Dr. Alejandro Arvelo
Lusitania Martínez es una destacada profesora de la Escuela de Filosofía que habla con vehemencia sobre el quehacer filosófico dominicano.
Es activista y teórica de la filosofía de género, y posee una obra representativa.
Reconocida académicamente tanto dentro como fuera del país.
Ha ocupado posiciones clave en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, incluyendo la dirección del Departamento de Filosofía, hoy Escuela de Filosofía, de la más antigua de la Universidad del Nuevo Mundo.
Actualmente, coordina la Cátedra Extracurricular Simone de Beauvoir, siendo pionera en introducir el pensamiento de Simone de Beauvoir y la fenomenología en nuestro país, así como la investigación cualitativa.
Es miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y es una intelectual activa fascinante.
Entre sus libros se destacan “Actitudes femeninas frente a los trabajos tradicionales de mujeres”, una investigación de campo tanto cualitativa como empírica; “Filosofía Dominicana: Pasado y Presente”; y su más reciente obra, “Historia de las Ideas Filosóficas y de Género en la República Dominicana”.
Lusitania Martínez es un modelo a seguir para muchos que hemos trazado nuestro camino en el ámbito del quehacer filosófico dominicano.
Hoy, 21 de agosto, nos encontramos en el despacho del Director de la Escuela de Filosofía, Profesor Eulogio Silverio, para continuar con uno de los proyectos de su gestión: el Archivo de la Voz de la Escuela de Filosofía más antigua del Nuevo Mundo.
Es un placer especial contar hoy con la presencia de la profesora Martínez.
Bienvenida, profesora.
Es un gusto tenerla aquí.
El profesor Silverio planea, a partir de esta entrevista, extraer ideas clave para incluir su biografía en Wikipedia, y además, destacar nuestras figuras académicas en el exterior.
Esta entrevista también formará parte del proyecto del Archivo de la Voz de la Escuela de Filosofía.
Le invitamos a que se explaye, nos hable de usted, de sus inicios, sus estudios, su vocación, su familia y, con la espontaneidad que la caracteriza, responder a cualquier pregunta que surja.
Bienvenida a este espacio, profesora Martínez.
Dr. Lusitania Martínez
—Gracias. Arrancar es siempre difícil, sobre todo cuando se trata de remontarse a la infancia, donde los recuerdos importantes suelen estar un poco difusos. Sin embargo, hay algo que quiero decir y que sea público: nací en un hogar humilde, con padres muy interesados en mi formación, aunque ellos mismos eran pobres y casi analfabetos. Mi madre, sin embargo, era una gran lectora. Su literatura no era estrictamente filosófica, pero sí contenía un trasfondo existencial.
Recuerdo que mi madre leía a José Ingenieros y poemas como Lo fatal de Rubén Darío:
“Dichoso el árbol que es apenas sensitivo…”
Esos textos denotaban una sensibilidad hacia el absurdo, la angustia y la muerte. Mi madre, aunque no podía calificarlo teóricamente, era profundamente sensible a lo que más tarde entendí como la nada y el absurdo existencial.
Desde pequeña, desarrollé una aversión a la hipocresía, la mentira y la falta de autenticidad. Este rechazo al “mirar del otro”, como diría Sartre, marcó mi vida. Exigía respeto y libertad, incluso enfrentándome a mi padre, a quien amaba profundamente. Esta experiencia se convirtió en la base de mi adhesión al existencialismo, ya en mis años de formación teórica.
Aunque fui una católica militante hasta los 18 años, buscando transformar el mundo de manera real, una profunda crisis existencial me llevó a cuestionar mi fe. Como Roquentin frente al árbol en La náusea, enfrenté la sensación de vacío y absurdidad. Comencé a investigar el origen de la vida, explorando tanto la hipótesis creacionista como el Big Bang, apoyándome en teólogos avanzados como Teilhard de Chardin y Danielou.
Cuando finalmente llegué a la universidad, ya cargaba con todas estas inquietudes. Antes de mi ingreso, pasé por el antiguo sistema de admisión del “Cuero”, logrando superar su temido examen. Sin embargo, la Revolución de Abril y el Movimiento Renovador transformaron el panorama, instaurando un modelo más accesible en la UASD.
Durante esos años, daba clases en el Liceo Manuel María Valencia, y fue ahí donde conocí a Sartre, cuyas temáticas ya habían resonado en mi vida antes de leerlo. Mi camino hacia el existencialismo fue tanto teórico como vivido, una integración de mis experiencias con las ideas que encontré en los textos.
Antes de conocer a Sartre, escuché hablar de él en 1964, justo antes de que le ofrecieran el Premio Nobel por Las palabras. Su obra llegó a mis oídos como si él fuese dueño de las mismas inquietudes que me asaltaban. En mi caso, lo primero que me sacudió no fue la igualdad, sino la libertad. Conocí a Sartre y, poco después, a Simone de Beauvoir, y todo esto me llevó a la UASD, donde buscaba fundamentos para mis preguntas esenciales.
Una de mis grandes preocupaciones era cómo sostener un fundamento ético sin la creencia en Dios. Más tarde, descubrí con Heidegger, Beauvoir y Sartre que los ateos también tienen fundamentos éticos sólidos. Esto me permitió respirar con alivio. Aprendí que, incluso en la soledad del ser en el mundo, podía ser responsable de mi libertad y de la elección de un proyecto con sentido transformador, a favor de la humanidad.
Este descubrimiento me permitió aceptar que, aunque la existencia preceda a la esencia, yo soy la creadora de mis propios valores éticos y responsable de mi vida. Comprendí que soy un ser que, en su ser, asume la responsabilidad de su propio ser.
En la universidad, conocí al profesor Juan Francisco Sánchez, quien me introdujo a Krishnamurti y a nuevas perspectivas. Más tarde, entendí la evolución de Sartre, desde El ser y la nada hasta La crítica de la razón dialéctica, donde busca la inteligibilidad de la historia y se aleja de un determinismo puramente economicista, a pesar de mantenerse dentro del marxismo. Sartre demostraba un compromiso ético con las causas de emancipación.
Fue un proceso complejo aprender sobre el marxismo sartreano y su teoría, como el hecho de que Sartre era fenomenólogo. Descubrir que la fenomenología no es ni idealista ni materialista fue para mí una alegría enorme. Comprendí que se trataba de ir a las cosas mismas, con una conciencia encarnada en el mundo. Este enfoque fenomenológico me permitió explorar cuestiones como el cogito prerreflexivo, un concepto que aún merece mayor explicación.
Dr. Alejandro Arvelo
Es evidente que esa vocación de dar, de enseñar, viene de lejos, igual que la pasión por la literatura. De hecho, en ese poema que es el último de los Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío, Lo fatal, de alguna manera uno presiente como un aire de familia con la angustia: ese ser que se ha arrojado y que tiene que detenerse frente al abismo de la muerte.
También es evidente que esa pasión por la literatura atraviesa, de alguna manera, tu obra. Porque cuando se leen tus libros, uno se da cuenta de que, aparte de una estructura argumentativa y unos razonamientos sólidos, hay también como una suerte de “ángel”. Y me llama mucho la atención esa continuidad en la pasión por el aquí y el ahora, por ese pensamiento situado que, al parecer, en tu caso tiene ya sus raíces en ese cristianismo que te inducía a transformar la realidad, pero desde el aquí y el ahora, y que aparece muy bien planteado en tu último libro. Veo, además, que lo conectas con el Sartre de La crítica de la razón dialéctica y todo eso.
Todo eso, digamos, crea la plataforma que te induce a entrar a la carrera de filosofía.
Por supuesto —y a propósito de Heidegger y la fenomenología—, se me ocurre preguntarte acerca de una pregunta que recoges de Heidegger en tu último libro: “¿Por qué tiene que haber algo y no, más bien, nada?”. Entonces, parafraseando a Jairo, yo te preguntaría: ¿por qué filosofía y no, más bien, otra cosa? O ¿por qué filosofía y no, más bien, nada?
Una muchacha joven, de una provincia cercana a Santo Domingo, que estaba en contacto con la cultura urbana de la época… ¿qué te lleva, en el hondón de tu alma, a decidir decantarte por la filosofía?
Dr. Lusitania Martínez
Yo diría que la respuesta está en mis raíces. Mi madre, a pesar de ser una mujer humilde y de pueblo, era una verdadera filósofa. Se hacía preguntas generales sobre la muerte, el amor y el sentido de la existencia. Aunque las formulaba de manera rústica, sus inquietudes reflejaban lo que Sartre llamaría “la pasión inútil del ser humano”.
Cuando llegué a la universidad, mi intención inicial era estudiar medicina. Como cristiana, visitaba a los pobres en el campo para llevarles la palabra de Cristo y soñaba con ayudarlos como médica o psiquiatra. Sin embargo, una amiga, Nayelimpia Pereira, tuvo un papel crucial en mi destino. Sin pedirme permiso, me inscribió en la carrera de Filosofía.
Cuando me enteré, lejos de molestarme, quedé fascinada. La filosofía me permitió enfrentar preguntas fundamentales, como “¿Por qué algo y no más bien la nada?”, en diálogo con las respuestas de Sartre y Heidegger. Así, encontré mi verdadera vocación.
Sartre no estaba completamente de acuerdo con algunas de las respuestas que Heidegger daba en torno a la nada. Heidegger asociaba la nada con la finitud, mientras que Sartre argumentaba que la nada debería relacionarse con la vida, la infinitud y la libertad. Para Sartre, vivimos casi infinitamente en un proceso continuo de elección y libertad como proyecto, y deseamos una vida eterna para seguir eligiendo y siendo libres.
Sartre reprocha a Heidegger no haber orientado su análisis hacia una teoría de la libertad, en lugar de considerar la finitud y la muerte como ejes centrales de su pensamiento. Para Heidegger, la muerte es el horizonte de la vida; para Sartre, en cambio, la muerte es solo un evento más. Heidegger sostiene que la muerte nos devuelve a la nada, pero Sartre argumenta que la muerte nos convierte de “nada” en “ser”, ya que tras la muerte los otros nos convierten en una esencia.
Sartre explica que, tras la muerte, los demás reinterpretan nuestra existencia: pueden ensalzarnos, distorsionar nuestro legado o degradarnos. Por ejemplo, reflexiona sobre el caso de Ángel Pichardo, de quien algunos difaman tras su muerte, olvidando su carácter emancipador y su lucha por los demás. Sartre concluye que la muerte, en lugar de aniquilarnos, nos convierte en una esencia reinterpretada por los otros. Esta discusión entre Sartre y Heidegger es profundamente interesante.
Dr. Alejandro Arvelo
En tus escritos, resaltas mucho ese ser libre que Sartre defiende: el hombre arrojado que debe enfrentarse al mundo. Pero, ¿cómo se relaciona esta libertad sartreana con la visión de la mujer en El segundo sexo de Simone de Beauvoir? Ella describe a la mujer como víctima de estructuras sociales opresivas.
Tu trayectoria en la difusión del pensamiento de Beauvoir es notable. Siempre te has reconocido como maestra de la fenomenología y de Heidegger, pero también has desarrollado un pensamiento profundamente crítico y reflexivo.
Dr. Lusitania Martínez
Esto me lleva a San Cristóbal, donde en tu juventud enfrentaste las creencias conservadoras del pueblo. En aquella época, una mujer libre en San Cristóbal era considerada “fácil”. Sin embargo Beauvoir afirma que una mujer libre es todo menos eso. En mi vida personal he demostrado que ser una mujer libre no implica promiscuidad ni superficialidad, sino dedicación, estudio y compromiso.
¿Cuál es la relación con Simone de Beauvoir y Sartre? Para empezar, Simone es mejor filósofa que Sartre. Esto quedó claro cuando, siendo jóvenes, ambos participaron en un concurso para obtener plazas como profesores. Sartre quedó en primer lugar y Simone en segundo, lo que ya era un logro notable para una mujer en los años 1920.
Simone no fue simplemente “la musa del existencialismo”, como algunos insinúan. Fue cocreadora del existencialismo. Aunque su nombre no aparezca en muchos diccionarios como tal, su obra aporta categorías fundamentales al pensamiento existencialista, como las nociones de “situación” y “libertad”. Estas ideas no solo enriquecieron la teoría de Sartre, sino que las aplicó especialmente a la situación de las mujeres.
La teoría de la libertad de Sartre sostiene que estamos “casi obligados ontológicamente” a ser libres. Simone de Beauvoir toma esta base y la amplía, mostrando cómo las mujeres, incluso en condiciones adversas, pueden y deben construir su libertad en medio de estructuras sociales opresivas.
Simone de Beauvoir sostenía que la libertad no era absoluta, como planteaba Sartre, sino que estaba condicionada por la situación. Señalaba que las circunstancias históricas y sociales de las mujeres, los negros, los judíos y otros grupos oprimidos limitaban su acceso a la libertad. Por lo tanto, argumentaba que era necesario ayudar a las mujeres a superar estas situaciones opresivas para poder liberar su libertad.
Además, Beauvoir descubrió que muchas mujeres aceptaban su condición de sumisión por mala fe, es decir, porque encontraban beneficios en esa postura. Por ello, consideraba que con estas mujeres era necesario hacer un trabajo profundo de concienciación. Para mí, es difícil hablar en detalle de El segundo sexo en tan poco tiempo. Este ensayo fue traducido a múltiples idiomas, prohibido por la Iglesia y conocido en todo el mundo. Aún hoy es una referencia fundamental para todos los feminismos.
Otra de sus obras importantes es Para qué la acción, donde Beauvoir busca desarrollar una ética existencialista fenomenológica. En este texto, intenta trasladar los planteamientos de Sartre en El ser y la nada hacia una ética práctica. Se suele decir que en El ser y la nada, Sartre expresa una preocupación por la ética, pero no llega a formularla de manera completa. Posteriormente, en Cuadernos para una moral —un texto que escribió después de El ser y la nada pero que fue publicado tras su muerte—, Sartre ofrece una ética existencialista que complementa lo que Beauvoir desarrolla en Para qué la acción y Para una moral de la ambigüedad.
Dr. Alejandro Arvelo
El tema de la idea de la “conciencia ingenua” de la mujer como libre y la formidable explicación de lo que significa ser una mujer libre en Beauvoir nos lleva a reflexionar sobre la tensión entre el famoso aforismo sartreano, “el hombre está condenado a ser libre”, y la condición situada de la mujer. Esa condición de “ser arrojado en el mundo”, como describe el existencialismo, implica también estar condicionado por las estructuras sociales.
Esta reflexión conecta con el feminismo, un tema central en tu obra y pensamiento. Tú has sido pionera en la difusión de lo que llamas “filosofía genérica” en la República Dominicana. Me gustaría que compartas con nosotros, desde una perspectiva epistemológica, hasta qué punto está justificada una filosofía genérica y cómo defines el feminismo. Además, ¿cómo se relaciona el feminismo clásico de la Ilustración y la Revolución Francesa con los feminismos radicales contemporáneos?
Dr. Lusitania Martínez
La primera pregunta sería: ¿se puede hablar de feminismo filosófico o filosofía genérica? Más que filosofía genérica, diría que podemos hablar de “filosofía y género”. Y más allá de eso, específicamente, de feminismo filosófico.
El feminismo filosófico es una corriente reciente desarrollada en España por autoras como Celia Amorós, Ana de Miguel, Amelia Valcárcel, entre otras. Esta corriente plantea que la filosofía puede ser tematizada desde la perspectiva de género y, al mismo tiempo, que el género —entendido como los roles asignados a hombres y mujeres— puede ser abordado filosóficamente. Además, sostiene que toda la historia del pensamiento filosófico está atravesada por la misoginia, el sexismo y el androcentrismo.
Si hablamos del androcentrismo filosófico, diríamos que el andro (hombre) ha monopolizado lo genéricamente humano, colocándose en el centro del filosofar. Así, los filósofos, en su mayoría, han relacionado a las mujeres con la naturaleza, relegándolas al papel de reproductoras y alejándolas del logos o razón.
El sexismo filosófico considera que, por el hecho de que las mujeres son reproductoras, son inferiores. Pensadores como Schopenhauer, por ejemplo, vinculaban al hombre con la razón y la lógica, mientras que asociaban a las mujeres con la irracionalidad y la reproducción, reforzando esta visión jerárquica.
Y entonces tenemos el legado de Aristóteles. Recuerda que Ingrid hizo su tesis sobre Aristóteles: las mujeres como receptáculos, como materia informe, mientras que el hombre es el activo, el principio formal. Todo esto lo debemos a Aristóteles y, posteriormente, a Santo Tomás de Aquino, quien redujo a las mujeres al papel de útero, una visión ya inmersa en el determinismo biológico que Simone de Beauvoir denuncia en El segundo sexo. Este determinismo atraviesa toda la historia de la filosofía, inferiorizando a la mujer y promoviendo el androcentrismo: el hombre como centro del mundo y, en consecuencia, como representante exclusivo de lo genéricamente humano.
De ahí a la misoginia, como la vemos en Schopenhauer y otros románticos, hay un solo paso. La misoginia, entendida como el desprecio hacia las mujeres, está profundamente arraigada en estos pensamientos. En el caso de Schopenhauer, sus conflictos personales, como el que tuvo con su madre, una intelectual destacada, muestran cómo la biografía influye en la filosofía que cada individuo profesa.
Dr. Alejandro Arvelo
Creo que deberíamos hacer una pausa, ya que hay temas esenciales que no podemos dejar de tocar en esta conversación. Por ejemplo, las precisiones que haces sobre el feminismo filosófico y las delimitaciones rigurosas que planteas nos invitan a abordar cuestiones de epistemología y metafilosofía que has trabajado en tus obras.
Temas como: ¿existe una filosofía latinoamericana o dominicana? ¿Cuáles serían los criterios para determinarlo? Estas preguntas son esenciales para el porvenir del desarrollo de nuestra disciplina. También podríamos hablar de tu gestión, que tantos frutos dio a la Escuela de Filosofía, así como de los planes que tienes como coordinadora de la cátedra extracurricular Simone de beauvoir. Finalmente, sería interesante conocer en qué proyectos estás trabajando actualmente y qué más podemos esperar de ti en el ámbito intelectual.
Estas cuestiones son importantes porque el profesor Silverio también ha abierto una página de discusión sobre si se puede hablar de una filosofía dominicana, de una filosofía en Dominicana, o de un quehacer filosófico dominicano. Comienzas este debate en un plano más general al plantearte la existencia de una filosofía latinoamericana, un tema que ha sido explorado por autores como Salazar Bondy, Leopoldo Zea y Ricardo Salas, entre otros.
Dr. Lusitania Martínez
En la introducción de mi último libro, planteo que la pregunta por la existencia de filosofías nacionales deriva de la gran pregunta sobre la filosofía latinoamericana. Guiada por los bandos que surgieron en torno a esta discusión, algunos afirmando y otros negando su existencia, yo me sitúo en la posición de que sí existe un pensar filosófico dominicano.
Parto de una premisa básica: los dominicanos tenemos cerebro. No somos seres descerebrados, sino una conciencia encarnada que vive procesos históricos. Desde los taínos hasta este mismo momento, donde estamos aquí reunidos realizando este evento con testigos como Mónica y Flete, hemos producido pensamiento. Estos acontecimientos significativos se dotan de sentido según los proyectos que cada uno de nosotros desarrolla.
Como seres situados y lanzados a nuestra historia, los dominicanos hemos generado pensamientos concretos que se han materializado en proyectos emancipadores o en acciones contrarias a nuestra identidad nacional. ¿Qué significa pensar en nuestra dominicanidad? Es un pensar asentado en disciplinas como la sociología, la filosofía y la literatura, así como en la interacción de los sexos y en el pensamiento genérico.
Cuando los historiadores de la filosofía estén listos, podrán buscar con inteligencia un hilo conductor que caracterice esta práctica y este pensamiento. Este hilo debe partir de nuestra conciencia situada, que comienza con los taínos y llega hasta nosotros, pasando por figuras como Alvelo, Edison, Flete, Lusitania, Ingrid, y los que vendrán después.
El objetivo será identificar qué elementos de nuestro pensamiento son emancipadores y deben ser preservados, y cuáles deben ser rechazados. Esto es una muestra del pensamiento dominicano, un legado colectivo que refleja nuestra historia y nuestra identidad.
Es lamentable que un pensamiento como el de José Mármol, o como el de Federico García Godoy, no sea exhaustivamente estudiado junto con el de figuras como Nervio, Leonardo, Francisco Acosta, y Pérez Francisco. Avelino, por ejemplo, tiene una visión original de Kant. Desde mi perspectiva, Mabel aporta una visión original de Avelino, mientras que la mía sintetiza las de Mabel, Avelino y Sánchez. Aunque quizás no sea completamente original, es mi propia visión.
Es una pena que este arsenal de visiones no sea profundizado y presentado junto con los pensadores trujillistas, los anteriores a Trujillo y los posteriores. Lambertus nos recordó algo esencial: la visión de los taínos también debe incluirse para presentar un pensamiento filosófico dominicano integral.
No podemos permitir que se diga que nuestra filosofía es un plagio del pensamiento europeo, porque aquí se han generado categorías nuevas. Por ejemplo, Federico García Godoy introduce un concepto único de identidad. Mella, siguiendo a Paul Ricoeur, desarrolla el concepto de identidad narrativa. Su análisis sobre el congreso extraparlamentario también resulta novedoso. Ramón Leonardo aporta ideas originales en su visión científica, y Helio también ha hecho contribuciones significativas.
Como seres situados y encarnados, podemos integrar la conciencia fáctica de nuestro acontecer como dominicanos con las elecciones de cada individuo para proponer una versión colectiva que articule los pensares sociológicos y ontológicos de nuestra nación.
Creo que has planteado un gran reto para las presentes y futuras generaciones. Si bien ya se han dado pasos importantes, como los que se desprenden de tus respuestas, queda mucho por hacer. Es fundamental acercarnos con amor y respeto al pensamiento producido en República Dominicana. Tú has dado ese primer paso al poner herramientas y textos al alcance de todos, como lo demuestras en esta obra y en la monumental Filosofía Dominicana: pasado y presente en tres tomos.
En la segunda parte de este libro, realizo una investigación en la que aplico categorías filosóficas al análisis del movimiento sufragista dominicano. Concluyo, en oposición a otras investigaciones de feministas dominicanas en el extranjero, que el feminismo posterior a la muerte de Abigail Mejía, bajo la égida de la ideología trujillista, no puede considerarse feminismo.
Desde un punto de vista filosófico, argumento que la influencia de la Ilustración tardía, la misoginia romántica, y el escolasticismo, junto con una rama maternalista del sufragismo internacional, configuraron un sufragismo dominicano moldeado por el determinismo biológico promovido por Trujillo. Este creía firmemente en el maternalismo, llegando incluso a pagar a las mujeres para que tuvieran hijos. Esto no era más que un reflejo de una visión de género basada en roles rígidos: la mujer como paridora y el hombre como proveedor.
He acuñado el concepto de “bajo grado de racionalidad filosófica” para describir este fenómeno. Debido a estas influencias, Trujillo cooptó a las feministas de la época, transformando su lucha en “trujillismo feminista”. Por tanto, ya no era feminismo en el sentido auténtico de la palabra.
Dr. Alejandro Arvelo
Y esta es la penúltima pregunta que te hago: ¿en qué medida tú sientes que —y hablo desde sus orígenes hasta el presente— la Universidad Autónoma de Santo Domingo ha contribuido a esa búsqueda de libertad, a esa difusión y promoción del pensamiento filosófico? Que es, digamos, casi la misma cosa, porque decir filosofía es decir reflexión, es decir criticidad, es decir libertad.
Muy especialmente, me refiero a esta Escuela que tú dirigiste desde finales de los años setenta hasta principios de los ochenta, cuando te marchas a México a cursar una maestría en sociología rural. Me gustaría aprovechar esa oportunidad para que nos menciones qué recuerdos te quedan de esa gestión, cómo ves a aquella muchacha de entonces, cuáles fueron sus propósitos y qué cosas quedaron de esa gestión cuando comenzaste tu trabajo como directora.
Dr. Lusitania Martínez
Cuando asumí la dirección de la Escuela a finales de los años 70, con una posterior maestría en sociología rural en México, tuve la oportunidad de liderar proyectos importantes. Recuerdo con especial gratitud los esfuerzos de Francisco Acosta y Morla. Gracias a ellos se aprobó la cátedra extracurricular Simone de Beauvoir, centrada en filosofía y género.
En ese contexto, se llevaron a cabo numerosos talleres y actividades en favor del género, incluyendo el primer y único seminario sobre Simone de Beauvoir realizado en la UASD. Esta cátedra abrió un espacio para reflexionar críticamente sobre la filosofía y su relación con el género, un legado que sigue siendo relevante hoy día.
Se inscribió Carmen de Voz, que en paz descanse. ¿Ella ya murió? Bueno, para no hablar de la muerte, creo que esto fue en una época significativa. Mis colegas del departamento fueron quienes aprobaron esto: un seminario. Además, impartí un curso sobre Sartre y Simone de Beauvoir que tomaron Julio Minaya, Orlando André, y Merengo, entre otros. Tengo buenos recuerdos de esa etapa; siempre me apoyaron mientras dirigí la escuela.
Como directora, formé por primera vez la Asociación de Estudiantes de Filosofía. En esa época, éramos pocos estudiantes de filosofía, pero logramos inscribir a más de siete, lo cual fue un gran paso. Por primera vez también salimos a las escuelas secundarias a promover la filosofía.
Fuera de mis labores como directora, me encargué de la maestría en Metodología e introduje el cualitativismo. Por primera vez incluimos técnicas cualitativas, como los grupos focales y las entrevistas cualitativas, en las humanidades y el resto de la maestría. Tuve el honor de enseñar técnicas cualitativas a Edison Minaya, un hombre con un vasto conocimiento en este campo.
En esa etapa, también enfrenté problemas con mis cuerdas vocales, aunque en ese momento no lo sabía. En fin, creo que también dirigí el posgrado.
Dr. Alejandro Arvelo
Nos has dado tanto, no solo en tu trayectoria académica e intelectual, sino también con esta entrevista que forma parte del programa del profesor Eulogio Silverio: El Archivo de la Voz de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Este encuentro abre caminos, plantea retos y señala posibles líneas de investigación para continuar el trabajo riguroso que nos has legado.
No podríamos cerrar esta conversación sin preguntarte: ¿En qué punto estás ahora? ¿Qué estás trabajando? ¿Cuáles son tus próximos proyectos intelectuales?
Dr. Lusitania Martínez
Bueno, estoy intentando escribir mis memorias, aunque probablemente no sean muchas, quizás solo una. No soy como Simone de Beauvoir, quien presentó su vida filosófica en varias obras, como La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas, Memorias de una joven formal, y otras.
Quiero hacer una memoria filosófica que refleje mi vida y mi pasión por la filosofía fenomenológica y existencialista. Aunque quisiera centrarme en Sartre y Simone de Beauvoir, también me atraen Heidegger e incluso Ricœur. Me gustaría escribir sobre cómo estas filosofías han influido en mi vida y mi pensamiento.
Es una tarea difícil. Quiero abordar conceptos como el para-sí y el en-sí, así como la mirada del otro, el para-otro y la nada, y conectarlos con mi experiencia de vida. Puedes imaginarte lo complicado que será.
Pero deseo hacerlo porque, como existencialista, nunca estoy conforme con mi vida intelectual. El existencialismo es, en esencia, insatisfacción. Este plantea la elección constante de proyectos, el ser como un devenir perpetuo hacia el futuro, siempre negándose a sí mismo.
Es lo que le diría a quienes no estén satisfechos con su producción intelectual o su vida ética: siempre hay una opción. Pueden resignarse a la inmanencia, es decir, cruzarse de brazos, o ganarse a sí mismos eligiendo un nuevo proyecto de ser, de hacer, de realización. Ese nuevo proyecto puede ser intelectual, ético o ambos, pero siempre tendrá la capacidad de renovarnos.
Si el problema es ético, una reflexión profunda y auténtica, lo que Sartre llamaría una conversión, puede dar lugar a un nuevo proyecto ético que no solo sea personal, sino que ayude a los otros. El existencialismo tiene un fundamento ético, y ese fundamento puede inspirar a quienes buscan un cambio significativo.
Dr. Alejandro Arvelo
Faltarían palabras para agradecer esta entrevista tan rica, tan plena de ideas y creatividad. Y faltarían muchas entrevistas más para agotar todo lo que tienes por decir y compartir.
Que tengas una buena tarde. En nombre del profesor Eulogio Silverio y su equipo de trabajo, te agradezco muchísimo esta comparecencia y el tiempo dedicado. Durante todo este tiempo, no has perdido ni la sonrisa, ni la frescura de tus pensamientos, ni la fuerza de tu voz. ¡Muchísimas gracias!




