigada en Alemania, similar a la que encontramos tanto en Leix como en Heidegger. Consideran que el alemán es el lenguaje por excelencia para la filosofía. Sin embargo, no se puede comparar la riqueza de la tradición analítica con la tradición alemana. Al leer el ensayo sobre el entendimiento humano de Hume, uno se da cuenta de que Kant nunca despertó de su sueño dogmático y que sus categorías y proposiciones lógicas están en un mundo paralelo.

Los autores alemanes, como Heidegger, a veces requieren un diccionario especializado o un glosario para ser interpretados. Es diferente con autores como Gadamer. Muchos escritores latinoamericanos, entusiastas con estas obras, las traducen al español y realizan monografías sobre estos autores. Sin embargo, si uno quiere hablar sobre el concepto de tiempo, hay otros pensadores, como Einstein, que han aportado significativamente al tema.

Personalmente, me siento más inclinado hacia la filosofía escrita en inglés o francés. Los alemanes, en ocasiones, exaltan su filosofía y discursos, creyendo en su superioridad. Sin embargo, los latinoamericanos también han mostrado entusiasmo por autores como Marx.

Aunque Marx y Hegel reconocieron las contribuciones de Rousseau y Hume, creo que aún hay mucho por explorar en este tema, especialmente considerando la influencia académica de diferentes escuelas en nuestra región.

Ellos prácticamente trajeron sus interpretaciones del marxismo. Tú sabes que él me impartió instrucción en filosofía. ¿Lo conocías? Sí, muy bien. ¿Crees que estos juristas, muchos de los cuales fueron directores, pertenecían a alguna escuela de pensamiento en particular? Entonces, es evidente que hay una influencia de escuelas de tradición alemana en la filosofía, los textos y los autores con los que discutían. Aunque claro, tú hablas de los franceses. Recuerdo que escribiste un ensayo sobre la influencia del pensamiento francés en el derecho, pero al menos en el ámbito universitario y en el mundo de las humanidades, parecemos haber sido más influenciados por la tradición alemana.

Finalmente, ¿cómo te involucraste en la docencia? Es importante para la historia de la escuela y para el programa, como mencionaba el profesor Silverio en el “archivo de la voz”. ¿Sentiste la necesidad de ser profesor? ¿Fue una vocación o una casualidad? Se ha dicho siempre que ser maestro es una vocación. A mí me gusta tratar temas de filosofía, pero no solo en el ámbito académico. El espacio académico te garantiza un lugar donde expresar tu voz, pero yo he expresado mi voz fuera del mismo. Cuando participé en el programa de apoyo de la escuela, iba a liceos y hablaba de filosofía sin recibir salario. Por eso, creo que la filosofía no es solo una actividad académica, sino que también se ejerce fuera de los espacios académicos. Me ha gustado tratar la filosofía fuera del ámbito académico. En la República Dominicana, los espacios para tratar temas filosóficos son reducidos. Agradezco a aquellos que han abierto espacios, como en la Academia de Ciencias, donde se hacían lecturas dominicales. Me motiva participar en congresos y seminarios. Siempre he costeado mis gastos cuando he asistido a congresos, como los de la Asociación Iberoamericana.

En cuanto a la relación entre filosofía y juventud, desde mi experiencia, quien se dedica a la filosofía siempre es joven porque el pensamiento y la reflexión te renuevan. Aunque los jóvenes de hoy no están muy dedicados a la crítica y el pensamiento debido a su estilo de vida, con la experiencia que tengo con los jóvenes de esta generación, puedo decir que es diferente. La generación actual, los centennials, accede a la información principalmente a través del teléfono móvil y no de manera crítica. 

Creo que esta generación tiene una desventaja en comparación con aquellos que buscaban información en las fuentes tradicionales. Todos nosotros hacemos uso de la racionalidad. Hay algunos, como en su caso, que profundizan más. Yo nunca he llegado a tanto; sin embargo, con lo que he aprendido, me siento satisfecho. No por tener respuestas, sino porque esas inquietudes se han vuelto un poco más claras para mí. Me gustaría preguntarles: ¿Qué motivó, por ejemplo, a Tomás Nova, que vino de Neiva a estudiar filosofía? ¿Fue la misma motivación que tuvieron ustedes en su juventud? Yo tengo la noción de que mi generación vino a estudiar filosofía con inquietudes. Elegir estudiar filosofía a una edad joven es un desafío, pero muchos están dispuestos a enfrentarlo. ¿Cómo es el perfil ideal de un profesor de filosofía para usted? La cuestión del perfil ideal del filósofo es algo que los directores deben considerar, ya que son ellos quienes evalúan al personal que ingresa a la academia. En cuanto a mí, siempre he tenido claro que mi modelo de perfil es el de Platón. No es necesario ser un genio o un gurú como él, pero sí alguien apasionado por diversas áreas del conocimiento. Al pensar en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, me viene a la mente una institución que ha pasado por transformaciones significativas. Se ha notado una influencia marxista en la forma en que se enseña y en los materiales que se usan. Sin embargo, recientemente, ha habido un cambio hacia una orientación más diversa y confesional. Se han incluido voces tanto católicas como protestantes, y ya no es un tema de debate o discusión. Me pregunto cuáles son los debates actuales y me gustaría saber más.

Entonces, los profesores no investigan y la universidad tampoco está a la altura del siglo XXI, ya que no cuenta con una biblioteca virtual. Todas las universidades de prestigio tienen una biblioteca virtual en la que, si uno desea buscar un texto, por ejemplo, los textos de Ross o de Big, encuentra fácilmente cualquier texto, ya sea de literatura universal, filosofía, sociología clásica o ciencia. Hay muchos textos que son, digamos, el legado de la humanidad y que no están prohibidos por derechos de autor. No se requiere de mucha inversión para establecer una biblioteca virtual. Ahora, para los textos recientes y contemporáneos, sí hay que pagar, pero no creo que el gasto sea muy alto, y la universidad no ha querido invertir en eso. 

Las facultades tampoco cuentan con estos recursos, y los pocos que tienen, a veces, son solicitados por la rectoría para el pago de viáticos de profesores, lo cual no tiene relación alguna con la investigación. Aunque la facultad tenga un instituto de investigación, puedes tener un doctorado de una universidad de tradición española, y cuando sometes los proyectos, estos tardan 6 meses en ser aprobados. Se sigue una tradición analítica en la que se cuestiona el concepto de variables e indicadores. Por ejemplo, cuando Big se refiere a las variables, ¿a qué se refiere exactamente? No creo que en humanidades alguien pueda presentar un proyecto con esa operacionalización de variables. Serían genios si pudieran hacer enunciados axiomáticos en el mundo de las humanidades que fueran plenamente apodícticos. No obstante, si no son así, requieren el principio de verificación porque no están sustentados desde el punto de vista del análisis. Quiero saber cuáles son las verificaciones y experimentos que se le hacen a ese tipo de proposiciones que se sustentan en esos proyectos de investigación, porque no van a pasar los exámenes de este círculo. No creo que ese modelo neopositivista tenga buenos resultados, ni siquiera en la Facultad de Ciencias. Entonces, ¿por qué lo tenemos en humanidades? Y porque la gente lo vive, se convierte en un cuello de botella, una camisa de fuerza que no permite al investigador avanzar. La universidad impone esa camisa de fuerza para que no investigues, pero para ingresar a la universidad y dar clases, no hay ningún requisito. Es un gran conflicto. La universidad no tiene rigurosidad en la selección de docentes y tampoco contempla horas de investigación en las jornadas de un docente; solo contempla 40 horas de docencia. Hay que buscarle una solución a eso. Si presentas un proyecto de investigación y quien lo evalúa tiene un modelo de los años 60 o 70, y tú, aunque no fueras un genio como Big, presentas algo innovador, enfrentarás problemas. Por ejemplo, ¿quién le decía a él qué estilo de citación usar? No vamos a utilizar el modelo APA, el modelo de Chicago, entre otros. Esa camisa de fuerza para la investigación, por asunto de proselitismo político, no exige ninguna rigurosidad para la docencia, porque es un asunto de oferta y demanda. Y no lo planificamos.

Dr. Alejandro Arvelo
Bueno, muchísimas gracias, profesor Valdéz. De esta manera, ponemos punto final a este diálogo en profundidad en torno a sus ideas, su estilo de trabajo, sus temas de investigación, sus líneas de investigación y su trayectoria vital y académica. Muchísimas gracias.