Dr. Alejandro Arvelo
A dos minutos para las 11 de la mañana de este 20 de septiembre de 2023, nos encontramos en el despacho del señor director de la Escuela de Filosofía, profesor Eulogio Silverio, para dar continuidad a uno de los programas estrella de su gestión: el programa Archivo de la voz. Hoy contamos con un colega profesor cuyo nombre evoca la palabra compromiso: el profesor William Mejía Chalas, un ejemplo de académico comprometido con la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y, muy especialmente, con su Escuela de Filosofía.
El profesor Mejía Chalas es egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en el grado de Filosofía. Ha realizado varias maestrías en la misma disciplina y próximamente iniciará su tesis doctoral, dado que está concluyendo otra maestría en Filosofía. Con una larga trayectoria como académico en la UASD y en otras instituciones de educación superior del país, el profesor Mejía Chalas se destaca también como un pensador activo, publicando constantemente artículos, ensayos de reflexión y participando en actividades vinculadas al ámbito sindical y cooperativo de la universidad.
Para nosotros, como sus colegas, es un motivo de orgullo compartir con él la condición de profesor de la UASD, específicamente en la Escuela de Filosofía. Bienvenido, profesor. Lo primero que debo decirle, aunque está de más porque usted es parte de esta gestión y es director coordinador de la cátedra de Filosofía General, es que el propósito de este programa, impulsado por el profesor Eulogio Silverio, es dejar constancia de la voz, la trayectoria académica y las ideas de aquellos profesores considerados pilares de nuestra escuela. Nos interesa conocer más sobre usted: su tradición, de dónde viene, quiénes son sus parientes, y qué lo llevó a estudiar filosofía en lugar de otra carrera, remedando un poco la famosa pregunta de Leibniz y Heidegger: ¿Por qué filosofía y no más bien otra cosa?
Mtro. William Mejía Chalas
—Muchísimas gracias, queridísimo doctor Albelo. Con esa presentación que usted ha hecho, creo que voy a grabarla para escucharla con frecuencia, no por vanagloriarme, sino para mantener ese compromiso que usted ha delineado tan sabiamente. Estoy seguro de que sus palabras reflejan un exceso de cariño, lo cual agradezco profundamente. Me siento muy orgulloso y agradecido de que tanto usted como el maestro Eulogio Silverio me hayan invitado a este programa. Aunque soy de la casa, no lo doy por sentado, ya que muchas veces quienes están más cerca son los últimos en ser considerados.
Dr. Alejandre Arvelo
—Profesor, tengo entendido que usted nació en un pueblo del interior, específicamente en una zona montañosa. Dicen que desde la montaña no solo se domina la altura y las mesetas, sino también el llano. ¿Cree usted que esto influyó en su decisión de estudiar filosofía?
Mtro. William Mejía Chalas
—En principio, no lo creo, profesor. Siempre he planteado que, en la República Dominicana, las personas estudian filosofía por dos razones: por obligación o por convicción. En mi caso, fue por obligación. Al ingresar al seminario, todo seminarista católico debe estudiar primero filosofía. Yo desconocía completamente esta disciplina, y fue en el seminario donde la filosofía se convirtió en mi compañera de vida. Inicialmente fue una obligación, pero luego se transformó en convicción.
Recuerdo que en el seminario existía la posibilidad de pasar de tercero de filosofía directamente a teología sin terminar la primera carrera. Sin embargo, cuando el rector se enteró de esta opción, me dijo: “No, usted va a terminar la filosofía porque le gusta demasiado”.
Dr. Alejandro Arvelo
—¿A qué edad ingresó al seminario?
Mtro. William Mejía Chalas
—No era tan joven, profesor. En principio, quería entrar, pero mi padre, siendo yo el único varón y el más pequeño de cuatro hijos, tenía otras expectativas para mí: quería que estudiara ingeniería o arquitectura. Como no estábamos de acuerdo y, además, debía viajar a México para unirme a los mercedarios, decidí inscribirme en la UASD, donde cursé el colegio universitario y tres semestres de arquitectura. Sin embargo, después de completar esos semestres, le dije a mi padre: “No puedo seguir en esto; necesito ir al seminario”. Fue así como ingresé, ya con 22 años.
Dr. Alejandro Arvelo
—Sin duda, un llamado genuino.
Mtro. William Mejía Chalas
—Así es. Todavía hay compañeros del seminario que consideran que pude haber sido sacerdote. Sin embargo, por múltiples razones, no lo fui.
Dr. Alejandro Arvelo
—Es común escuchar que filosofía y religión, o filosofía y creencia en Dios, son campos excluyentes. ¿Qué opina usted de esa percepción?
Mtro. William Mejía Chalas
—Creo que es una cuestión cultural, especialmente en la República Dominicana. Como usted sabe, después del movimiento renovador de los 60, los profesores de filosofía en la UASD, en su mayoría, no tenían una formación filosófica formal, sino sociológica, muchas veces vinculada al marxismo radical. Esto llevó a que la introducción a la filosofía, que es una materia de servicio, se impartiera desde una perspectiva marcadamente sociológica y ateísta.
Esa herencia sociológica generó la percepción de que los filósofos no creen en Dios. Sin embargo, es una contradicción. Todo aquel que estudia para sacerdote debe primero estudiar filosofía. De igual modo, muchos pastores evangélicos o de otras denominaciones religiosas que cuentan con seminarios de formación estudian filosofía antes de abordar la teología.
Entonces, a partir de ahí considero que surge esa creencia de que el filósofo no cree en Dios. De alguna manera, hay una expresión en sus palabras que resume la actitud de la gestión actual y que recuerda la famosa frase atribuida a Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.
Dr. Alejandro Arvelo
Sin embargo, profesor, en la actualidad todavía hay personas que sostienen esta percepción. ¿Podría la Escuela de Filosofía hacer algo para desarraigar esa creencia errónea? Porque incluso en el mismo Marx existe un libro titulado Las metáforas teológicas de Marx, de Enrique Dussel. Y en su obra Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843), publicada en los Anales franco-alemanes, Marx menciona la famosa expresión: “La religión es el opio de los pueblos”. Sin embargo, él dice “la religión”, no “Dios” ni “los dioses”.
Cabe preguntarse cuál es el fundamento del ateísmo de Marx, porque quien sí es un ateo radical es Engels. Pero en el caso de Marx, uno no encuentra ese ateísmo radical. De hecho, yo mismo, en mi formación, no lo he identificado. Podría tratarse más bien de interpretaciones provenientes de ciertas escuelas marxistas.
Dejando eso a un lado, profesor, quisiera preguntarle: ¿su vocación por la enseñanza tiene algo que ver con su formación filosófica? O, dicho de otra manera, ¿encontró usted durante sus estudios algún maestro que le impactara tanto como para pensar: “Quiero ser como él o como ella”?
Mtro. William Mejía Chalas
—Bueno, profesor, ahí hay dos preguntas. En cuanto a la primera, sobre qué podría hacer la Escuela de Filosofía para revertir esa creencia de que los filósofos no creen en Dios, humildemente opino que no debería ser un objetivo prioritario de una escuela de filosofía. El propósito fundamental de una escuela de filosofía debe ser contribuir a la formación de individuos críticos. Estos encontrarán por sí mismos los argumentos a favor o en contra de la existencia de un ser superior al que llamamos Dios. No creo que sea una cuestión central para la filosofía.
Lo que sí considero crucial es trabajar para eliminar el estigma de que la filosofía es impráctica o que no tiene relevancia para abordar los problemas sociales. Ese sí debería ser un objetivo prioritario para la Escuela de Filosofía.
Respecto a la frase de Marx, “La religión es el opio de los pueblos”, me parece interesante complementarla con una idea de Eugenio María de Hostos en su libro La moral social. Hostos reconoce el papel de la religión en la conducta y convivencia humanas, afirmando que quienes desconocen los principios morales o religiosos tienden a ser desadaptados sociales. Aunque Hostos utiliza una expresión fuerte, su postura resalta el valor de la religión como herramienta para la cohesión social.
Un ejemplo claro de esto es cómo algunas personas logran superar adicciones —como al cigarrillo o al alcohol— gracias a experiencias religiosas, cuando otros métodos han fracasado. Sin embargo, es fundamental que la religión no sobrepase ese papel y no interfiera en otras áreas de la vida social.
En cuanto a mi vocación por la enseñanza, creo que estuvo influida por mi padre, quien dedicó toda su vida a ser maestro. Fue profesor, director de escuela y director de núcleo (lo que hoy serían los distritos educativos). Desde pequeño observaba su entrega a la formación.
La primera vez que me planteé ser profesor fue estando en tercer año de filosofía. Recuerdo que un compañero estaba en mi casa y mi hermana mayor le preguntó: “¿Y si ustedes salen del seminario, qué pueden hacer?”. Respondí: “Usar la tiza y la pizarra: dar clases”.
Antes de entrar al seminario ya había sido catequista, lo que también me preparó para la enseñanza. Además, tuve muchos profesores extraordinarios, como Freddy García, Luis Camilo Matos, Julián Valdés y Martín Astacio, quienes hoy son mis colegas y a quienes considero “mis profesores eternos”.
De manera especial, hubo dos profesores que me impactaron profundamente durante la licenciatura: el profesor Benavides, jesuita, cuya erudición me hacía pensar que si la sabiduría se hiciera hombre, él la representaría; y el profesor Jesús Agur, quien me dio Teoría del Conocimiento y Metafísica, con una profundidad y compromiso que me marcaron para siempre.
De Freddy García y Luis Camilo Matos admiré su sencillez y su interés genuino en que el estudiante aprendiera. Pero si tuviera que elegir un modelo a seguir como docente, sería Benavides, por su impresionante erudición.
Mi tesis de licenciatura trató sobre La fundamentación de Dios como realidad última en el pensamiento del filósofo español Xavier Zubiri. Quería explorar el problema de Dios y la trascendencia del ser. Mi asesor me pidió que leyera tres libros clave antes de aceptar mi propuesta, y fue así como descubrí a Zubiri. Lo que más me impactó de él fue su actitud crítica: no idolatraba a los autores que estudiaba. De hecho, Zubiri cuestiona las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, señalando que son “caminos al vacío”, ya que carecen de un punto de partida y un destino claros.
Dr. Alejandro Arvelo
—A propósito de Benavides y Agur, luminarias del pensamiento filosófico dominicano, quisiera preguntarle: ¿Cómo visualiza usted al maestro ideal de filosofía? ¿Y cómo sería una clase ideal de filosofía?
Mtro. William Mejía Chalas
—Para mí, el maestro ideal de filosofía es aquel que crea debates en el aula, permitiendo que el estudiante descubra por sí mismo las problemáticas que desea enfrentar. También es alguien apasionado por la filosofía y que incentiva la lectura crítica.
En mi práctica pedagógica, siempre comienzo mis clases de Introducción a la Filosofía con un problema de la vida cotidiana, para mostrar a los estudiantes que filosofar no es una actividad reservada para unos pocos, sino algo accesible y relevante para todos.
Yo tengo ciertas contradicciones con algunos compañeros que plantean que no todo el mundo es filósofo. Según ellos, filósofos son aquellos que están en el inicio de la filosofía, quienes han creado sistemas filosóficos y han trascendido con su pensamiento. Sin embargo, yo adopto una postura más sencilla: considero que todo ser humano que piensa ya está filosofando. Para mí, filosofar es hacerse preguntas, tratar de encontrar respuestas y justificarlas. Creo que en la vida cotidiana, todos nos hacemos preguntas, encontramos respuestas y buscamos justificarlas.
Por eso, para mí, la clase ideal es aquella en la que el profesor inicia con un problema simple pero capaz de despertar la curiosidad del estudiante. A partir del debate que genera ese problema, se puede conectar con los grandes pensadores y sus aportes, para finalmente llegar a conclusiones colectivas. Pero siempre dejando al estudiante con el deseo de seguir aprendiendo, como dirían los franceses, asociando la palabra savoir (saber) con saveur (sabor). Es como comer: no se trata de saciarse por completo, sino de quedar con un poco de hambre para seguir buscando más.
El objetivo es que el estudiante quede con esa sensación de insatisfacción que lo motive a seguir pensando. Creo que ese debería ser el ideal del profesor de filosofía. Además, considero que la evaluación no debería depender exclusivamente de exámenes formales, sino de la capacidad de los estudiantes para expresar sus ideas en ensayos bien estructurados. Aunque sus opiniones contradigan las del profesor, siempre que tengan una lógica coherente, deben ser valoradas.
Dr. Alejandro Arvelo
Es interesante lo que menciona porque, hace unos años, la unidad académica a la que pertenecemos pasó de llamarse “departamento” a “escuela”. Y de lo que usted dice, deduzco un estilo educativo en la Escuela de Filosofía que prioriza el problema sobre la respuesta, y la creación intelectual sobre la mera memorización. Esta forma de abordar la enseñanza recuerda a profesores como Tomás Novas y Eulogio Silverio, quienes iniciaban sus clases planteando problemas para fomentar el pensamiento crítico.
Ahora bien, usted también ha realizado maestrías, profesor. ¿Podría hablarnos de ellas? Hasta ahora nos ha comentado sobre su licenciatura, pero ¿las maestrías tuvieron un impacto similar o mayor en la formación de su carácter y su estilo de enseñanza?
Mtro. William Mejía Chalas
—Bueno, en mi caso, la primera maestría que realicé fue en Metodología de la Investigación Científica y Epistemología. Allí abordé el concepto de libertad en Jean-Paul Sartre, porque ese tema siempre me generó una gran inquietud. En particular, me enfrentaba a la famosa contradicción: si Dios lo sabe todo, entonces Él sabe lo que yo voy a hacer; por lo tanto, no soy libre. Pero si soy libre y puedo elegir, entonces Dios no lo sabe todo. Esa tensión me llevó a estudiar la obra completa de Sartre.
En cuanto al problema del hombre y su libertad, me considero sartriano. Adopto su perspectiva existencialista, donde el hombre está arrojado al mundo y debe enfrentar sus problemas desde esa condición. Sartre ha influido profundamente en mi forma de pensar, especialmente en la importancia de buscar soluciones a los problemas sociales y opinar sobre ellos.
Después de esa maestría, realicé el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en la Universidad del País Vasco. En este programa seguí trabajando a Sartre, específicamente la famosa frase: “El hombre está condenado a ser libre”. En mi investigación abordé La esclavitud de la libertad a partir de la condena a ser libre. Me enfoqué en analizar cómo la libertad, al mismo tiempo que nos libera, también nos esclaviza.
Por ejemplo, si asumimos que somos libres, estamos obligados a elegir constantemente, lo que nos convierte en esclavos de nuestra libertad. No podemos decidir no elegir. Este análisis lo desarrollé en un trabajo de aproximadamente 120 páginas que aún no he concluido, pero que espero retomar en algún momento.
Finalmente, aunque comencé un doctorado, no pude concluirlo debido a cambios en los reglamentos universitarios que requerían dominar el francés. Decidí posponer ese proyecto para dedicarme a otros estudios e investigaciones.
Otro tema que he trabajado está relacionado con mi experiencia en el Ministerio de Educación, donde fui parte de la Dirección General de Supervisión Educativa. En 2009, participé en una comisión de alto nivel de la UNESCO para analizar la enseñanza de la filosofía en el nivel medio en la República Dominicana. Me correspondió realizar el análisis curricular de los temas filosóficos presentes en ese nivel educativo.
Actualmente, en una maestría que estoy por culminar, trabajé en un proyecto titulado Impacto del abordaje de los contenidos de naturaleza filosófica en el currículo de nivel secundario en la República Dominicana. Esta investigación analiza cómo la enseñanza de la filosofía puede contribuir al desarrollo crítico de los estudiantes en el nivel medio.
Que también, Dios mediante, será parte de mi tesis doctoral, con el objetivo de proponer al Ministerio de Educación una forma de enseñar filosofía desde los niveles inicial, primario y secundario, sin necesidad de agregar más horas de clase. Mi intención es trabajar en cómo incorporar esta disciplina de manera integral desde el inicio del sistema educativo preuniversitario.
En conclusión, tanto mi trabajo final de grado en la licenciatura como los realizados en las maestrías han contribuido a moldearme como una persona diferente. Cada investigación ha despertado en mí una sensibilidad especial hacia los temas que he estudiado. Por ejemplo, trabajar el concepto de libertad en Sartre, en la maestría de Metodología, me permitió conocer a un pensador que no tuvo nada extraordinario en su vida: fue huérfano y no un prodigio, pero destacó por su disciplina. Algo que siempre me ha llamado la atención de Sartre es su mentalidad abierta (open mind, como dirían los jóvenes hoy), su rechazo a las tradiciones impuestas y su cuestionamiento de las instituciones que definen criterios de verdad, bondad o falsedad. Esa rebeldía de Sartre me inspira, porque, de cierta forma, también me considero un rebelde.
Estudiar el contexto de la Segunda Guerra Mundial y el descalabro moral de la época durante mi Diploma de Estudios Avanzados (DEA) fue otra experiencia que marcó mi percepción de la sociedad dominicana actual, que enfrenta un descalabro moral similar. Siento que, a través de mis investigaciones y de los contenidos filosóficos en el currículo educativo, he podido devolverle algo a la filosofía, que tanto me ha dado.
En la estructura universitaria actual, la investigación, la docencia y la extensión son pilares fundamentales. Sin embargo, además de mi trabajo académico, quisiera destacar a dos profesores que me impactaron profundamente durante mis maestrías.
Uno de ellos fue el profesor Viloria, quien impartió Historia de la Ciencia. Me sorprendió cómo lograba conjugar filosofía y sociología en sus enseñanzas. El otro fue el Dr. Enerio Rodríguez, quien impartió Filosofía de la Ciencia y Técnicas Cuantitativas de Investigación. Su erudición y claridad me recordaron a Benavides en la licenciatura. Tiempo después, en conversación con el Dr. Enerio, descubrí que había sido alumno de Benavides, lo cual explica su excelencia académica.
Durante el Diploma de Estudios Avanzados y la maestría, también recibí clases del maestro Nicanor Urzúa, del País Vasco. Él y el Dr. Enerio han sido figuras fundamentales en mi formación.
Además de Sartre, otros pensadores de la filosofía occidental han influido en mi pensamiento y actitud ante la filosofía y la docencia. Entre ellos están Aristóteles, Platón y Descartes.
De Platón, recuerdo cómo sus textos me impactaron durante el seminario. Aunque las luces se apagaban a las 10 de la noche, solía ir al baño con un libro para leer. Uno de esos libros fue La Apología de Sócrates. Me sorprendía cómo su contenido moral podía haber sido atribuido a cualquier santo cristiano. Frases como “si huyo, no confiarán en mí, pues si traicioné a mi ciudad, ¿cómo confiarían en mí en otra?” dejaron una profunda impresión en mí.
De Aristóteles, siempre me fascinó su capacidad de pensar la realidad concreta. Recuerdo que Benavides mencionaba cómo Santo Tomás de Aquino había leído la Metafísica 40 veces sin comprenderla del todo. Esa profundidad me llevó a admirar aún más a Aristóteles, especialmente su famosa frase: “Todos los hombres desean por naturaleza saber”.
Por último, Descartes me marcó por su ingenio y astucia. En la primera edición de El discurso del método, no menciona a Dios, pero, tras ser incluido en el índice de libros prohibidos, añade reflexiones sobre Dios en ediciones posteriores para evitar la censura. Su capacidad para sortear las adversidades y seguir expresando sus ideas lo convierte en un pensador digno de admiración.
En cuanto a la literatura, La vida es sueño de Calderón de la Barca es mi obra favorita. Leerla fue un camino que me llevó a explorar otras influencias, como Las mil y una noches. Estas lecturas me han ayudado a entender la conexión entre la filosofía y la literatura.
En la literatura dominicana, Juan Bosch es un referente para mí. Cuentos como Dos pesos de agua transmiten una narrativa tan rica que uno siente el calor del sol descrito en sus páginas. Su obra La fortuna de Trujillo también me parece fascinante, por la forma en que desglosa la riqueza del dictador a partir de cálculos precisos, como el valor de los árboles de caoba en la Hacienda de San Cristóbal. Esa capacidad de análisis sociológico y económico, combinada con una narrativa pedagógica, es simplemente maravillosa.
Una novela dominicana que me impactó profundamente, tanto por su estilo narrativo como por su contenido, es Flor Bella de Marcio Veloz Maggiolo. La obra relata la historia de un embalsamador que, al descubrir los huesos de una mujer a través de la arqueología, comienza a reconstruir su posible vida. Este arqueólogo llega a enamorarse de la figura imaginada, en una narrativa que recuerda al famoso mito de Galatea.
Creo que la literatura dominicana tiene mucho que ofrecer, aunque a veces, por motivos ideológicos o de pensamiento, se etiquetan ciertas obras de manera negativa. Por ejemplo, Manuel Salvador Gautier, con su obra La palabra encadenada, presenta una narrativa muy bien pensada y estructurada. También destacan títulos como El Cristo de la Libertad, que reflejan la profundidad de la literatura dominicana.
Dr. Alejandro Arvelo
Profesor, siguiendo con la literatura dominicana, dado que la filosofía también puede considerarse literatura, me gustaría plantearle una pregunta: ¿Cree usted que existe una filosofía dominicana? ¿Cuál es su posición frente a esta problemática?
Mtro. William Mejía Chalas
Esa problemática, como usted bien plantea, tiene varias aristas que podrían abordarse desde dos perspectivas principales: por un lado, la enseñanza de la filosofía en la República Dominicana; por otro, la existencia de una filosofía propiamente dominicana.
En cuanto a la enseñanza, tenemos el famoso libro de López de Medrano, considerado el primer texto filosófico escrito en el país. Sin embargo, sería interesante analizar hasta qué punto dicho libro es verdaderamente filosófico desde la estructura conceptual que define la filosofía. Este análisis histórico podría arrojar luz sobre los primeros pensadores dominicanos y sus contribuciones.
Respecto a la existencia de una filosofía dominicana, debemos cuestionar qué problemas específicos han sido abordados por pensadores dominicanos utilizando categorías propias, ante problemáticas puramente nacionales. A menudo, quienes estudiamos filosofía en el país hemos sido formados bajo categorías y sistemas filosóficos europeos, incluso si nuestros profesores fueron dominicanos. Esto plantea la cuestión de hasta qué punto nuestro pensamiento es una adaptación de esas influencias externas.
No obstante, creo que sí es posible encontrar raíces dominicanas en el análisis de problemáticas locales y soluciones que reflejan nuestra realidad. La política dominicana, por ejemplo, podría considerarse un espacio donde se manifiesta una práctica filosófica nacional.
He trabajado, por ejemplo, una comparación entre Joaquín Balaguer y El príncipe de Maquiavelo, analizando cómo ciertas estrategias políticas se alinean con las enseñanzas de este último. Este tipo de análisis, basado en una realidad nacional, demuestra cómo podemos aplicar categorías filosóficas a problemas dominicanos.
Dr. Alejandro Arvelo
Profesor, usted mencionó el término “profesor de filosofía”. Un preconcepto común es que quien enseña filosofía es necesariamente filósofo. ¿Cree usted que hay diferencia entre un filósofo y un profesor de filosofía?
Mtro. William Mejía Chalas
Creo que no hay una diferencia esencial. Como mencioné antes, para mí, filosofar es pensar, hacerse preguntas, buscar respuestas y justificar esas respuestas. Un profesor de filosofía, aunque se limite a impartir la materia desde un enfoque histórico o temático, también está filosofando.
Sin embargo, creo que enseñar filosofía debe centrarse en los problemas y no solo en la historia de la filosofía. Un profesor ideal debería motivar a los estudiantes a cuestionar, debatir y reflexionar. En este sentido, sus clases no solo instruyen, sino que también invitan a filosofar activamente.
Dr. Alejandro Arvelo
Ampliando nuestra conversación, ¿cree usted que existe una filosofía latinoamericana o iberoamericana?
Mtro. William Mejía Chalas
Sí, aunque con matices. La filosofía latinoamericana se ha desarrollado tomando categorías europeas y adaptándolas a nuestro contexto. Cuando se analizan problemáticas como el colonialismo, la cultura y los valores latinoamericanos, podemos afirmar que existe una filosofía con raíces propias, aunque no completamente desvinculada de la tradición europea.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Y la filosofía en la República Dominicana? ¿Goza de buena salud?
Mtro. William Mejía Chalas
Creo que sí. El quehacer filosófico en nuestro país ha avanzado considerablemente. Hoy contamos con instituciones como la Asociación Dominicana de Filosofía, que no existía hace 15 años. Además, tenemos tres instituciones que forman profesionales en filosofía con enfoques diversos:
- El Seminario Santo Tomás de Aquino, con una perspectiva religiosa.
- El Instituto Superior Pedro Francisco Bonó, orientado hacia lo social.
- La Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que ofrece una formación mixta, acogiendo estudiantes de diversas corrientes y perspectivas.
La UASD, en particular, tiene una riqueza incomparable en la formación filosófica, al promover el análisis crítico y la diversidad de pensamiento entre sus estudiantes. Además, muchos licenciados en filosofía están siendo incorporados al sistema educativo, gracias a programas de habilitación docente, lo que amplía el alcance de la filosofía en el país.
En casi todas las universidades dominicanas encontramos licenciados en filosofía impartiendo clases de filosofía, ética o pensamiento social. En este sentido, podemos decir que la filosofía tiene buena salud. Además, ha salido de las aulas gracias a iniciativas como las 24 Horas de Filosofía, los congresos y conversatorios organizados por la Escuela de Filosofía. Otras instituciones, como el Seminario Santo Tomás de Aquino y el Instituto Pedro Francisco Bonó, también promueven la discusión filosófica mediante actividades como la Semana Teológico-Pastoral.
Otro indicador positivo es la presencia de profesores de filosofía que han comenzado a divulgar contenidos en canales de YouTube, extendiendo la enseñanza más allá de los espacios tradicionales.
Sin embargo, donde la filosofía aún muestra debilidad es en la educación preuniversitaria. Durante la reforma curricular, los contenidos filosóficos fueron dispersados en los llamados “ejes transversales”. En la práctica dominicana, cualquier contenido asignado a un eje transversal tiende a desaparecer rápidamente, ya que no se forma adecuadamente a los profesores para abordar esos temas.
Por ejemplo, los docentes de ciencias sociales no reciben capacitación en educación filosófica, y menos aún los de matemáticas, área en la que también se incluyeron algunos contenidos. Además, en República Dominicana, los programas piloto suelen quedar como meros experimentos sin continuidad ni expansión.
En general, la filosofía está bien posicionada en cuanto a su masificación, divulgación y la oferta de programas de formación. Actualmente, contamos con varias maestrías en filosofía, incluida la de metodología de la investigación científica, que ya tiene cuatro promociones activas. También existe el máster conducente a doctorado ofrecido por la Universidad del País Vasco, con aproximadamente 10 promociones. Este panorama ha fomentado la investigación entre los profesores de filosofía, lo que fortalece aún más el campo.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Por qué la filosofía es importante para los jóvenes dominicanos del siglo XXI?
Mtro. William Mejía Chalas
Considero que si existe un descalabro moral y social en República Dominicana y en otras partes del mundo, se debe, en parte, a la ausencia de formación filosófica. Todo aquel que se acerca a la filosofía desarrolla un pensamiento crítico que lo lleva a reflexionar sobre cómo mejorar la sociedad o transformar el mundo.
La filosofía fomenta ciudadanos responsables, difíciles de manipular o engañar. Una persona con pensamiento crítico no pasará un semáforo en rojo, no buscará delinquir y no venderá su voto. Por el contrario, tendrá principios por convicción que lo guiarán a actuar de manera ética y reflexiva.
En países como Chile, la filosofía se ha mantenido en el bachillerato por dos años, y ahora luchan para incluirla en todo el ciclo. Europa, que en algún momento eliminó la filosofía de los currículos, ha comenzado a reincorporarla debido a la evidente necesidad de formar ciudadanos reflexivos. En Perú y Argentina también se han impulsado debates y eventos para resaltar la importancia de la filosofía en la educación secundaria.
Incluso en la formación profesional, quienes tienen una base filosófica desarrollan una práctica más ética y consciente. Recuerdo a un médico que me dijo: “Estudié medicina primero y luego filosofía. Si volviera a nacer, estudiaría filosofía antes que medicina, porque me convirtió en un mejor médico”.
Dr. Alejandro Arvelo
¿A qué se debe el interés renovado por la filosofía en el ámbito profesional?
Mtro. William Mejía Chalas
Creo que, en muchos casos, las personas optaron por carreras profesionales debido a la necesidad de asegurar su estabilidad económica. Sin embargo, tras alcanzar ese objetivo, sienten la inquietud de explorar la filosofía como un llamado interno.
Por ejemplo, muchas personas comienzan a cuestionarse la esencia de su profesión: ¿Qué significa ser médico? ¿Es la medicina una ciencia, una técnica o un arte? Estas preguntas son eminentemente filosóficas y despiertan en ellos la necesidad de buscar respuestas en la filosofía.
Además, las carreras tradicionales suelen tener un ciclo de aprendizaje limitado. Un arquitecto, por ejemplo, aprende a diseñar y construir, pero esta actividad puede volverse monótona. La filosofía, en cambio, invita a una búsqueda constante del “por qué” de las cosas, una indagación que trasciende los límites de lo práctico y nos conecta con nuestra humanidad.
La filosofía humaniza al ser humano al convertirlo en sujeto y objeto de estudio. Este proceso fomenta la autoconsciencia y nos lleva a reflexionar sobre nuestra existencia y nuestras decisiones.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Le interesa al sistema mundo fomentar ciudadanos reflexivos y autoconscientes?
Mtro. William Mejía Chalas
Lamentablemente, el sistema actual parece inclinarse más hacia la formación de operarios, consumidores y repetidores de ideas preestablecidas. Sin embargo, una persona educada filosóficamente tiene el potencial de cuestionar y transformar este sistema.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Existe relación entre filosofía y democracia?
Mtro. William Mejía Chalas
Sin duda, profesor. La filosofía es esencial para la democracia, ya que forma ciudadanos críticos capaces de participar activamente en la vida política. Una democracia saludable necesita individuos que se hagan preguntas profundas y actúen con responsabilidad, guiados por la reflexión y el análisis ético.
Sí, profesor, yo creo que si hay ciudadanos —y voy a usar un término que quizás no sea del todo correcto— “filosóficamente formados”, hay democracia. De lo contrario, lo que viviríamos sería una democracia formal, jurídica y escrita, pero no una democracia real en la convivencia.
Por ejemplo, tenemos una Constitución que, aunque presenta ciertos problemas, puede analizarse desde una perspectiva filosófica. A menudo, se dice que la Constitución dominicana es “un traje a la medida”. Un ejemplo de esto sería el caso de la inmunidad parlamentaria. Si un senador comete un delito flagrante, el proceso para retirarle la inmunidad es más complejo que condenarlo. Primero, el propio senador tendría que renunciar a su inmunidad; luego, sus compañeros legisladores deberían aceptar esa renuncia para que un juez pueda proceder. ¿Usted cree, profesor, que los legisladores estarían dispuestos a quitarle la inmunidad a un compañero? No lo creo.
Por eso pienso que si un ciudadano tiene formación filosófica, desarrollará pensamiento crítico, principios morales sólidos y una adhesión consciente a las leyes. No buscará violarlas, no votará por beneficios materiales, sino siempre por el bien común. En ese sentido, creo que la jornada por la formación filosófica en las aulas y fuera de ellas es una gran contribución que hace la Escuela de Filosofía a la República Dominicana.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Hacia dónde va la libertad en un contexto donde tantas personas delegan su derecho a decidir o lo cambian por canonjías y favores?
Mtro. William Mejía Chalas
Esta es una pregunta fascinante, profesor. Nosotros pensamos que los seres humanos de hoy somos esclavos modernos. Aunque trabajamos ocho horas diarias en condiciones mejores que las de la esclavitud tradicional, seguimos siendo esclavos de otras formas de opresión, como la precariedad y la dependencia económica.
Esto plantea una diferenciación importante entre decidir y elegir. Cuando una persona vende su voto por un beneficio material, ¿está ejerciendo su libertad? Yo diría que no, porque su condición ha sido manipulada. Esto nos lleva al control que ejercen los poderes sobre las personas, muchas veces utilizando estrategias para mantenerlas en la ignorancia.
Como bien señala Platón, una democracia degenerada puede degenerar en tiranía. Hoy, con las redes sociales y la tecnología, no solo está en juego nuestra libertad, sino también nuestra privacidad. En China, por ejemplo, han implementado un sistema de vigilancia social en el que se exponen públicamente las infracciones de los ciudadanos, afectando su reputación y trato social. Este tipo de control y manipulación es posible, en gran medida, porque la formación filosófica está ausente.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Puede ser objeto de juicio moral quien ha nacido y crecido en extrema pobreza?
Mtro. William Mejía Chalas
Profesor, esta es una cuestión sumamente interesante, y espero que el profesor Silverio termine pronto su investigación sobre este tema, porque es crucial. Una persona en extrema pobreza no puede ser juzgada moralmente bajo los mismos parámetros que alguien con mejores condiciones de vida.
Un individuo en estas circunstancias tiene otros códigos éticos y valores. No podemos aplicar principios morales generales sin considerar el contexto. Por ejemplo, si una persona que vive en extrema pobreza pelea por un pedazo de comida que encuentra en la basura, ¿podemos catalogarla como violenta? ¿O simplemente está tratando de sobrevivir?
Además, la ausencia de figuras paternas y maternas en estos contextos suele agravar la situación. Estudios recientes muestran cómo la falta de un padre puede influir en altos índices de suicidio, abuso, maltrato y delincuencia. Entonces, cuando hablamos de juzgar moralmente a alguien en extrema pobreza, debemos considerar parámetros diferentes, porque estas personas viven en condiciones que las deshumanizan.
Dr. Alejandro Arvelo
¿Qué pasa cuando trasladamos esta ausencia de figuras paternas al ámbito social?
Mtro. William Mejía Chalas
Profesor, esto nos recuerda la famosa frase de Kirilov en Los hermanos Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”. En la sociedad dominicana, la figura paterna parece haberse trasladado a los profesores, quienes han asumido roles que antes correspondían a la familia.
El abandono de la figura de Dios en las sociedades contemporáneas también tiene un impacto. Eugenio María de Hostos decía que quien no conoce los principios de la moralidad o la religión puede convertirse en un perverso. Creer en Dios, independientemente de la religión, puede ser un factor de cohesión social y un punto de referencia moral.
Un estudio reciente mostró que las personas que asisten regularmente a misa tienden a tener una mejor salud emocional que quienes no lo hacen. Esto no significa que todos deban ir a misa, pero refleja cómo la fe y los principios religiosos pueden ayudar a las personas a encontrar un sentido de comunidad y estabilidad emocional.
En definitiva, cuando un individuo carece de valores y principios sólidos —ya sean religiosos, morales o filosóficos—, se vuelve más susceptible a ser manipulado por las fuerzas del entorno.
Por ejemplo, si alguien cree en Dios y afirma que Él es el creador de la naturaleza, verá a Dios reflejado en ella y, en consecuencia, la respetará. Esto crea una relación diferente entre el hombre y la naturaleza. Permítame explicarlo mejor, profesor, no porque crea que no me está entendiendo, sino porque no estoy seguro de estar expresando adecuadamente mi idea.
A lo largo de la historia de la humanidad, la relación del hombre con la naturaleza ha evolucionado significativamente. En un principio, el hombre trabajaba la tierra con sus propias manos, manteniendo una conexión cercana con la naturaleza, a menudo vinculada a un sentido de adoración naturalista, totémica o espiritista. En el Neolítico, aparecen las primeras herramientas rudimentarias, como lanzas con puntas de sílex, que comienzan a mediar entre el hombre y la naturaleza. Más tarde, con la domesticación de animales y la invención del arado, el hombre empieza a distanciarse físicamente de la naturaleza.
En la actualidad, con la llegada de la robótica y la automatización, este distanciamiento ha alcanzado un punto crítico: muchas industrias están completamente robotizadas, y el ser humano ya no interactúa directamente con la naturaleza en los procesos de producción. Este alejamiento físico y espiritual de la naturaleza tiene implicaciones profundas. Cuando no hay una formación integral —que incluya valores humanos y religiosos, no necesariamente para hacer a alguien religioso, sino para inculcarle principios trascendentales—, el individuo no encuentra una conexión significativa con la naturaleza ni con su propio ser.
Hoy hablamos del Antropoceno, una era geológica definida no por los cambios naturales del planeta, sino por la profunda intervención del ser humano en los ecosistemas. Más del 80% de las especies animales conocidas están extintas o en peligro de extinción, y el 70% de la luz natural está opacada por la iluminación artificial. En el caso de República Dominicana, se estima que cuando llegaron los colonizadores, el 92% del territorio estaba cubierto de bosques. Hoy, esa cifra se ha reducido a un 13%. La Amazonía, que solía producir alrededor del 30% del oxígeno mundial, ha disminuido drásticamente su capacidad debido a la deforestación.
Dr. Alejandro Arvelo
Este deterioro tiene consecuencias graves, como la muerte de millones de personas por la falta de agua potable. No se puede banalizar el tema del agua, especialmente en el contexto del conflicto reciente en el río Dajabón. Profesor, ¿qué le parece este tema? ¿Es una cuestión trascendental o algo menor?
La República Dominicana enfrenta aquí una gran oportunidad, pero también un enorme riesgo. En un trabajo que tengo en revisión sobre la falacia del cosmopolitismo, argumento cómo las grandes potencias (Estados Unidos, Canadá, Francia, Inglaterra) han intentado resolver el problema haitiano utilizando a República Dominicana como mediador. En este sentido, nuestro país debe actuar con extrema prudencia.
Cualquier error podría desencadenar sanciones económicas o políticas impuestas por la comunidad internacional. Vivimos en un mundo controlado por las potencias del G7, que ejercen una influencia decisiva sobre las naciones más pequeñas. En este caso, aunque Haití haya violado la legalidad de un acuerdo bilateral, República Dominicana debe manejar el conflicto con mucha cautela y buscar soluciones que no perjudiquen su posición diplomática ni su economía.
Por ejemplo, se podría considerar un acuerdo que permita el uso del agua del canal de manera controlada, tal como se hace en otras partes del río. El agua podría ser utilizada ciertos días de la semana, asegurando que no se comprometa el flujo natural del río Dajabón. Sin embargo, hay informes preocupantes que indican que Haití podría estar planificando otros canales adicionales, lo cual representa un riesgo aún mayor para el equilibrio ecológico y político de la región.
Nuestra economía depende en gran medida del turismo, y cualquier conflicto que proyecte una imagen de inestabilidad podría afectar significativamente este sector. Se estima que República Dominicana recibe cerca de 10 millones de turistas al año, con ingresos mensuales de aproximadamente 800,000 visitantes. Un enfrentamiento con Haití, aunque sea breve, podría disuadir a los turistas de visitar el país, lo que tendría consecuencias devastadoras para nuestra economía.
En este sentido, la República Dominicana debe buscar una solución salomónica que proteja sus intereses y minimice los riesgos de confrontación. Es fundamental fortalecer nuestra posición diplomática en los organismos internacionales y actuar con firmeza, pero también con prudencia, para evitar provocaciones que puedan escalar en conflictos mayores.
Como diría Santo Tomás de Aquino, debemos optar por el mal menor, asegurándonos de que las decisiones que tomemos no comprometan nuestra estabilidad económica ni nuestra seguridad a largo plazo. La lucha por el agua, profesor, no es solo un tema ambiental; es una cuestión de soberanía, justicia y supervivencia.
Dr. Alejandro Arvelo
Una medida que ha sido cuestionada por algunos sectores es el movimiento de tropas hacia la frontera. En la mente de los gobernantes, tal acción parece ser más bien disuasiva o preventiva. ¿Le parece correcta esta decisión, profesor? Algunos argumentan que no estamos en guerra y que no se pelea contra un Estado, lo cual, paradójicamente, lo hace aún más complejo.
Mtro. William Mejía Chalas
Creo que la movilización era necesaria. Aunque es costosa, sería mucho más oneroso continuar recibiendo vejámenes e injerencias sobre nuestra soberanía. Es fundamental que enviemos un mensaje contundente de que estamos dispuestos a defender nuestro territorio y nuestros recursos, como dirían: “Patria o muerte”.
República Dominicana ha sido más que solidaria con Haití. Hemos construido universidades, destinamos el 30% del presupuesto de salud pública para atender a la población haitiana que convive con nosotros, estimada en más de un millón de personas. Además, muchos de ellos envían remesas a su país de origen, lo que representa un importante soporte económico para Haití. A pesar de todo esto, no podemos olvidar que ningún país en la historia ha cedido su territorio por solidaridad o caridad, sino únicamente como consecuencia de una guerra.
Todo lo que se haga para salvaguardar nuestra frontera y nuestros recursos hídricos es invaluable y necesario. La República Dominicana ha sufrido demasiado a causa de las calamidades del pueblo haitiano y ha mostrado una generosidad sin precedentes.
Dr. Alejandro Arvelo
Flota sobre nuestras cabezas el tema del agua y la naturaleza, cuestiones que usted ha traído a la mesa de diálogo. Permítame hacerle una pregunta que preocupó mucho a la Escuela de Frankfurt: ¿Domina el ser humano la naturaleza? ¿Es posible hablar de un verdadero control sobre ella?
Mtro. William Mejía Chalas
Esa es una pregunta profunda, profesor, y merece ser abordada con cuidado. El ser humano domina ciertos aspectos de la naturaleza, pero hay una gran diferencia entre dominar y maltratar. Por ejemplo, en el caso de nuestros hermanos haitianos, cuando talan árboles para cocinar, no lo hacen con miras a reforestar o preservar; simplemente los cortan, lo que constituye un maltrato a la naturaleza.
Por otro lado, hay avances significativos en la genética animal, la producción agrícola, la medicina y la tecnología, que muestran un dominio parcial de la naturaleza. Sin embargo, en muchos casos, este dominio está malinterpretado y se convierte en abuso. Tome como ejemplo el canal de Panamá: una obra monumental que demuestra el control humano sobre la naturaleza. Pero hoy, debido al mal manejo del lago que abastece el canal, los niveles de agua son tan bajos que el tráfico se ha ralentizado y los barcos pagan sumas exorbitantes para cruzarlo.
El problema radica en la falta de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Si el consumo promedio de un ciudadano estadounidense se replicara globalmente, necesitaríamos cinco planetas Tierra para satisfacer esa demanda.
Dr. Alejandro Arvelo
En palabras de Pascal: “El hombre es como una cuerda tendida entre la nada y el infinito”. Podríamos decir que el hombre es un puente entre la naturaleza y la trascendencia. Profesor William Mejía, ¿considera usted que la búsqueda de trascendencia es algo inherente al ser humano o es algo aprendido?
Mtro. William Mejía Chalas
Siempre hemos sido moldeados por dos principios: nuestro entorno y la información genética que traemos en nuestro ADN. En este sentido, la búsqueda de trascendencia puede ser aprendida si crecemos en un ambiente que valore lo trascendental. Sin embargo, si carecemos de esa influencia, es posible que no desarrollemos esa inquietud.
Por otro lado, hay individuos que, incluso en ausencia de un entorno que fomente la trascendencia, emergen como “ovejas negras” que cuestionan y transforman su realidad. Este tipo de personas son esenciales para el cambio social.
Si el ser humano entendiera la importancia de la trascendencia, nuestra sociedad sería diferente. Buscaría dentro de sí mismo para alcanzar aquello que está más allá, en lugar de enfocarse únicamente en lo material. Sin esa búsqueda, nos convertimos en seres atrapados por lo inmediato, olvidando nuestra conexión con los demás y con el entorno.
Dr. Alejandro Arvelo
La trascendencia está profundamente conectada con la alteridad y el reconocimiento. Usted mencionó que su padre fue maestro. ¿Diría que él sembró en usted la impronta de la docencia?
Mtro. William Mejía Chalas
Sí, profesor. Yo nací el 24 de noviembre de 1974 en San José de Ocoa, en el seno de una familia liderada por mi padre y mi madre, junto a tres hermanas mayores. Mi padre fue maestro de escuela, director y supervisor educativo. Estudió en la Escuela Normal Luis Napoleón Núñez Molina de Santiago, cerca del Seminario San Pío X.
La influencia de mi padre como educador siempre estuvo presente en mi vida, y creo que esa semilla germinó con el tiempo, llevándome a abrazar la docencia como profesión y vocación.
Mi padre estudió allí, y de hecho, cuando yo nací, él estaba allá. Es decir, él no sabía que yo había nacido. Mi padre es oriundo de un campito de Ocoa llamado Mahoma, cerca del Palo de Caja, donde ahora está la presa de Jigüey-Aguacate. Mi madre también es oriunda de un campito, llamado El Mogote, por esa misma zona. Mi padre es de Boca de Mahoma y mi madre de El Mogote, Rosalito y La Ciénega. Aunque se conocían desde jóvenes porque mi abuelo era compadre de mi abuela, la vida del campesino dominicano siempre ha estado llena de precariedades. Recuerdo que mi abuelo, en algún momento, tuvo que vender sus vacas para pagar una deuda con el Banco Agrícola.
A pesar de las dificultades, ambos abuelos compartían un anhelo: que sus hijos estudiaran. Por eso emigraron a la ciudad como pudieron. Sin embargo, tenían que regresar al campo a trabajar y, con suerte, podían venir los viernes con un saquito de papas. Mi padre fue muy emprendedor. Trabajó con el padre Luis King y, siendo joven, aprendió el oficio de la construcción. Me contaba que llegó a ganar 63 pesos y que, si lograba ahorrar un peso al mes, eso era todo un logro.
Vivíamos en precariedad. Recuerdo que tenía un par de zapatos y unos calizos. Los zapatos eran para ir a la escuela y para ponérmelos los domingos. Siempre usábamos la misma ropa los domingos, porque era la “ropa de domingo”.
Mi madre, también muy emprendedora, aprendió a hacer bordados, vender dulces y helados. Ella quería estudiar, pero mi padre le decía: “Si yo estoy en la calle trabajando, no podemos dejar a los muchachos solos. Los muchachos se pueden torcer”. Mi madre no estudió más allá del tercero o quinto grado de primaria, pero hablaba con una claridad que parecía que había leído mucho.
Mi madre me enseñaba a leer en voz alta mientras planchaba. Si cometía un error, me pedía que leyera el párrafo completo nuevamente. Recuerdo que el primer libro que me pusieron a leer fue La cabaña del tío Tom. Nunca lo terminé, pero después mi padre me puso a leer un Nuevo Testamento.
Venimos de abajo, profesor. Pasé por la sastrería, aprendí a pegar botones, hacer ruedos, y trabajé con mi padre en construcción. No estudié con libros propios, los libros eran prestados. Cuando construyeron una biblioteca en mi pueblo, fue un gran avance.
Luego, mi familia migró a Santo Domingo. Mi padre decidió vender todo lo que teníamos y asociarse con mi tío Milcíades, quien ha sido un destacado botánico en el país. Juntos construyeron una pequeña casa y nos mudamos. Mi padre se jubiló en los años 90 con un salario de aproximadamente 950 pesos. Aunque fue un sacrificio, nos inculcó la importancia de estudiar.
Hoy, cuando miro atrás y veo de dónde vengo, siento orgullo. Uno puede quejarse de la vida, pero la mejor terapia para dejar de hacerlo es recordar el camino recorrido y los obstáculos superados.
Dr. Alejandro Arvelo
En ese tránsito, profesor, ¿cuándo descubrió su vocación por la filosofía?
Mtro. William Mejía Chalas
Hay dos momentos clave. El primero, haciendo memoria, ocurrió cuando tenía entre 8 y 10 años. Recuerdo que estaba con un amigo de mi padre en una construcción y vi un vaso hecho con una botella cortada y con un asa de madera. Me impresionó tanto que exclamé mi asombro. Entonces, el señor dijo: “Mira de lo que se asombra el hijo de William”. Esa frase quedó grabada en mí.
El segundo momento fue cuando entré al seminario. Allí descubrí realmente mi vocación filosófica. Cuando salí, ya sabía que quería estudiar filosofía. Una vez, en una carta, escribí: “Amo la filosofía más que a muchas personas y cosas en esta vida, pero necesito de lo material para vivir”.
Desde que conocí la filosofía, ha sido mi gran amor, y si ha habido algún problema en esta relación, ha sido culpa mía, no de ella.
Dr. Alejandro Arvelo
Eso es, profesor, una excelente manera de cerrar esta conversación. Queda claro que con el profesor William Mejía Chalas uno podría seguir conversando indefinidamente sobre filosofía, historia y su trayectoria personal. Sin embargo, para no agotar a nuestra audiencia, me permito cerrar con una última pregunta:
¿Qué le evocan las siguientes palabras o expresiones?
- Escuela de Filosofía.
- Facultad de Humanidades.
- Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Mtro. William Mejía Chalas
Comenzaré por la última expresión: la UASD. Es, sin duda, la institución de educación superior que más ha aportado a la República Dominicana. Ha moldeado una forma de pensamiento en todas las áreas del conocimiento y ha ofrecido carreras únicas que, aunque no son rentables desde el punto de vista económico, tienen un impacto significativo en la sociedad. La UASD es comparable a un faro de luz, como el mítico Faro de Alejandría. Sin la UASD, la República Dominicana no sería la misma.
Desde el desarrollo académico hasta el apoyo social, la UASD ha sido un pilar esencial. Tiene sus defectos, como toda institución, pero su impacto es invaluable. En lo personal, la UASD es como mi “patria chiquita”. Soy dominicano, pero también soy uasdiano. Es mi espacio, mi terruño dentro de un contexto más amplio, el lugar donde siempre quiero estar.
La Facultad de Humanidades es la que más trabaja con la esencia humana. Desde la psicología, que nos ayuda a entender el cerebro humano, hasta la filosofía, que explora las grandes preguntas de la existencia; desde la historia, que nos conecta con nuestro pasado, hasta la antropología, que busca comprender nuestro origen. También están la comunicación, fundamental para transmitir ideas, y los idiomas, que amplían horizontes culturales. La Facultad de Humanidades es esencial porque aborda, desde diferentes ángulos, lo que nos hace humanos.
La Escuela de Filosofía es una cuna de amigos entrañables y un espacio donde uno crece en humanidad. Es la chispa donde se gesta la filosofía en nuestro país, tanto en términos de formación como de divulgación. Contamos con profesores destacados, galardonados con premios nacionales e internacionales, y reconocidos por su excelencia académica. La escuela es como un engranaje de reloj perfectamente sincronizado, que permite que todo funcione con precisión. Es un patrimonio único, no solo para la UASD, sino para la República Dominicana. Su historia y su legado inspiran respeto, incluso entre profesionales de otras áreas.
República Dominicana. Este país lo tiene todo. Desde climas cálidos hasta microclimas únicos; recursos naturales como oro, petróleo, bauxita, níquel, plata, y vastas reservas de agua subterránea. Pero, más allá de sus riquezas materiales, el dominicano se distingue por ser afable, amable y solidario. Aunque muchos emigran por necesidad, siempre lo hacen con el deseo de regresar.
La República Dominicana tiene un enorme potencial, pero, como decía el profesor Juan Bosch, es un país rico pobremente administrado. Si se erradicaran la corrupción y otros males, nuestro presupuesto podría ser tres veces mayor. Sin embargo, este país brinda oportunidades al que se atreve. Como rezaba un eslogan turístico: “República Dominicana lo tiene todo”.
Familia. Sin familia, no somos nadie. Es la célula fundamental de la sociedad. Si deseamos mejorar como país, debemos poner nuestros ojos en la familia. Es en la familia donde se gestan los principios, los valores morales, la educación, el amor y la sensibilidad. No hay estructura comparable a la familia. He vivido en carne propia su importancia, y puedo decir con certeza que la familia lo es todo.
La mayoría de las personas que han cometido algún tipo de delito o han estado en prisión carecen de una figura paterna, materna o, a veces, de ambas. Esto genera familias disfuncionales. Si la República Dominicana, o cualquier otro país, desea cambiar, debe poner el foco en la familia. En este sentido, quiero hacer una analogía: cuando se pierde a un padre, se es huérfano de padre; cuando se pierde a un hijo, no hay palabra para describirlo, ni desde el dolor ni desde el lenguaje. Así de única e irreemplazable es la familia.
La lectura es una contradicción fascinante: te libera, pero te encadena a ella misma. Quien aprende a leer y disfruta la lectura queda condenado a ella. Siempre estará atado a los libros, pero esa misma atadura es lo que le permite pensar diferente, comprender a los demás y dar valor a las cosas que realmente lo tienen. Si queremos cambiar el mundo, debemos enseñar y fomentar el amor por la lectura.
El intelectual tiene múltiples responsabilidades. Primero, debe seguir formándose. La formación del intelectual no termina hasta 24 horas después de su muerte. Es un proceso continuo. Segundo, debe contribuir a los cambios sociales mediante su pluma, discursos, foros, o cualquier plataforma que tenga a su alcance. Un verdadero intelectual no puede permanecer encerrado en su habitación o biblioteca. Debe salir, compartir sus ideas y tratar de incidir en la sociedad, ya sea escribiendo, criticando o aportando en su área de conocimiento.
Dr. Alejandro Arvelo
Profesor, en nombre de la Escuela de Filosofía, y especialmente de su director, el profesor Eulogio Silverio, agradecemos profundamente el tiempo que ha dedicado a este diálogo, que quedará como un importante documento para la posteridad. Este espacio es una forma de preservar las ideas y el legado de quienes han dedicado su vida a la filosofía.
Mtro. Eulogio Silverio
Antes de concluir, permítame compartir una breve anécdota sobre la profesora Gladis, quien falleció recientemente. Fue una docente ejemplar. En una ocasión, durante una huelga, decidió reponer las clases los domingos. Esa dedicación es inolvidable. Además, recuerdo un comentario que ella hizo sobre un ensayo mío en mis primeros años como estudiante. Me dijo: “Da pena que una persona que piense tan bien como usted tenga tantas faltas ortográficas. Cómprese una caligrafía y corrija eso.”
Aunque fue una crítica, la tomé como el mayor elogio que había recibido. Fue gracias a ella que entendí que pensar bien y expresarse bien van de la mano. Hoy, al recordarla, siento gratitud. Agradezco haber aprendido de ella y haber podido colaborar en su momento cuando lo necesitó.
Este diálogo no solo resalta el valor de la filosofía, la familia y la educación, sino también la importancia de reconocer a quienes nos inspiran y guían en nuestro camino. Profesor, gracias nuevamente por compartir su experiencia y sabiduría.




